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Otro desembarco judío prohibido en La Habana

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Otro desembarco judío prohibido en La Habana

El escritor Armando Lucas Correa

Otro desembarco judío prohibido en La Habana
febrero 27
01:17 2017

 

Cuentan que con su novela Nuestra señora de París, Víctor Hugo convenció a los parisinos sobre la necesidad de impedir la demolición de Notre Dame, patrimonio artístico de la capital francesa. No es el único caso en que la literatura ha evitado que relevantes obras o acontecimientos históricos queden sepultados en el olvido por acción de la indolencia, la vileza o la estrechez de miras.

Claro que no todos los casos han estado tan a la vista como la gran catedral gótica de París, ni todos han tenido la suerte de contar con un defensor como Víctor Hugo.

Muchísimo menos visible, aunque su peso simbólico no sea menor que el de una catedral, es la tragedia de los casi novecientos judíos que en 1939 lograron huir de la Alemania nazi en el barco S.S. Saint Louis, el cual permanecería fondeado varios días frente al puerto de La Habana, esperando inútilmente que las autoridades concedieran su aprobación para el desembarque de los refugiados.

Se trata de un acontecimiento al que, inexplicablemente, la historiografía oficial del castrismo no le ha dedicado más que algún desabrido esbozo. De modo que resulta punto menos que desconocido por las últimas generaciones de cubanos.

Y en tal dirección hay que agradecer que dos escritores contemporáneos de la Isla, Leonardo Padura y Armando Lucas Correa, hayan recreado el asunto en su narrativa de ficción, y que además ambos lo hicieran respetando las esencias históricas del hecho. Padura lo hizo en su novela Herejes, de 2013; y Correa en La niña alemana, su primera novela, con gran éxito de ventas en 2016, ahora mismo aclamada por la crítica con los elogios que son propios al best-seller.

Ninguna de las dos novelas cubren mis expectativas como lector de ficciones. Pero eso no es importante para el caso. Ciertamente, Padura y Correa disponen de tantos y tan entusiastas lectores que no creo les serviría de mucho agregar a sus listas uno como yo, chiflado por las estructuras narrativas originales y por las tramas complejas, aun cuando su complejidad se base en la revalorización inteligente (que no pícara) de lo simple o lo convencional o lo pretérito.

Me temo que desde las nieblas que lo envuelven como episodio de trascendencia histórica y como hecho vergonzoso para nuestra memoria, el caso de los refugiados judíos del S.S. Saint Louis tendrá que seguir esperando por su Víctor Hugo. Pero tampoco es el motivo por el cual lo traigo ahora a colación.

Resulta patético ver cómo este pasaje de discriminación y de retorcimiento moral, ha generado en estos días nuevas manifestaciones discriminatorias y una nueva conducta retorcida por parte del poder político en Cuba. Armando Correa, que vive en New York, estuvo de visita recientemente en La Habana, justo cuando tenía lugar la Feria del Libro. El objetivo de su viaje era donar al Centro Hebreo Sefardí de esa ciudad una serie de importantes documentos relacionados con los sucesos del buque Saint Louis, todos desconocidos e inexistentes en la Isla. Luego ocurrió que este evento sería aprovechado para improvisar una presentación pública de La niña alemana. Según declaró la presidenta del Centro Hebreo, sólo pretendían hacer público su agradecimiento a Correa.

No hace falta ser mal pensando para suponer que tal vez no fuera gratuita la casualidad de que Correa estuviese en La Habana (con ejemplares de su exitosa novela) precisamente en los días en que se celebraba la Feria Internacional del Libro. Pero como ninguna de las partes involucradas reconoce la existencia de algún otro proyecto no declarado, habrá que ceñirse a lo que han dicho.

Lo que sí parece obvio es que las autoridades del régimen -más que suficientemente mal pensadas- sospecharon algo, porque según afirmó el propio Correa en su cuenta de Facebook, se apresuraron a prohibir que su novela fuera mostrada en la Feria del Libro. Una buena pregunta, sobre todo para quienes no conocen bien la forma de actuar aberrada y demencial del régimen, sería: ¿por qué razón la prohíben si no han prohibido la novela de Padura, que también trae al presente, en clave de ficción, el caso de los refugiados judíos, y cuando incluso ambas novelas son igualmente “cuidadosas” en sus enfoques, parece que para no malhumorar a los censores cubanos?

Una respuesta lógica es que Correa vive en el exilio y además es editor en jefe de People en Español, la revista hispana de mayor circulación en Estados Unidos, lo cual le lleva tal vez a ser considerado por el régimen como un potencial enemigo, aun cuando, en rigor, el escritor no se ha comportado nunca como tal.

De cualquier manera, ya sabemos que la lógica cuenta poco a la hora de valorar actitudes del castrismo. También pudieron disponer la prohibición para restregarle en la cara al escritor (y a cualquier otro que pretendiese seguir su ejemplo) que ellos son los dueños absolutos no sólo de la Feria del Libro y de cada paja que el viento mueve en Cuba, sino incluso de su historia y su cultura, y que únicamente ellos pueden determinar lo que lee y lo que puede conocer o no la gente.

Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó como periodista para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Tiene 16 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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