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Pequeña entrevista al ‘joven cantautor’ Alcides Herrera

Pequeña entrevista al ‘joven cantautor’ Alcides Herrera

Alcides Herrera visto por Delio Regueral

Pequeña entrevista al ‘joven cantautor’ Alcides Herrera
Junio 04
02:25 2017

Denis Fortún: Hola.

Alcides Herrera: Ya nos saludamos afuera; de hecho, no dijimos “hola” sino que nos dimos un abrazo. ¿Tenemos que saludarnos en la grabación?

DF: La grabadora es mía, y el casete.

AH: Hola, Denis Fortún. Uno, dos, tres: ¡saludando!

DF: ¿Por qué tus cuentos son cada vez más cortos?

AH: Porque me paso el tiempo bobeando, peleando, poniendo likes. Los cuentecitos se escriben solos. Mi vagancia es tan misteriosa como la existencia actual de los casetes, o del solo casete que existe y, ¡hola, lo tienes tú, entrevistador!

DF: ¿Cómo va la novela, que antes llamaste Junto a todos tus ríos, Babilonia, y ahora quieres llamar La gran novela americana?

AH: De hecho, aunque está menos terminada que empezada, ya “se llama” así: tuve que registrar el título porque me lo estaba goloseando de manera casi militante una escritora de la parte sur de Pekanbaru, Singapur, que conocí en un bar de la parte norte de Little Poland, Greenpoint, Brooklyn, cuyo nombre no habré de pronunciar, ya que es difícil y chivato no soy. Uno de los personajes, Pavlidis, que esta vez actúa como secundario, molesto por no ser para siempre el centro de todo, trabó la novela en una situación que se me ha ido de las manos: cuando me di cuenta, se había metido a Carmelita Descalzo en Holy Hill, Wisconsin, y de momento no quiere salir del convento ese.

DF: ¿Cómo que no quiere salir? ¿No se supone que tú lo podrías sacar de ahí si quisieras? ¿Se van a acabar las historias de fajazón entre Pavlidis y sus mujeres? ¿Alguien que ya dejó las drogas no podrá recordar, en boca de Pavlidis, la mayoría de sus nombres?

AH: ¿Qué?

DF: No, los nombres de Pavlidis no, los de las drogas.

AH: Dejemos ese tema, ¿eh? La cosa es que, cuando yo escribo largo -siempre tendido-, es como si estuviera viendo con mucho sueño una película que me gusta: me quedo dormido, despierto y le cojo el hilo a la película; me quedo dormido otra vez, despierto y ya no puedo cogerle el hilo.

DF: ¿Y por qué simplemente no te pones a leer lo que ya tienes, y así te formas una idea de lo que pudieras hacer con Pavlidis?

AH: ¿Leer todo eso de nuevo? ¿Tú eres loco? ¡Que salga él si es guapo, que me muestre el camino! Yo nunca podría ser su carcelero mientras pueda poner likes, y de veras me entretiene poner likes. Al fin y al cabo, Pavlidis está en Holy Hill y ya debe saber una pila de cosas que no sé.

DF: ¿Como cuáles?

AH: No sé.

DF: Cambiando de tema…

AH: ¿Me vas a seguir aterrorizando?

DF: Sí, supongo, ¿Cómo están los amores?

AH: Gozando y muriendo en las novelas sin acabar, los cuentos, los poemitas, las canciones iguales.

DF: No me refería a eso.

AH: ¿Esta es la entrevista de los cocopaparazzis, mi amor? Yo tengo mi novia, igual que todo el mundo que tiene novia, mientras la tiene. Le amo, estoy seguro de que me va a durar mientras dure nuestra relación (¡ja!). Pero ojalá nos dediquemos a matusalenear por los países ella y yo solitos, y así conocemos otras inculturas. Necesito querer del tal modo a una sola persona, hacer frijoles negros para siempre a una sola persona, y es ella al presente esa persona. Lo que no quita que un día de estos nos puedas visitar en las faldas del Himalaya, o que puedan visitarnos el resto de los compañeros que quiero. Claro que, tratándose de un sitio así, no podríamos armar tanto relajo.

DF: ¿Tienes muchos amigos?

AH: Mi color preferido es el rojo, periodista.

DF: ¿Pretendes molestarme? Vuelvo a preguntar, ¿tienes muchos amigos?

AH: Creo que sí. Mientras tanto, soy amigo de todos. Por cierto, me acabo de arrepentir, recordando un discurso del Dr. Fidel Castro, ese faro de América, del mundo, de otros planetas, un discurso más o menos larguísimo en que dijo, mientras la gente esperaba que se callara para poder ver de nuevo al Señorito Malta: “Soy vecino de todos”. Era muchacho y me sentí asustado como el conejo flaco, demasiado blanco de los muñequitos rusos y, hasta hoy, no se lo había dicho a amigo alguno. Sigo asustado con el vaivén de la amistad, del amor, de la hermana muerte. Entonces he de decir que soy amigo de casi todos y vecino de nadie y que solo tengo enemigos imaginarios.

DF: ¿Cómo va la música?

AH: La tengo abandonada. A cada rato compongo boberías, las grabo en el teléfono y luego las pierdo mientras pierdo el teléfono. Pronto estaré con The Drunk Birds en Organic Bites, que está al lado de Dogma, en Biscayne -si Dios quiere: primero Dios-, sitio cuya comida recomiendo orgánicamente.

DF: ¡Oh! ¿Has vuelto a comer?

AH: ¿Qué?

DF: ¡Otra vez! Que si has vuelto a comer.

AH: ¡Comer duele! Como dos días y descanso cinco de toda masticadera innecesaria. Me alimentan, en este orden, el amor puro, la vitalidad cósmica y la Pabst Blue Ribbon, que nunca me falta porque me la manda Clint Eastwood, y no me importa que nadie me crea. Claro, sin desdorar tus entrevistas, que son alimento para el espíritu (¡ja!). También podría decir que me como mi propia mente, pero estaría, como siempre, mintiendo: yo no tengo cerebro.

DF: Me consta que te han pedido que organices algo, y un par de editoriales sumamente serias en Miami y Europa se han ofrecido a publicarte. ¿Por qué no has publicado libro alguno?

AH: Para que no sigan jodiendo el Amazonas: de sus árboles viejos sacan el papel nuevo, y me apena que los yanomamis casi no tengan sombra ni libros, que no comprendan qué cosa es amor editorial. Por cierto: saben qué cosa es “reina”.

DF: Gracias, Alcides Herrera.

AH: Por nada, Denis Fortún. ¿Ya podemos beber?

DF: Bajo el cooler del carro. Pero antes tengo una última pregunta: ¿Por qué no has dicho malas palabras durante esta entrevista?

AH: No sé. ¿No llegó nunca a salirme de la pinga…?

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Sobre el autor

Denis Fortún

Denis Fortún

Denis Fortún (La Habana, 1963). Poeta y narrador. Artículos y crónicas de su autoría, con un toque humorístico sobre la cotidianeidad en Cuba y su exilio, aparecen con regularidad en bitácoras de otros autores, y en diversos ciberportales y revistas. Textos suyos han sido incluidos en antologías de narrativa y poesía en Cuba, México y Estados Unidos. En Miami, donde reside actualmente, edita el blog Fernandina de Jagua. Ha publicado el poemario “Zona desconocida”, “El libro de los Cocozapatos” (narrativa) y “Diles que no me devuelvan” (crónicas).

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