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Nuestros ojos nos traicionan

Nuestros ojos nos traicionan

enero 22
15:50 2013

0 EXPERTOEn una probable pelea, intentar adivinar las intenciones o el ataque inminente de nuestro adversario vigilando su rostro, o más precisamente, sus ojos, es un error instintivo que hay que entrenarse en no cometer.

Nuestros ojos, a pesar de ser los órganos de más rápida recepción del entorno que nos rodea, son demasiado lentos en permitir organizarnos lo mejor posible para esperar un determinado ataque inminente de un adversario ya definido. Tenga en cuenta la desventaja que representa su muy probable impericia en enfrentamientos físicos sumada a la impredecible acción que acometerá el adversario.   Entre el tiempo en que  sus inexpertos ojos captan la inminencia del ataque, envían la información al cerebro y éste dicta una respuesta física para ese agresivo estímulo… ha perdido unos instantes preciosos, que pueden ser toda la diferencia en la mejor defensa posible o el resultado final sobre su seguridad. La velocidad de toda esta acción y reacción no pasa de microsegundos, pero muchas veces hace demasiado lenta una respuesta apropiada de defensa ante lo que nos viene encima.

La mejor medida a tomar

Nuestra recomendación se basa en dos pasos imprescindibles:

Primero, mantener la distancia entre el sujeto agresor y nosotros, lo suficiente como para con nuestra mirada poder distinguir sus brazos y piernas.

Y segundo, no mirar hacia su rostro. Concentre su mirada en el pecho del posible agresor.

Esto tiene un doble efecto. Primero, le permite a usted estar alerta ante las acciones de lo que realmente dispone ese adversario para hacerle daño: sus brazos y piernas. Y segundo, le provoca al adversario cierto desconcierto. Ha perdido contacto con sus ojos, por medio de los cuales en buena medida pretendía intimidarlo. Eso, en alguna manera, perturba y disminuye su capacidad agresiva.

No podemos evitar oírle, pero sí podemos evitar una expresión facial y mirada que nos distraiga, intimide o impida actuar con tiempo.

Recuerde, lo que tenemos que vigilar a esa distancia son sus brazos y piernas. Con esas extremidades es con las que él actuaría para hacernos daño.  Parece una verdad de Perogrullo, pero si reflexiona sobre algún problema de peligro físico por agresión que haya sufrido en el pasado, le asombrará descubrir que lo que menos estaba observando era precisamente con qué el agresor pretendía agredirlo, concentrado como estaba en su expresión facial.

Haga ejercicios mentales donde se observe a usted mismo en la situación antes descrita. Y véase a sí mismo vigilando no al rostro del adversario, sino su pecho. Esta práctica le permitirá ir formando lentamente un reflejo adecuado. Tenga en cuenta que tendrá que ir conformándose lentamente frente a un instinto que tiene usted bien configurado en sus reflejos.

Mas, siempre, el mejor consejo posible:

Evite este tipo de enfrentamiento. Una retirada a tiempo siempre es la más favorable victoria. Uno debe aprender a defenderse para no estar del todo inerme, pero no para no tratar de evitar un conflicto.

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