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Noticiero Nacional de Televisión
Diciembre 26
19:29 2015

para Legna Rodriguez Iglesias
por la influencia de estilo a tono con su escritura

 

 

 

 

 

 

 

 

Los cubanos no tienen esperanza
ni esperan
que los norteamericanos se la consigan.
Lo que ellos tienen es delirio.
Incluso, su identidad es idílica.

También, infinita paciencia
la de esperar
que al menos los respiraderos
como las cepas de basura
que convierten en focos de recogida
-el dengue y el cólera
de su parte revolucionaria-
consigan que los camiones pasen
a recoger los restos de cada acto esperanzador.

Es decir,
de la sobredosis de delirio que colapsa las infraestructuras de turismo
se fabrican los yanquis cubanos,
motivo que añade
lo que el presentador del noticiero calla:
que los estudiantes americanos
y los del Halloween verde olivo
no entienden, se hacen un don’t clear

con estilo daiquirí y maracas rumberas
de “la nulidad de lo que son
y de su doble existencia sin espacio”.

Los cubiches cargan el agua que toman
los yumas también
todavía no se ponen de acuerdo
si la botella o el cubo
son de la misma clase
de comemierdas.

Los cubanos no toman café cubita
los americanos saben que el cubita
es muy “amargo”, pero se lo toman,
en serio.

Nuestro expreso no se mete en política.

Luego están los que aún hablan
a nombre de una revolución
que los ha convertido en desamparados
y ellos que tampoco lo saben
y se creen garantes oficiales
llevan todo el peso
de la nacionalidad más auténtica,
no viven ya, por alguna esperanza,
creen con delirio
que su conciencia está limpia
y que el gobierno obligará
a que hasta los americanos les resuelvan
esa parte del desamparo
por el que dan pena.

Los cubanos no tienen miedo
tienen el delirio de no tener miedo
y se pasan la esperanza por el Morro
de la mismísima costura
de los cambios que no existen;
a ellos les arropa vender su alma,
incluso, hasta a un grupo de vecinos
se le ocurre
la venta de un edificio en ruinas
como si hipotecar resultará
ese idéntico clon
del mismo respiradero
en cualquier otro país donde suponen
es suficiente capital
para arreglarse la sobrevida.

Los cubanos son los herederos
de un estilo de vida americano
que ellos imaginan han innovado
y se trata de esa parte donde
con solo empinar el culo
se inflan los globos de la prosperidad
y hacen que pingueros y jineteras
generales defenestrados y otros súbditos
arriben con ley de ajuste a “same ideal”
por merecimiento.

Los cubanos
no
emigran por sinceridad política
su doble existencia es el cúmulo
suficiente para instalar
esa suerte de “ventana cósmica”
donde miran con espejismo
las posibles rutas para salir
ya que entre los americanos
y sus comandantes aseres
han asegurado un regreso cargado
de todos los delirios cumplidos
que ni la hija de puta esperanza
les iría a conseguir.

Ni los chinos creen ya
en la esperanza cubana
los americanos se lo creen todo
por eso a cash o crédito
se la pagan.

Entre los cubanos y la esperanza
no hay nada
solo la culpa de desdoblar
algunas de las identidades
que nos dieron el tiempo para aprender
los idiomas con los que un pueblo viril
ni siquiera tiembla.

Los cubanoamericanos lo que somos
es la trancaguachinanga.

A cuba no voy más en vuelo chárter
voy en ferry o crucero para
ostentar
y para que se mortifiquen
las agencias cubanas de Miami.

En menos de 10 años Miami será
La Habana del futuro
con tres únicos posibles partidos comunistas.
En la capital de todos los cubanos
la cosa va en serio y sin helado Coppelia
hay que liberarla con terapia intensiva.
En cambio en la destruida javana
tendremos de todo para el consumo
por ahora nos pasamos el paquete
ya la caña a tres trozos dirá
lo pingú que somos como una aplanadora.

Demasiado americano para quedarme en La Habana
demasiado cubano para no regresar con el extranjero arriba
y que la vida pase su revista
porque todos los delirios no definen aún
de cuáles esperanzas nos haríamos creíbles.

Sobre el autor

Juan Carlos Recio

Juan Carlos Recio

Juan Carlos Recio (Santa Clara, 1968). Poeta y narrador. Su libro “El buscaluz colgado” fue Premio de la Ciudad de Santa Clara en 1990. Obtuvo también una primera mención en el Premio Julián del Casal de la UNEAC, en 1991, con su poemario inédito “Hay un hombre en la cruz”. Ha publicado, entre otros, los poemarios “Sentado en el aire” y “La pasión del ignorante”. Desde el año 2000 reside en la ciudad de Nueva York, donde edita el blog Sentado en el Aire.

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