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Para un acercamiento al neocastrismo

Para un acercamiento al neocastrismo

Para un acercamiento al neocastrismo
diciembre 27
03:37 2014

A fines de los años 50, a principios de los 60 y hasta los años 80 más o menos, la doctrina del castrismo que sonaba en el mundo, y en especial en América Latina, era la de la violencia armada, la toma del poder por medio de supuestas revoluciones, al menos desde la perspectiva de la dictadura castrista. Y la Revolución así se dejaba ver como el vademécum que contenía las reglas obligatorias para otorgarle el poder al pueblo. Era la seguidilla sentenciosa de “crear muchos Vietnam”; y nada de todo este contexto, guerra de guerrillas, sabotajes, invasiones a otros pueblos para pelear por ellos y defenderlos de otro enemigo, etc., era conceptualizado como terrorismo, sino como la “lucha tenaz de los pueblos por su liberación definitiva del imperialismo norteamericano”.

Recuerdo que durante la lucha revolucionaria en Cuba, entre tantas cosas, la quema de cañaverales, las bombas y petardos en los cines, en la tienda El Encanto, en La Habana, y toda acción de este tipo se justificaba políticamente desde una visión de una izquierda dura, supuestamente poseedora de la verdad porque seguía los mandatos canónicos del marxismo-leninismo para ser un revolucionario a toda costa, específicamente de Fidel Castro (que fue el promotor, o quizás uno de los grandes promotores, de toda esta violencia en América Latina), y que de alguna manera se describía como una lucha necesaria contra la dictadura de Batista y después contra el “monstruo imperialista”. Es sabido que muchos grupos guerrilleros de Latinoamérica surgieron e incluso fueron entrenados en Cuba. Un ejemplo, entre muchos, es el de las FARC de Colombia.

Pero la degradación ética, política, social y económica que ha acompañado a esta visión violenta de hacerse con el poder, junto al surgimiento y desarrollo contrario de muchas instituciones mundiales, de cómo velar cada vez más por los derechos humanos y el auge de alcanzar gobiernos democráticos (la necesidad de fortalecer el sentido de la democracia en los pueblos del mundo), ha hecho que de la lucha violenta por el poder se pasara a la lucha por el voto, en la cual se ha instaurado por parte de algunos países toda clase de mañas, y en algunos de artimañas, aunque hay que reconocer que en una primera instancia realmente han sido los pueblos los que han decidido otorgarle el poder a las izquierdas (que, en buen número, han degenerado de ser serias a ser populistas y autoritarias). Y es porque los pueblos no siempre tienen la razón, y a veces padecen las ignominias de sus propios espejismos.

Este proceso de transición, de la violencia “revolucionaria” a una especie de “democracia” pantalla (en la que siempre intentan o logran alterar las constituciones para reelegirse indefinidamente y también manipular el voto de manera invisible y hasta visible posible debido asimismo a la corrupción de las instituciones), es lo que a grosso modo puede decirse comenzó con el chavismo en Venezuela, al menos en la historia política y coetánea de Latinoamérica. Sin embargo, y aquí viene algo muy interesante, Hugo Chávez declaró públicamente en varios de sus discursos que él era un fiel discípulo de Fidel Castro, que Castro era su mentor y hasta su padre. Lo que quiere decir que aparentemente los lineamientos que el dictador cubano le inculcó respondían a un nuevo concepto de “hacerse del poder a través de las elecciones”, pero esta segunda vez (la primera fue cuando en Cuba se le aconsejó a los sandinistas que hicieran elecciones aun cuando siempre calcularon mal y el pueblo de Nicaragua en aquella etapa les viró la tortilla) se tenía ya experiencia de ese primer intento fallido, y además se contaba con otro tiempo y otras condiciones que preludiaban el triunfo fácil de Chávez en las urnas debido a lo cansado que estaban los venezolanos de tanta corrupción y miseria provenientes de los gobiernos anteriores y, en general, de la politiquería que había prevalecido siempre en ese país. Y, por supuesto, Chávez era la esperanza, lo nuevo, la proposición fresca que auguraba algo, al menos, diferente (como hoy en día, diciembre de 2014, el Partido Podemos y su líder Pablo Iglesias lo significan para España). Por esta razón, Castro, o los Castro habría que decir ahora, sabían con toda certeza que había que cambiar la estrategia para tomar el poder. De aquí que en todos los comicios que se han realizado dentro del chavismo, siempre, de alguna manera, se ha pensado (y es vox pópuli) que los intereses de Cuba están detrás de cada uno de los votos, hasta llegarse al momento de que la última elección presidencial hubo de ser impugnada no solo por la oposición, sino por toda voz pensante, al menos con dos dedos en la frente.

Volviendo a la estrategia del voto: se consigue el poder, después se va a referéndum y se cambia la Constitución. El objetivo es la reelección indefinida, como ya se está intentando. Porque en los primeros tiempos hay que apoderarse de las instituciones. Poner a los acólitos en los mandos. Garantizar el Ejército, la Seguridad del Estado, la Policía (esto en realidad es una de las primeras cosas que hay que ir haciendo), porque estos estamentos son los que pueden controlar al pueblo y a la oposición; a esta última debilitarla lo más posible con la fragmentación y tenerla bien amenazada. En fin, esto sin lugar a dudas ha estado en las directrices de los Castro en relación con Venezuela (hay que recordar que históricamente el régimen cubano ha interactuado en varios gobiernos, como lo fueron en su momento Granada, Nicaragua, Angola, entre otros).

Ah, pero ahora viene algo más interesante aún, y es que a pesar de esta estrategia política que los mismos Castro le preparan, organizan y aconsejan  a los discípulos de sus países “amigos”, Cuba no ha seguido estos pasos, sino que se ha mantenido como una férrea dictadura, que no tiene a menos fusilar, crear asesinatos oscuros, encarcelar (a cientos de disidentes), golpear (ejemplo: a las Damas de Blanco, entre muchas otras mujeres), reprimir en toda la extensión de la palabra para mantener el poder que tomaron desde hace más de 50 años mediante las armas, en una supuesta Revolución que no fue más que un gran Espejismo de dos mitos: el de “Robin Hood” y el de “David contra Goliat”, y que en poco tiempo en el poder dio a conocer su verdadera esencia, que no fue otra cosa que el robo de un país desde lo material hasta lo espiritual.

Repito, mientras todo esto de la “toma del poder por vía electoral” ha venido pasando, en estos años, en países como Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, por un lado, y por otro en Argentina y Uruguay, Chile y Brasil (aunque estos últimos cuatro países aún guardan una gran diferencia con los primeros mencionados, y entre estos cuatro, Chile y Brasil hacen una mayor diferencia), Cuba se ha mantenido como una férrea dictadura pero siempre incluida en el paquete de la “bondadosa” izquierda populista, un paquete que va de los autoritarismos duros, radicalistas y declaradamente antiimperialistas hasta una supuesta moderada democracia de izquierda, como pueden ser hasta ahora Chile, Brasil y… Uruguay y Argentina. El caso es que Cuba, que es una total y descubierta, por visible, dictadura de dos hermanos, se mantiene en este paquete. Y lo también altamente interesante es que no solo los Castro (en el poquísimo tiempo de vida que les queda), sino los acróbatas del castrismo, ya desde hace algún tiempo, se preparan para dar un salto mortal ante el oscuro abismo del capitalismo de Estado; es decir, que en estos tiempos están creando las condiciones para el nuevo castrismo —cuando ya los Castro mueran o no puedan gobernar más por su senilidad—, entonces los acróbatas intentarán insertarse en esta corriente aparentemente democrática de jugar con el voto, de hacerse los nuevos capitalistas, como los chinos o como los rusos, o cuando menos como los chavistas bolivarianos.

II

En realidad, el neocastrismo es una bufonada. Su definición es seguir siendo “burgués” sin dejar de ser “revolucionario”; o viceversa, seguir siendo “revolucionario” sin dejar de ser “burgués”. También se podría decir de esta manera: seguir siendo reaccionario sin dejar de aparentar ser revolucionario. En definitiva, ya a estas alturas de la vida histórica de Cuba, las palabras “reaccionario” y “revolucionario” puede decirse que son sinónimos. El caso es seguir teniendo el Poder, o estar dentro del Poder. Soltar un poco más la cadena sin que se nos vaya de las manos, y que la gente deje al mono o a los monos tranquilo/s. Esto es en esencia lo que acontece alrededor del neocastrismo, aunque hay que reconocer que el asunto no es tan sencillo como lo he querido decir aquí, puesto que en todo tipo de castridad, a veces, los acólitos que se encuentran dentro de la “cadena” (léase sistema castrista) complican un poco las cosas.

Buena Fe de mala fe en MiamiEl asunto es que el neocastrismo, como me dijo en algún momento mi amigo y escritor Armando Añel, “es un pantano del que no se sabe qué va a salir”, o “establece un espacio de aguas turbias”.

No obstante a la confusión y al pantano de los que habla Añel, voy a sumar mi intento por definir un tanto la posibilidad de tres clases de neocastristas. A saber:

1) El consciente, aquel que recibe órdenes, u “orientaciones”, como le llaman ellos mismos a esas órdenes a manera de un eufemismo embrutecedor, y vienen a Miami o a cualquier estado de Estados Unidos mediante el famoso “intercambio cultural”; y entran con el propósito y el afán de desestabilizar y crear una atmósfera factible al régimen. Este tipo de neocastrista es dañino, sí, pero al menos está definido y localizado, se pudiera decir. Dañan por su descaro (saben que en Cuba no puede entrar nadie así, como ellos se introducen en Estados Unidos, por obra y gracia de la Santa Democracia; y aquí —en Estados Unidos— entran para alabar a la “Revolución”, porque saben que hay libertad y que se les tiene que permitir). Realmente habría que llamarlos los conscientes oportunistas

2) Hay otra clase que, a veces, se puede filtrar,  porque es una persona buena gente e ignorante, aun cuando sea intelectual, monja, sacerdote, miembro de una ONG, un supuesto disidente, en fin, alguien que no sabe que con su alegría y aplauso a determinadas medidas que supuestamente han sido implementadas para ayudar al pueblo, al su-fri-do pue-blo-de-Cu-ba, digámoslo mejor así, con énfasis, pues creen en ellas y hacen el juego sin darse cuenta de que solo logran el papel de comportarse y servir como “tontos útiles”

3) Pero el tercer tipo es el peor de todos, aquel que es un intelectual o empresario capitalista que se atrinchera en un globo de ideas absurdas (que muy bien podrían haber tenido una buena aceptación en los primeros años de la dictadura, digamos allá por los años 60, cuando no se empezaba a dar el latrocinio). Podíamos llamarle los pacifistas cambalacheros. Y este tipo en la actualidad es el peor porque viene aquí, a Estados Unidos, o está allá, en Cuba, o se encuentra también en Europa, y en España (lo pongo así, separadamente, porque a veces Europa no es España o viceversa), y viene, repito, a promocionar los “cambios” que está haciendo Raúl Castro, y que supuestamente son cambios que poquito a poquito van a ir cambiando (valgan todas las redundancias posibles con la palabra “cambio”) la realidad de Cuba. Claro, el cambio también sería el de haber pasado de la dictadura de Fidel Castro (esencialmente la peor de las dos) a la dictadura de Raúl, que ahora que el hermano ni pincha ni corta, pues este nuevo Raúl quiere hacer el paripé de unos pequeños cambalaches, o trueques (con mucho de “truco”) para desarrollar a los afiladores de tijeras, o a los vendedores de cilantro y yerba buena.

III

Por su parte, lo dijo Mariela Castro el otro día, “que ni se piensen que vamos a hacer dejación del comunismo”. O es que esto es lo que está “orientado” decir por la superficie, en lo que se entiende como discurso oficial, y por debajo, secretamente, hacer otra cosa, si en verdad durante un año tuvieron tiempo para decirse uno a otro (Obama a Raúl y viceversa) todo lo que quisieron y les convino plantear a cada uno. ¿Es que hay túneles de palabras secretas que cuando salgan a flote expresarán realmente la realidad que se está tramando entre “Estados Unidos” y “Cuba”?

Pero a los cubanos qué les importa ya tener esperanzas si lo que necesitan urgentemente son realidades, objetividades, hechos, buenas y definitivas decisiones, y no mejoras sino sustanciales cambios: libertad de palabra, de movimiento, de ideas, de presos políticos, democracia multipartidista y respeto estricto a los derechos humanos. Necesitan verdadera educación, no adoctrinamiento; necesitan internet para informarse como todo ser pensante en esta época.

Como me comentó un amigo que el otro día le tuvo que aclarar a una persona que se encuentra dentro de la clasificación de los “tontos útiles”: “¿Pero qué significa ‘que todo salga bien’, que lo que está planteado (porque nada se ha acordado ni garantizado) se cumpla… y qué? ¿Dónde se haya el beneficio real si está claro que nada de lo que se acuerde va a significar ningún cambio en el sistema? Ya esto se ha dicho de antemano, a menos que no lo hayas escuchado; todavía ayer lo dijo Mariela Castro en una entrevista, “no piensen que esto va a significar ningún cambio en nuestro sistema, que no se pongan tan contentos”. Entonces, ¿sobre qué base se estructura el ‘diálogo’?; ¿hasta dónde va a llegar? ¿Qué beneficio tú piensas recibir de los turistas americanos?  ¿Cuál has recibido de los turistas del resto del mundo que van? ¿Qué te resuelve el embajador americano? ¿Cuál problema tú has resuelto con el jefe de la Oficina de Intereses? ¿Qué más te da cómo se llame el cargo y sus funciones? ¿Te van a subir el retiro y rebajar los precios de los productos?  ¿Van a abrir ferreterías para poder comprar materiales a precios razonables para arreglar las casas? ¿El plomero que te destupió la tupición y no sirvió va a tener motivos para trabajar mejor porque el Departamento de Estado deje o quite a Cuba de una lista, por que asista a reuniones de la OEA, el ALBA, etc.?  De todas las reuniones de ONU y sus agencias, a las que ha asistido Cuba, ¿qué mejoría te ha tocado en condiciones de vida, salud, tranquilidad, paz? Por favor, dejen ya de ser ingenuos, y no eleven la estupidez al nivel de un plato fuerte para la cena”.

¿Y cuál es el objetivo del neocastrismo? Pues, digámoslo así, lo más simple posible, aun cuando puedan darse algunas otras importantes definiciones: a mi modo de ver, primero que todo, mantenerse en el poder hasta que les llegue a los octogenarios el momento final. Después, que sus familiares queden controlando fuertemente el poder político y económico, de manera que también puedan seguir falseando la Historia (claro, aquí realmente es factible que los cubanos pudieran vivir un poquito mejor, o simplemente: mejor, pero nunca tendrán los derechos que les corresponde como seres humanos, a no ser que continúen emigrando en busca de una vida plena de derechos). Por último, los neocastristas apostarían a que en un futuro el socialismo será el sistema imperante en el mundo y ellos quedarían como verdaderos paladines, por haber creado el sistema del “capitalismo dinástico”… Y lo apuestan porque a ellos no les va ni les viene lo que sufra el prójimo, sino lo que ellos puedan succionar dentro de la corrupción que establecen, y mientras pasa el tiempo, tiempo de elecciones, constituyentes y migajas para las personas, podría ser que los neocastristas tocaran la flauta del populismo en unos cuantos pueblos más en los que se pudiera sustituir una República depreciada por la ola podrida de sus ideologías inventadas… Y ello en esencia es causado por la degeneración del capitalismo y sus instituciones republicanas… Mientras la democracia y las instituciones republicanas no se vuelvan a conceptualizar, la amenaza del neocastrismo y el populismo seguirá ganando terreno.

Sobre el autor

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías, escritor, investigador literario y periodista cubano, ganó el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1992, y en el año 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano de Nueva York. Ha publicado, entre otros libros, “Retablo de la fábula” (poesía), “Valoración múltiple sobre Andrés Bello” (investigación), “El jaguar es un sueño de ámbar” (cuentos), “Marja y el ojo del Hacedor” (novela) y “La noche del Gran Godo” (cuentos). Reside en California.

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