No se trata solamente de sustituir la ineficacia de la centralización planificada por la agilidad del modelo capitalista , y ni siquiera de eliminar los mecanismos represivos creados por el comunismo sustituyéndolos por el estado de derecho burgués y democrático –lo cual es necesario–, sino de la titánica y mucho más difícil tarea de construir un pueblo civilizado y aceptablemente solidario a partir de una azorada masa de ciudadanos incrédulos y cínicos.
El único factor de cohesión que el castrismo ha dejado vigente en Cuba es el miedo al Estado, y el único generador de obediencia que existe en el país es el temor a las fuerzas represivas, o sea, exactamente los elementos que hacen repugnante al sistema y que hay que borrar de la faz de esa sociedad si algún día se intenta la difícil empresa de vivir en libertad y sin las crispaciones de la ira.
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