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Nuestro hombre de la Feria del Libro de La Habana

Nuestro hombre de la Feria del Libro de La Habana

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Febrero 26
18:17 2015

Ayer tuve otra conversación recurrente, con un amigo escritor para más señas. Volví a escuchar los mismos argumentos que tantos otros me han arrojado a la cara como un pañuelo de seda: Aquello (Cuba) se está abriendo, entre otras cosas, gracias al “intercambio cultural”. Lo probaría el hecho de que en la Isla se publique a escritores exiliados, o mencionen sus obras, o les  permitan asistir obedientemente a la Feria del Libro de La Habana, o los llamen por su nombre en público, o los citen. Volví a replicar que el llamado intercambio cultural y la publicación en Cuba de libros de o sobre escritores “malditos” vienen ya caminando desde los años noventa, sobre todo a partir de la llegada de Abel Prieto al Ministerio de Cultura. Nada nuevo bajo el sol. Se trata de la misma estrategia de banalización generalizada que implementa el poder desde que “la generación de la Sierra” entró en la tercera edad, con los exiliados incrustándose como ladrillos en la fachada que levanta el neocastrismo. Normalización del cambio sin cambio, relativismo y lavado de cerebro. Más de lo mismo.

Han pasado casi veinte años, tal vez más, desde que el exministro, la UNEAC y sus peones comenzaron a implementar el cambio sin cambio en el terreno cultural, es decir, la apertura a ciertos temas y autores –sobre todo autores— antes prohibidos (o prohibitivos). En todo ese tiempo, Cuba ha seguido y sigue bajo la bota de una dictadura impresentable, camaleónica.  ¿Se requiere mayor prueba de que nada ha cambiado ni cambiará verdaderamente con esta supuesta apertura? Eso le dije a mi amigo, que fingió no entender. Porque tras el argumento de que “aquello” se está abriendo, entre otras causas gracias al famoso “intercambio”, en realidad subyace un mecanismo justificativo a través del cual los artistas y escritores exiliados se dejan usar por el oficialismo “con la conciencia tranquila”. Y es humano. La gente necesita justificarse. En Cuba el dinero y las instituciones están en manos del castrismo y solo a través de ellos –piensan erróneamente mi amigo y muchos de sus colegas– es posible ser reconocido. ¿Y quién no necesita serlo? Hasta los animales. Hasta los perros. Acaricie usted a un perro y verá en su mirada agradecida los efectos del amaestramiento solícito. Mire como mueve la cola. No hay que asombrarse, ni indignarse, ni predisponerse contra nadie. Está en la naturaleza del mamífero.

Intenté, por enésima vez, explicarle a mi amigo que solo apostándole masivamente a la cultura independiente, apoyando a, e intercambiando con, los sujetos culturales de la sociedad civil –que cada vez son más numerosos allí–, podremos contribuir a la liberación de Cuba. Que mientras sigamos entrando por el aro de las instituciones oficiales, por muy amables que parezcan sus representantes, por muy solícitos que se muestren con nosotros o ante nuestra obra, seguiremos alimentando al camaleón del poder. Que lo probaba el hecho de que tras dos décadas de jugar con la cadena cultural los cubanos siguieran encadenados por el mono (tanto los de Cuba como los que necesitan que se les reconozca en Cuba). Pero él ya no me escuchaba. Continuaba enumerando “razones”. En eso entró a la habitación su perro y descubrí, en la respetable mirada del animal, lo que tantas veces había intuido en la de su amo. Inmediatamente, sin solución de continuidad, la mascota defecó sobre la alfombra que encuadraba el centro de mesa, a escasos metros de donde conversábamos (es un decir). Ella también se cagaba en lo que yo decía.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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