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Paleta de colores

Paleta de colores

Paleta de colores
enero 13
16:36 2015

El hombre despertó súbitamente a media noche, recordando su sueño. Tenía la vívida impresión de aún estar inmerso en esa inmensa paleta de colores donde no se podía distinguir forma alguna. Ni bordes, ni precipicios y aún menos las particularidades de cualquier rostro. Solo un torbellino de tonalidades diseminándose de un lado a otro. Colores imprecisos, por supuesto.

Podría, tal vez, salir de allí una apasionante historia, pero… volvió a caer rendido y ya en la mañana no recordaba nada.

No era la primera vez que sucedía. De hecho, pasaba todo el tiempo, o todas las noches, para ser precisos. Sueños que movían a la esperanza y que luego se evaporaban como si nunca hubieran acaecido. Sueños que dejaban al hombre, un modesto escritor de cuentos cortos, en la más amarga de las realidades, la de vagar huérfano de inspiración por el vasto mundo de las ideas y las letras.

Pero ese día cambiaría su suerte. A fin de cuentas, lo único que necesitaba realmente era recordar. Y como seguramente no podría hacerlo tal y como había venido aconteciendo en las últimas semanas, pues se apertrecharía con una libreta de notas comprada a bajo precio en Marshall’s, y con un lapicero de gel. Cuando se despertara en medio de la oscuridad anotaría muy rápidamente sus recuerdos y se volvería a tender en la cama hasta la llegada de la mañana o hasta que otro sueño regresara a despertarlo.

Esa noche ejercitó su mente, como siempre. Imaginó que una magnífica historia lo visitaría en la madrugada. Probablemente se presentaría como una de esas musas eternizadas por Peruzzi, con sencilla vestimenta blanca y falda de vuelos. La apresaría, metafóricamente, en cuanto apareciera. La capturaría (porque de seguro sería tan pequeña como una mariposa de Borneo) con la mano y acariciaría sus alas en busca de eterna inspiración.

Los ojos terminaron por cerrarse y en algún momento de la noche aparecieron los sueños de colores, como celando cada mensaje encriptado en el interior de las imágenes. Hicieron y deshicieron a su antojo hasta que el hombre, sabedor de la importancia de despertarse y escribir, se incorporó como un resorte en la cama y echó mano al lapicero de gel y la libreta de notas. Apuntó lo que sería un invaluable material para su próxima historia.

Cuando llegó la mañana y los pájaros del patio lo despertaron con sus silbidos melodiosos, el hombre se abalanzó sobre sus notas. Luego de unos segundos de lógica perplejidad, buscó lo apuntado en la madrugada. Tenía la vaga noción de haber alcanzado a capturar la esencia de su sueño. Y efectivamente, allí estaban las palabras arrejuntadas unas a otras. Y no eran muchas, vale decirlo.

“La mujer lo besó”.

Una simple frase casi ilegible.

“La mujer lo besó”.

Y eso fue todo.

Sobre el autor

Rafael Piñeiro López

Rafael Piñeiro López

Rafael Piñeiro López, escritor y poeta, es Doctor en Medicina por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana (1994) y Médico Cirujano por la Universidad de Chile (1998). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Además, es Diplomado en Gestión Pública y Medios de Comunicación (Universidad de Chile), Diplomado en Moral y Espiritualidad (Universidad Católica de Chile), Diplomado en Políticas: Desarrollo y Pobreza (Universidad Católica de Chile) y Diplomado en Responsabilidad Social. (Universidad Católica de Chile). Reside en Miami.

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