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Ojos de Godo rojo, la voluntad en la imaginación

Ojos de Godo rojo, la voluntad en la imaginación

febrero 18
16:24 2012

1-0_ojos_deOjos de Godo rojo (Neo Club Ediciones, Miami 2012), de Manuel Gayol  Mecías, no es una novela estrictamente liberal, pero sí un alegato contra el colectivismo y la dominación del Estado. Una conciencia que expresa: ¡basta ya! Que dice No. Que duda y niega cualquier “valor” del totalitarismo y del socialismo cubano. Que impone la voluntad del poder individual sobre el poder de las masas.  

Estamos ante un relato donde la imaginación se ha transformado en voluntad, en determinación. Y es esto lo que lo hace único.

Esta es una novela que se puede titular también “Individualismo vs colectivismo”. “Ojos de Godo rojo” describe con fuerza magistral la resonancia redentora del individualismo frente al poderío del Estado y sus instituciones.  Es una novela poderosa, aplastante, porque desarticula nuestra concepción del mundo actual: la de vivir parapetados tras ideas colectivistas y altruistas. El libro nos propone afincarnos en nuestra individualidad sobre algo que es nuestro verdaderamente. Y ese algo es la imaginación.

Recuerdo una sentencia popular dicha por un amigo. Según él, Cuba es como “las 36 cámaras de Shaolin”, quien entra no sale y quien sale es un guerrero. Esa broma me trajo a colación una romántica metáfora para sondear las peripecias del fascismo estatal cubano sobre los medios individuales de la nación. Fue entonces que encontré la clave para entender la racionalidad, el sentido de “Ojos de Godo rojo”.

En el ojo del narrador, el joven Joel Merlín primero desmenuza y diagnostica cómo se articula la mente en el reino de la hipócrita burocracia comunista, y evidencia la sutileza del accionar de la maquinaria de propaganda según la cual todo es color rosa. Después, se niega a aceptar el modelo. Y en tercer lugar, pasa a crear una imagen de sí mismo, de su individualidad como libertad. Este último paso falta por completo en la literatura cubana y falta también en la realidad, porque la mente puede negar, puede no aceptar, pero si no sufre una profunda transformación, si la mente nacionalista no muere, la negación misma se convertirá en una retórica del lenguaje.

Es lo que se ve en la llamada oposición al régimen de La Habana: pura retórica del lenguaje.

Pero el joven estudiante dice No. No basta con la retórica del lenguaje. No basta con criticar y denunciar los intríngulis de la maquinaria burocrática comunista. Tengo que hacer algo conmigo mismo, cambiar la pauta de mi mente para también liberarme de esa retórica. Tengo que proclamarme un individuo. Una cima, un Everest. Tengo que “salvarme yo mismo” desde la imaginación. ¡Seré un superhombre!

Nietzsche describe la evolución de la conciencia humana en tres fases: la del camello, la del león y la del niño. Para el joven Merlín, el estado de la conciencia en Cuba es por lo general el del camello. Una masa de hombres explotada por el Estado. Merlín descubre que en él sucede la segunda etapa, la del león, un símbolo de lo individual, pero siente la necesidad de convertirse en niño.

Sólo un guerrero avanza. Un guerrero pierde el miedo al abismo. Un guerrero quiere morir para renacer. Y el joven Merlín llega a un punto en que se siente estar en el abismo absoluto, perdido sin ningún retorno. Pierde todas las esperanzas, las ilusiones, porque ha encontrado lo básico que oculta el régimen. Ha encontrado que el sistema socialista es un fracaso espiritual. El sistema ha desbaratado la integridad del ser humano. Ha soslayado que el hombre es un alma en lo individual. Y en ese fracaso no hay vuelta atrás. Para repararlo hay que dar un salto hacia delante. Hay que salirse por completo de la rueda de la mentalidad socialista.

Puede que la esperanza, seguir esperando, se mantengan en virtud de las prerrogativas normativas del orden económico, político y social, pero una crisis en lo espiritual es irreversible. Las esperanzas eclipsan. Y el joven Merlín llego al limbo donde todas las esperanzas se empequeñecen.

Cómo salir del laberinto, de la trampa y las garras del castrismo, es la idea esencial de esta novela. Propone la “voluntad en la imaginación” para escapar. Propone entrar en el camino de la transformación individual. Propone una ética sobre la libertad y el individuo. Propone definitivamente que todos los cubanos nos convirtamos en niños para volver a empezar.

Pero hasta aquí la novela será la voluntad bajo la imaginación. Escapa el joven Merlín, pero será en la imaginación. La realidad de que Merlín se ha escapado aún no está presente en su visión, aún no se ha hecho real.

Esta novela aparece como uno de esos clásicos que dan la bienvenida a la etapa posnacional de lo cubano. Y, desde luego, ¡que conste!

Texto leído durante la presentación de Ojos de Godo rojo, el viernes 17 de febrero de 2012 en La Otra Esquina de las Palabras

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