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Nueve días históricos o la alegría de Cuba

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Nueve días históricos o la alegría de Cuba

Presentación del libro en el VII Festival Vista de Miami

Nueve días históricos o la alegría de Cuba
enero 18
02:59 2018

La piedra en el camino. Los nueve días en que murió Fidel Castro. Tal es el axiomático título del popular volumen, publicado el pasado noviembre, en su Colección Testimonios, por Neo Club Ediciones, y presentado al mes siguiente en el Festival Vista de Arte y Literatura.

Dividido en «Introducción», 9 capítulos y «A manera de Epílogo», el libro de 193 páginas (leídas y disfrutadas de un tirón, por emplear un lugar común pero justo) evoca/rememora, con artículos, declaraciones, opiniones (tomadas de Facebook), crónicas, e-mails y caricaturas, la festiva jornada que durante más de una semana protagonizamos miles de exiliados cubanos en La Pequeña Habana y otras ciudades de este ámbito que, desde los ‘60s, constituye el núcleo central del exilio de la Isla en La Florida y EUA.

Con un certero epígrafe —reproducido de un cartel que se exhibiera durante las celebraciones del histórico 30 de noviembre de 2016, fecha que nunca olvidaremos quienes sufrimos el mayor cáncer dictatorial en Latinoamérica: «Si no has vivido nuestro dolor / no puedes juzgar nuestra alegría»—, el singular vademécum reúne «la estrambótica serie de hechos ocurridos en torno a una muerte largamente esperada por el pueblo cubano […] abarca los días comprendidos entre el sábado 26 de noviembre y el domingo 4 de diciembre de 2016», en una suerte «de alter ego del pueblo cubano, que a menudo, en clave humorística, “narra” la cronología recopilada, tal bien afirma en la precisa «Introducción» su compilador y editor Armando Añel, quien es, además, narrador y ensayista.

Cierto: como también afirma Añel en «Contexto», tras conocer la tan ansiada muerte del canalla, ya en la medianoche del sábado 26, «La Pequeña Habana comenzó a recibir las primeras oleadas espontáneas de automóviles […] celebrando a todo volumen el fallecimiento del dictador».

Esa noche/madrugada que siempre recordaremos, muy pocos residentes de las mencionadas zonas durmieron, lo que solo harían escasamente el domingo, porque el jubileo continuaría.

Y era lógico, pues el despreciable asesino y cobarde que nunca luchó en una batalla, tal afirmaran muchos de sus antiguos compañeros, luego enemigos y, desde los ‘60s, residentes en Miami, pues apenas mostró su callada filiación comunista, lo abandonaron y lucharon contra él.

Vista parcial de la presentación del libro en el VII Festival Vista de Miami, con Juan Antonio Blanco, Karen Caballero, Adrián Morales, Lilo Vilaplana, Alfredo Pong, Aristides Pumariega, Rebeca Ulloa y Juan Manuel Cao. Foto de Nilo Julián González Preval

Entre otros valiosos artículos, descuella «Adiós al brutal Big Brother», de Carlos Eire, que inicia el primer capítulo, donde devela el mito creado por el mal llamado Fidel, cuya traducción latina proviene de Fidelis, «fiel, digno de fe», derivado de fides, fe.

Y es que denominar Fidel, fiel y/o digno de fe a El mayor farsante del mundo (sic. John Synge) y gran embaucador que Borges de haber podido, lo habría incluido en su antológica Historia universal de la infamia, fue el peor nombre escogido por su padre, un bruto gallego y su madre, pues el otro hijo, Raúl («La China», como aun lo llaman los gays en la Isla) es hijo de la progenitora Lina y un empleado con facciones asiáticas del cornudo terrateniente, cuyo nombre recordar no quiero.

Eire destaca 13 brutales hechos que debían grabarse en la piedra donde, supuestamente, se guardan los restos del miserable. Leamos al menos 7 de los mucho más de los 13 señalados por Eire:

  1. Convirtió a Cuba en una colonia de la Unión Soviética y casi causó un holocausto nuclear.
  2. Patrocinó el terrorismo donde pudo y se alió con muchos de los peores dictadores de la Tierra.
  3. Fue responsable de tantas ejecuciones y desapariciones en Cuba que es difícil calcular un número preciso.
  4. No toleró discrepancia alguna y construyó campos de concentración, que llenó al máximo, a un ritmo sin precedentes. Encarceló un porcentaje mayor de su propio pueblo que la mayoría de los demás dictadores modernos, entre ellos, Stalin.
  5. Aprobó y promovió la práctica de la tortura y de los asesinatos extrajudiciales.
  6. Persiguió a los homosexuales e intentó erradicar la religión.
  7. Convirtió a Cuba en un laberinto de ruinas y estableció una sociedad de apartheid en que millones de visitantes gozaron de derechos y privilegios vedados al pueblo.

«Las promesas incumplidas de Fidel Castro», del destacado narrador y periodista Amir Valle, residente en Alemania, es otro texto de valía que resalta en el amplio y variopinto conjunto.

Dividido en cuatro acápites («Fidel y el miedo a la profanación», «Fidel deja una Cuba “peor”», «Para Fidel, su Cuba es perfecta» y «Condenadme, la Historia me absolverá», comienza su texto de esta suerte:

Ya no importa que haya sido amado por millones de personas que lo veían como el último adalid de la lucha por un mundo mejor. No importa que otros muchos millones lo hayan odiado por su demagogia, su camaleonismo político y su poder absoluto sobre una isla que consideró su finca privada. Importa que haya muerto, y que el pueblo cubano, a quien Fidel prometió un futuro luminoso, sigue sin ver cumplidas ninguna de las promesas de su líder, un hombre al que se llegó a considerar el Mesías de los cubanos y de los pobres del mundo.

Más adelante recuerda que su médico de cabecera Eugenio Selman-Husein comentaría entre amigos el horror del sátrapa de ser embalsamado, y que cayera la Revolución y sus enemigos se dieran el gusto de profanar su cuerpo, entre otros instantes que retratan al verdugo.

Otras breves y contundentes páginas son las del periodista Luis Leonel León en su crónica publicada en Diario Las Américas: «Nunca fue tan real la frase ‘Abajo Fidel’», donde precisa:

[…] fue un dictador, un déspota, un asesino vestido de Robin Hood, el responsable de la muerte de miles de balseros, el que ordenó fusilamientos y separó familias que siguen fracturadas […] ¿O acaso no fue Fidel Castro para los cubanos lo que fue Hitler para los judíos?

Y concluirá con esta contundente diatriba contra el por fortuna mil veces muerto:

Sus discursos se basaron en fingimientos, en ataques al “imperialismo”, a cualquiera de sus contrarios, y en promesas que jamás cumplió. Ilusiones que sembró, maliciosamente, en las mentes de varias generaciones que morían sin ver sus sueños hechos realidad. Solo les dejó una pesadilla de la que aun muchos no podrán escapar.

En «Declaraciones», aparecen firmas de relieve, como las del temido por muchos y preferido por otros Presidente Donald Trump, de quien transcribo dos fragmentos: el primero por su denuncia del castrismo:

Hoy, el mundo marca el paso de un dictador brutal que oprimió a su propia gente por casi seis décadas. El legado de Fidel Castro es el de pelotones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y negación de los derechos humanos fundamentales.

Y el segundo, por su compromiso con nuestro pueblo:

Aunque las tragedias, muertes y dolores causados por Fidel Castro no pueden ser borrados, nuestra administración hará todo lo posible para asegurar que los cubanos puedan finalmente comenzar su viaje hacia la prosperidad y la libertad.

Son asimismo relevantes las declaraciones del vicepresidente Mike Pence, Lincoln y Mario Díaz-Balart, Ileana Ros-Lethinen, Carlos Curbelo, Juan Manuel Cao y Carlos Alberto Montaner, quien, siempre definitorio, precisará: «Castro deja un país mucho peor del que lo recibió como un héroe. La historia lo condenará. Es cuestión de tiempo». Y Pablo Jesus Socorro, quien con humor y cubanisima ironía, trazó lo siguiente frase lapidaria:

Lenin dejó 56 tomos de sus Obras Completas; Carlos Marx, Mao Tse-Tung, Kim Il-Sung, también dejaron plasmadas sus teorías científicas en tomos y tomos. La mejor obra filosófica del que se fue es la Libreta de Abastecimiento.

Otro momento de interés resulta «El significado de la muerte según los fugados», del propio Luis Leonel León, quien reproduce opiniones vertidas por destacados escritores y artistas exiliados en varias ciudades de Occidente, como, entre otros, el dramaturgo Iván Acosta (Manhattan), el escritor y pintor Juan Abreu (Barcelona), el dramaturgo Joel Cano (París), la poeta Janisset Rivero y el músico Jorge Arronte (Miami).

En «Muerto el dictador, ¿tiene futuro su dictadura?», Juan Antonio Blanco —director ejecutivo de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba— realiza un breve pero sustancial análisis a partir de tres preguntas y sus posibles respuestas.

Antonio Ramos Zúñiga propone dos importantes artículos: «Fidel Castro muerto: legado y contralegado» y «¿Quién inventó a Fidel Castro», donde realiza una vivisección del tirano enajenado y de la Isla bajo su bota, pasando por etapas complejas y casi imposibles, como todas las décadas de la maldita Revolución, cuando la antes fecunda y desarrollada Cuba devendría el enorme desastre que deslumbra a turistas (ilusos tontos) que la visitan ansiosos de playa, ron y sexo.

El poeta, narrador y ensayista Manuel Gayol Mecías aporta otro texto a tener en cuenta en «Fidel ha muerto (o la historia de Facundo “Sombra”)», donde a partir de la muerte del dictador reanaliza Las palabras y los muertos, novela de Amir Valle, laureada con el Premio Internacional “Mario Vargas Llosa”.

Plausible idea de Añel al añadir esta sólida crítica literaria en un libro testimonial, con no poco de periodismo y análisis, toda vez que asume un hecho esperado por todo un país.

Carlos Alberto Montaner, armado como siempre de dos de sus rasgos estilísticos, ironía y precisión, ofrece «Todo lo que no se puede preguntar en Cuba tras el entierro de Fidel Castro», atractivo texto que genera ideas y expectativas en el lector al valerse de preguntas, recurso más utilizado en la poesía, justamente para provocar reflexiones.

Resalto las caricaturas complementarias por su vínculo con los textos, debidas a los destacados dibujantes Arístides Pumariega (Aristide), Omar Santana, Gustavo Rodríguez (Garrincha), Alfredo Pong (Pong) y Leyser Martínez (Ley).

Creo, finalmente, que La piedra en el camino. Los nueve días en que murió Fidel Castro resulta un título a tener en cuenta por lectores cubanos, latinoamericanos y de otros ámbitos, en tanto les permite conocer el verdadero carácter del malévolo Fidel Castro, que ya no será una piedra en el camino de los nacidos en la Isla:

https://www.amazon.com/piedra-camino-nueve-Castro-Spanish/dp/1979350027

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Sobre el autor

Waldo González López

Waldo González López

Poeta, ensayista, crítico teatral y literario, periodista cultural, es graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios, 6 libros de ensayo y crítica literaria, diversas antologías de poesía, décima y teatro, desde su arribo a Miami (2011) ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor del 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012, colabora con las webs teatroenmiami.com (Miami), Encuentro de la Cultura Cubana (España), Palabra Abierta (California), el Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), el blog Gaspar El Lugareño, la revista bimestral y digital Otro Lunes y la digital y en formato de papel Baquiana, por cuyas Ediciones Baquiana publicó en 2015, y en su Colección Poesía, su antología “Trazo estos signos en la arena”.

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