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Otras notas de exilio y literatura

Otras notas de exilio y literatura

Otras notas de exilio y literatura
marzo 10
22:25 2014

I

Desde mucho antes, cuando las referencias a la diáspora literaria eran escasas, nos inculcaban el miedo a perder el concepto que regía nuestra escritura. Servía como otra manera de controlar la impaciencia, las objeciones que ya expresábamos con toda naturalidad. ¿Tendríamos que salvarnos como personas o como escritores? ¿Era posible salvarse como ambas cosas? Y nos hablaban de Padilla y Arenas, a quienes se referían con una bien meditada compasión, como si ellos fueran ejemplo de orfandad, o de extravío. No nos era posible saber mucho de ellos, y casi nada positivo, porque nuestros funcionarios se encargaban de arreglar aquel mito de la inutilidad que resultaba abandonarlo todo. Hubo momentos en que llegamos a creerlo: nadie puede hacer literatura creíble si decide borrarse o borrar el país. Yo pienso ahora, sin que me posea ningún tipo de entusiasmo o desdén, que ese desarraigo que ellos esgrimieron (y esgrimen aún), que pudiera en algunos rozar la melancolía o la desolación, constituyen un triunfo de nuestra parte, si verdaderamente existieran. Porque significan el fracaso del propio país, mutilado y violado en su ser, el país que ellos se imaginaron y se les rompió entre las manos. Un fracaso en el que ellos se llevan la parte más risible, aferrados a un erial polvoriento y pestilente, que ya ni siquiera es país o nación o resguardo contra nada.

II

Terminamos de leer en público o de dictar conferencia, y la pregunta es invariable: ¿Cómo ha cambiado el exilio su literatura? Me imagino a tres o cuatro escritores de la isla, a quienes considero excepcionales, y me quedo sin ganas de responder. Pero ya está dicho: son excepcionales y dudo que nada les haga cambiar su unicidad. ¿Quién sabe decirlo? Yo respondo por mí. También ha de tomarse en cuenta la presión física, el sentido peculiar que tienen las fronteras de la isla. Basta salir y mirar atrás para sentir cómo la baba retórica le cuelga a uno de todas partes. Hay que saber desprenderla, lavarla. ¿Escribíamos porque no nos quedaba otro remedio? ¿Estábamos haciendo carrera literaria o buscando un sentido a nuestras vidas? Damos por seguro que a un tolerable escritor, usando el epíteto de aquel bibliotecario ciego, le basta salir de la burbuja para reconocerse al fin. Y transcribir lo que ya ningún dios o apremio territorial le puede dictar. Yo respondo por mí. Es posible contener las palabras y acariciar el arco que se tensa y aguarda la orden. Es posible elegir, imaginar el blanco y disparar al vacío, sólo para contrariar al que ya estaba por aplaudir. Se escribe lo que no podemos difuminar en actos. Nuestra literatura no depende de atmósferas, límites, conveniencias retóricas. Nadie nos ampara o representa, nadie nos tiene a flor de labios para justificar un orden. Estamos solos y somos libres.

Sobre el autor

Manuel Sosa

Manuel Sosa

Manuel Sosa (Las Villas, 1967). Músico y escritor, tiene una Licenciatura en Lengua Inglesa y ha ejercido la enseñanza. Entre sus libros publicados figuran “Utopías del Reino” (1992), “Saga del tiempo inasible” (1995), “Canon” (2000) y “Una doctrina de la invisibilidad” (2008). En Cuba, fue Premio David de Poesía en 1991, Premio Nacional de la Crítica en 1993 y Premio Heredia de Ensayo en 1994. Actualmente integra el grupo musical Alejandro & The Third. Reside en Atlanta.

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3 comentarios

  1. Callejas
    Callejas marzo 14, 11:09

    Como me gustan, bueno y agudo. somos libres para escribir lo que nos venga en gana

  2. Armando Añel
    Armando Añel marzo 14, 17:25

    Excelente.

  3. Julio Benitez
    Julio Benitez marzo 16, 22:55

    Me impresiona este ensayo porque me parece verme ahí, atrapado como dice entre las babas de toda la palabrería que nos inculcaron. Aquí se hace uno a pulso y sin apoyo, tal vez como los escritores marginales y disidentes en Cuba pero lejos. Porque la babosería no se considera literatura y estar en un entorno libre nos permite, primero ser y luego ser escritores sin lastres. Eso no nos quita la condición de cubanos pero si nos permite mucho más que aquello que dejamos atrás.

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