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Obama, el presidente por acción afirmativa

Obama, el presidente por acción afirmativa

febrero 03
16:32 2012

1-11_abarack_obamaDentro de unos años, los historiadores podrían considerar las elecciones presidenciales de 2008 en las que resultó electo Barack Obama como un evento inescrutable e inquietante, un fenómeno desconcertante de histeria de masas semejante tal vez a las cacerías de brujas de la Edad Media. ¿Cómo es –se preguntarán– que un hombre tan desprovisto de logros profesionales fascinó a tantos que llegaron a pensar que podría manejar la mayor economía del mundo, dirigir el poderío militar más poderoso y ejecutar el trabajo más importante del planeta?

Imaginemos a un futuro historiador que examine la vida de Obama antes de llegar a la presidencia: presentado e introducido en la Ivy League* a pesar de sus calificaciones y resultados anodinos; un cómodo “empleo” como “organizador comunitario”; una breve carrera como legislador estatal carente de resultados legislativos (y de hecho casi desprovisto de atención); y finalmente, un único término sin concluir en el Senado de los Estados Unidos, durante la totalidad del cual se dedicó a sus ambiciones presidenciales. Tampoco dejó legado alguno en el ámbito académico ni fue autor de legislación alguna como senador.

Y luego está el asunto de sus asociaciones preocupantes: el odio al blanco y a Estados Unidos del predicador que durante décadas sirvió como “mentor espiritual” de Obama; y un terrorista real que fue su compañero y padrino político. Es fácil imaginar a ese futuro historiador preguntándose: ¿Cómo rayos un hombre así fue elegido presidente?

Sin esperar por la historia, el incomparable Norman Podhoretz abordó la cuestión recientemente en The Wall Street Journal:

“Sin duda, ningún candidato blanco que hubiera tenido una relación estrecha con un enemigo declarado de Estados Unidos como Jeremiah Wright, y un terrorista no arrepentido como Bill Ayers, habría durado un solo día. Pero debido a que Obama era negro, y por haber compartido con manifestantes contra algunas injusticias en este país (incluso habiendo sido un poco extremistas), a los ojos de los liberales todo le era permitido. Así que se le dejó pasar. Pensémoslo bien: A causa del color de su piel, a Obama se le bajó la barra para que pudiera saltarla”.

Podhoretz continúa:

“Y en cualquier caso, ¿qué importa esa historia cuando era tan elocuente y elegante, y (como él mismo había dicho) “no amenazante”? Así que se le dio la oportunidad de luchar para convertirse en el primer presidente negro y así terminar con la maldición del racismo”.

Podhoretz señala que la explicación del “fenómeno Obama” fue la acción afirmativa. No en el sentido jurídico, por supuesto. Pero, ciertamente, en el sentimiento motivador de todas las leyes y reglamentos de acción afirmativa, diseñados principalmente para hacer a los blancos, especialmente a los liberales blancos, sentirse bien consigo mismos.

Lamentablemente, a menudo las minorías sufren por las mismas acciones por las que los blancos se dan palmaditas en la espalda. Los liberales admiten habitualmente en las escuelas a personas no calificadas sólo por pertenecer a minorías, sin hacerse responsables por los inevitables malos resultados y altas tasas de deserción que esto implica. A los liberales no les importa si estos estudiantes de grupos minoritarios fracasan, ellos no están presentes a la hora de  presenciar la devastación emocional y la mengua de la autoestima como resultado de esa política racista que es la acción afirmativa. Sí, racista.

Calificar por normas según el color de la piel –que es lo que es en pocas palabras la acción afirmativa–, si no es racismo no es nada. Y es lo que Estados Unidos hizo a Obama.

Cierto que el propio Obama no estaba preocupado por su falta de logros, pero, ¿por qué? Como muchos han señalado, a Obama se le dijo que era lo suficientemente bueno para la Universidad de Columbia a pesar de sus calificaciones mediocres en la Occidental; se le dijo que era suficientemente bueno para el Senado de los Estados Unidos a pesar de su historial mediocre en Illinois; se le dijo que era lo suficientemente bueno para ser presidente a pesar de su récord nulo en el Senado. Durante toda su vida, en cada paso del camino, se le dijo a Obama que era lo suficientemente bueno para el próximo, a pesar de una amplia evidencia en sentido contrario. ¿Qué podía producir esto si no la suerte de narcisismo vacío que muestra Obama cada vez que habla?

En 2008, muchos de los que concedieron que carecía de calificaciones ejecutivas quedaron entusiasmados con sus habilidades oratorias, su intelecto y su carácter ecuánime. Esas personas –que incluye a conservadores– ahora deberían estar profundamente avergonzadas. El hombre piensa y habla en clichés obsoletos, y eso cuando tiene el teleprompter delante, porque cuando el apuntador está ausente apenase puede pensar o hablar. Ni una sola una idea original ha salido de su boca, todo es marxismo recalentado, de la clase que ha fracasado una y otra vez durante 100 años.

¿Y qué hay acerca de su carácter? Obama culpa constantemente a cualquiera de sus problemas. Bush lo hizo: tuve mala suerte, yo heredé este lío. Es vergonzoso ver a un presidente tan dispuesto a anunciar su propia impotencia, tan a gusto con su propia incompetencia. Pero realmente, ¿qué íbamos a esperar? El hombre nunca ha sido responsable de nada, así que, ¿cómo podemos esperar que actúe de manera responsable?

En pocas palabras: nuestro presidente es un hombre pequeño y mediocre, sin el temperamento ni el intelecto para manejar su trabajo.

Cuando usted entienda eso, y sólo cuando lo entienda, comprenderá que tiene sentido la actual erosión de la libertad y la prosperidad. No podría habernos ido de otra manera con tal hombre en la Oficina Oval.

Artículo traducido por Kiko Arocha. Nota del traductor: Aquí se usa el término Ivy League* en su connotación de excelencia académica, selectividad en la admisión y elitismo social. La Ivy League (Liga Ivy o Liga de la Hiedra) es una conferencia deportiva de la NCAA en la que toman parte ocho de las universidades privadas más prestigiosas del noreste de los Estados Unidos: Brown University, Columbia University, Cornell University, Dartmouth College, Harvard University, Princeton University, the University of Pennsylvania y Yale University.

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