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Perro que muerde al amor

Perro que muerde al amor

Perro que muerde al amor
abril 23
18:41 2014

Amor no es una palabra hueca. Tiene que realizarse y para ello necesita un escenario y gente dispuesta a ofrecerlo. Por eso toda retórica del amor que incluya a sus sepultureros resulta, por lógica, suicida y contraproducente. Amor que cuenta con quien destruye (“patria o muerte”, “y comprendió que la guerra era la paz del futuro”, etc.) se dinamita a sí mismo. De nada vale que alimentes al perro rabioso: debes vacunarlo –reduciéndolo a la fuerza primero–, encerrarlo o sacrificarlo.  De lo contrario, tarde o temprano te morderá.

Japón y Alemania fueron ejemplos de naciones rabiosas que, como los perros que padecen esa enfermedad, debieron ser reducidas a la fuerza –apaleadas– y vacunadas. Desde entonces, hace ya más de 70 años, son países modelos de democracia, convivencia pacífica y desarrollo. Mientras se les habló de amor o se les intentó apaciguar con caricias y “comprensión”, siguieron dejando una estela de muerte y opresión a su paso. El amor debe ser correspondido, y los perros rabiosos no entienden de amor.

Lamentablemente, tras más de veinte años de mal llamado intercambio cultural entre culturosos neocastristas y exiliados cubanos –viene del ministerio de Abel Prieto—, es más que evidente que quienes han salido ganando son las instituciones de la dictadura. Los “exiliados moderados”, para llamarlos de alguna manera, han pretendido dar un ejemplo de tolerancia y apertura –vamos a aceptar eso y no que se trata de egos dependientes de las migajas del poder–, esto es, de amor, pero se han encontrado con que los culturosos no aprenden y continúan cantándole al castrismo, ignorando su carácter homicida, conviviendo con la muerte y la represión como si en Cuba no pasara nada.

De todo esto puede sacarse una conclusión evidente: Hay que cambiar de estrategia y comenzar a avergonzar y señalar a los cómplices de la cultura oficial, a los culturosos que le hacen el juego al poder por una miserable cuota de escenario, a quienes siguen fingiendo que no saben lo que pasa, y lo que ha pasado, mientras salen varias veces al año de Cuba y pueden informarse perfectamente (la llamada “reforma migratoria” agudiza aún más esta realidad). Fuera de Cuba hay Internet sin censura, radio y televisión. Pretender camuflar con la cortina  de la ignorancia lo que es en realidad abierta complacencia con el abuso y la opresión, ya no cuela.

La política del apaciguamiento, del amor, ha fracasado. Es hora de que quienes sostienen la dictadura con su relativismo e insensibilidad, paguen un precio moral.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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2 comentarios

  1. Amael
    Amael abril 23, 23:39

    Bravo! Al duro y sin careta.

  2. Armando Añel
    Armando Añel abril 24, 17:00

    mucho miedo en este exilio, miedo que mece la cuba

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