Neo Club Press Miami FL

Palestina, entre Israel y el absurdo

Palestina, entre Israel y el absurdo

julio 22
22:33 2012

1-0_aaaa_arafatCon los romanos, los árabes abasidas y los turcos otomanos, hasta su desmembración en 1947, Palestina nunca gozó de autonomía o de independencia, y su pueblo nunca se identificó con su territorio. Sus habitantes se reconocían como parte de la nación árabe, y bajo el mandato británico como naturales de la Siria colonial: Palestina, Líbano, Siria, Jordania.

Los palestinos (sirios del sur), regulados bajo el arcaísmo feudo-tribal, no disponían de la coherencia suficiente para enfrentarse a las tres magnas crisis que les planteó el siglo XX: el mandato británico sobre ese territorio, el sionismo y la modernización.

El imperativo demográfico, y no la realidad política, fue lo que legitimó el reclamo sobre su oriundez, justamente cuando los judíos instauraban allí su Estado. No ha sido insólito el incidente histórico donde individuos y comunidades se han definido por sus enemigos, y esto es concretamente cierto con los palestinos, catalizados por una sociedad propiamente no-árabe como la israelí. Lo que hoy conocemos como Palestina fue articulado por la respuesta belicista árabe a la marea migratoria judía. Y ese traumático encuentro puntualizó una identidad que se cimentó simultánea a la israelí, igualmente traída de la mano internacional.

Tras la guerra de 1948 de los árabes contra los judíos, Palestina se borró como entidad geográfica y como pueblo; entre Israel, Jordania y Egipto absorbieron casi todo el territorio que les correspondía. Una parte de los palestinos se quedó en Israel y el grueso fue confinado en refugios en el Líbano y Siria. La campaña de los palestinos expatriados en favor de su derecho al retorno fue lanzada por los otrora monarcas árabes de Egipto (Faruk), Jordania (Hassan II) y Arabia Saudita (Feisal), precisamente los autores de los campos de refugiados palestinos para sus cruzadas anti-israelíes. Este credo modeló por décadas la estrategia regional al punto que nadie en el área, ni el propio Yasser Arafat, homologó el caso de estos palestinos con los judíos de Alejandría, Fez, Bagdad, Damasco o Beirut que fueron expulsados por los árabes. Así, la propaganda y la historia mística no han dejado de explotarse por ambas partes.

Con la guerra de 1967 los palestinos se desembarazaron de sus patrones árabes. Al igual que los refugiados en Líbano, Jordania y Siria (que de desheredados se convirtieron en fuerzas políticas), los de Gaza y Cisjordania se alzaron con voz propia. Fue así, paradójicamente, que la ocupación israelita reunificó nuevamente la geografía de Palestina; e insólitamente las mismas comunidades (judíos y palestinos) reiniciaron la misma lucha que sobre idéntico territorio –Palestina bajo mandato británico– emprendieron sus abuelos. Si sus padres se “egipciaron” o “jordanizaron”, las nuevas generaciones palestinas en Gaza y Cisjordania enfatizaban su filiación y rescataban sus raíces culturales, ahora que los anteriores protectores –Egipto y Jordania– yacían derrotados. Y esto fue lo que reverdeció de la noche a la mañana: la esperanza de labrarse un Estado.

Utilizados por los árabes, derrotados por los judíos y olvidados por el resto del mundo, los palestinos fueron extraídos de este marasmo por obra y gracia de Arafat, quien los independizó de sus tutores, les dotó de una infraestructura internacional y los hizo tristemente célebres como terroristas. Su disposición colectiva quedaría simbolizada en un brazo político vengador: la OLP, primero en exilio y ahora en Gaza y Cisjordania. Con la piel de un camaleón, Arafat circuló en puntillas por el nido de culebras de la política intra-árabe, espoleando a los sirios contra los jordanos, a los iraquíes contra los egipcios, y reservando un rincón para operar con evidente autonomía.

No puede subestimarse la pujanza financiera de los petro-árabes, y con ellos su causa favorita (Palestina), la más sagrada del Islam. Apuntalado por sus “hermanos islámicos” y encabezando al Tercer Mundo, Arafat tuvo la sagacidad de transustanciarse en una especie de Papa árabe, y no le fue difícil que la OLP obtuviese el reconocimiento de la ONU y de un centenar de países. Tras ensamblar una masa crítica que consolidó su liderazgo cuasi dictatorial, y la unicidad de la OLP, se las arregló para mantener bajo su puño a las mafias de activistas mediante favores y corrupción, con una ideología de simples términos y rehusando ponerse al servicio de un particular bloque árabe.

Los palestinos exiliados, organizados en cofradías parroquiales subordinadas a la dinámica intra-árabe, responden más a las culturas de su residencia local (Túnez, Líbano, Jordania, Siria), y al clima revolucionario de los sesenta que a su comarca ancestral. Durante su etapa en Jordania (1967-1971), Líbano (1972-1984), y Túnez (1984-1994), la OLP tuvo su base de apoyo y la fuente de sus guerrilleros en los refugiados, desinteresados por la suerte de Gaza o la Cisjordania, por razones de distancia y de miopía ante la realidad, mostrándose más inclinados a las soluciones maximalistas, como la de empujar a los judíos al mar.

Para ellos, que abandonaron sus viviendas en Jaffa, Haifa y Galilea, reconocer a Israel implica que sus sufrimientos y sus muertos resultaron en vano. Por eso los agitadores, los ideólogos y los guerrilleros han constituido el elemento más dinámico de su política. Es la psicología islámica negada a insertarse al progreso contemporáneo, con sus complejos de inferioridad y megalomanía, perdida en sus sueños de guerra santa. Es el imaginario calificado de absurdo por el ensayista marroquí Abdallah Larouí, de que un día el Estado de Israel va a desaparecer por arte de magia, para dar paso a otro totalmente palestino, del Jordán al Mediterráneo, con sus bolsones minoritarios de judíos y cristianos.

Compartir

Sobre el autor

Neo Club

Neo Club

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Carlos Alberto Montaner entrevista a Catalina Serrano

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Adrián Morales

Borrón y cuenta nueva

Adrián Morales

  No podemos seguir dándole brillo al pasamanos del Titanic. En la tierra que veo un sabio meteoro (puede ser un drone) extingue carbónico al tiranosaurio racionalista que se aferra

1 comentario Leer más
  José Hugo Fernández

Una trompetilla, eso es la libertad

José Hugo Fernández

  La trompetilla se fue de Cuba. Su ausencia representa para nuestra gente lo mismo que representó la retirada de los cohetes soviéticos para el régimen. De pronto, ya no

0 comentario Leer más
  Ángel Santiesteban

La Parca merodea

Ángel Santiesteban

  A la abuela se le ha hecho costumbre mantener la vigilia en las madrugadas. Espera impaciente en la oscuridad porque de todas maneras quedó ciega por la diabetes, y

0 comentario Leer más
  Nilo Julián González

Querido padre

Nilo Julián González

                si dejara de buscar el asombro de todo y del mundo si dejara de ver con sanidad con este es mi cuerpo

0 comentario Leer más
  Yosvani Oliva

Tenga cuidado la noche

Yosvani Oliva

                Ándese sobreavisada la noche tan permisora de este bufón aburrido buscando quien lo contente. Trastoca las prioridades y a quemarropa dispara estrellas

0 comentario Leer más