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Papaíto, Panchito Almácigo y el sujeto de la novela

Papaíto, Panchito Almácigo y el sujeto de la novela

mayo 13
22:13 2013

EDUARDO MESAPapaíto el Sociólogo me tiene loco, quiere ser escritor y a cada rato me trae un manuscrito. Yo le digo: “No me lo leas que yo prefiero leerlo a solas”,  pero él no cae en la trampa: “brother, se te va a olvidar, mejor te lo leo yo”, y cuando me doy cuenta Papaíto está entregado a su lectura.

Así día tras día, semana tras semana, Papaíto va hilvanando sus historias de ciencia ficción. El último legajo de Papaíto habla de Calabaza, un lugar en el planeta Esparto donde gobernaban los Cabronzotes. Papaíto arma con paciencia las tramas y sub-tramas que ponen a prueba mi estoicismo.

En el primer capítulo que declamó en mi efficiency hará unas tres semanas, narraba el momento en que los Cabronzotes se adueñaron de Calabaza,  y la crueldad de estos cuando metieron a varios Calabacitas en un máquina de moler carne, iniciando la provechosa pedagogía de “si no cuadras la caja conmigo te muelo vivo”, base y fundamento de su gobierno.

El problema es que Papaíto escribe como le da la gana, el hilo argumental y la verosimilitud del relato son, según él, majaderías. No sé si triunfará como escritor, pero llegará lejos porque es voluntarioso, no tiene sentido del ridículo y se contradice sin el menor sonrojo.

En el penúltimo capítulo de esta novela, la afiebrada imaginación de Papaíto nos cuenta que los Calabacitas aceptaron gozosos la invasión de los Cabronzotes y que dejarse moler voluntariamente en la máquina fue un alivio, una especie de pacto social-homicida-suicida.

¿Qué si le señalo la contradicción entre el primer capítulo y el penúltimo? No mi hermano, si hago eso se pone bravo conmigo y me busco tremendo lío con Papaíto el Sociólogo. A este tipo de gente no le gusta que los critiquen, te preguntan tu opinión para que tú los celebres. Si no me crees haz la prueba, critícalos y ya verás que los Cabronzotes te van a parecer un dulce.

Ahora estoy enredado con las últimas dieciséis páginas del legajo, donde un personaje llamado Victimio describe las costumbres de los Cabronzotes y su avanzada civilización caníbal; estoy tan cansado que le digo a Papaíto que sí, que está bien todo, para que se vaya y me deje dormir.

Mira que a la gente le gusta escribir, el otro día me llamó uno para que le diera mi opinión sobre su novela, le dije que me mandara un capítulo y respondió que no porque podía plagiarlo, entonces le dije que me mandara tres cuartillas pero también dijo que no porque podía plagiarlo. ¿Cómo te voy a plagiar tres cuartillas compadre? Entonces me di cuenta que el sujeto lo que quería era leerme la novela. ¡No mi amigo, si yo ya tengo bastante con Papaíto, que escribe más poemas que el Indio Naborí en los años sesenta!

Aunque mi socio Panchito Almácigo me dio la luz: “al de la novela ponlo en contacto con Papaíto y que se lean el uno al otro”. Puede que funcione la idea de Almácigo, lo malo es que quieran el juicio imparcial de un tercero y… ¡No, qué va!  Sólo de pensar en eso me pongo nervioso.

Ese Panchito Almácigo sí es una fiera, tiene una habilidad para quedar bien con la gente que si se decidiera a escribir un libro de autoayuda se haría millonario. “Optimiza tus oportunidades” podría ser el título y la gente al escuchar a Almácigo en la presentación correría por un ejemplar. Si no ha escrito ese libro es porque aún no lo estima oportuno, pero ustedes verán que en cualquier momento nos sorprende con una edición de lujo en Barnes and Noble.

Papaíto  el Sociólogo, Panchito Almácigo y el tipo de la novela quedaron en verse en un restaurante de Hialeah  para hablar de sus proyectos editoriales al compás de la Vaca Frita y la Heineken, los invité a un almuerzo literario con la secreta intención  de no asistir. Deben estar allí sin escucharse, leyendo sus escritos en voz alta, hasta que el camarero irrumpa con la cuenta en la habitual carpetica de plástico.

https://www.facebook.com/eduardo.mesa.5

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Sobre el autor

Eduardo Mesa

Eduardo Mesa

Eduardo Mesa (La Habana, 1969), escritor y activista, fue fundador de la revista Espacios y coordinó las publicaciones Justicia y Paz, Órgano Oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, y Aquí la Iglesia. En la Isla formó parte de los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium, y obtuvo los premios de poesía Ada Elba Pérez y Juan Francisco Manzano. En la actualidad colabora con las revistas Convivencia, Misceláneas de Cuba e Ideal, y edita el blog Cuba Plural. Su libro “El bronce vale” fue publicado por la Editorial Silueta. Reside en Miami.

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