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Perspectiva existencial de la esperanza: Ojos de Godo rojo

Perspectiva existencial de la esperanza: Ojos de Godo rojo

marzo 06
16:56 2012

1-1_agayol_presentOjos de Godo rojo (Neo Club Ediciones), de Manuel Gayol Mecías, es una novela sobre el discurrir de la conciencia vista desde tres perspectivas distintas, marcadas por el tiempo, la experiencia y el conocimiento, para revelar y juzgar y replantear un hecho en particular: la denuncia al Presidente de la Empresa, Godofredo Hernández, por parte del Estudiante, Joel Merlín, de los malos manejos administrativos de Byrnes, el director; hecho que trasciende en una reflexión universal: la liberación del pensamiento de los esquemas sociales, políticos y culturales.

La novela es una puesta en escena en la cual el personaje desciende armado de valor y razones, por uno de los túneles que se han escavado en la ciudad de La Habana, para entrar en la oficina del Godo, y sale, casi a gatas, después de sufrir un ataque cardiaco como resultado de su enfrentamiento con el poder del Sempiterno, cuyo nombre no se da pero cuyo papel de dictador se representa en el cuadro repetido que mira y sabe todo lo que pasa en la Isla.

En el libro hay tres reescrituras, tres momentos de reflexión, tres perspectivas que afectan la forma como se estructura el discurso narrativo: La Habana 1992, Los Angeles 2000 y Corona 2012. Esos tres factores espacio-temporales cambian el alcance discursivo y la manera como se canaliza y se rehace el lenguaje desde cada enfoque. El personaje – actor principal, el Estudiante, está buscando siempre la palabra exacta, la más clara, la menos agresiva para defenderse contra las posibles consecuencias que su enfrentamiento contra la institución le puedan acarrear (su motor es el diálogo que termina en el monólogo de las partes); por otro lado, está Joel Merlín, quien más que personaje se presenta como el discurrir de la conciencia del  ser que está harto de su existencia, de la mentira del aparato de Estado cubano y quien devela y descubre los subterfugios de la supuesta revolución para desentrañar lo que él considera como la realidad y la verdad. La tercera perspectiva es la del autor-hacedor con su discurso contestatario que pone en tela de juicio aun los esquemas mismos del conocimiento y la cultura para plantear otra manera de percibir y ver las cosas sin las ataduras de una verdad oficial preestablecida por los elegidos o designados. El punto de vista de la narración está en manos del yo que actúa (el Estudiante), del otro-yo que piensa-juzga para lograr su liberación existencial y reivindicar su conciencia individual (Joel Merlín) y del yo-creador que mira los hechos desde la distancia y quien desde su mundo ilustrado pone en tela de juicio la conciencia colectiva basada en  principios inamovibles, para romper con los esquemas de la erudición tradicional y hallar una reinterpretación de la cultura y una revalorización ética.

Y el Estudiante puntualiza: Eso sí, siempre que se respeten los principios, como si Joel nada más hablara de principios todo el tiempo, y los principios al principio, al medio y al final…Eso es exagerado, digo, no se puede vivir en un mar de principios, porque entonces ese mar es infinito y nunca se verá la orilla, aunque los principios hacen falta, los universales, si… Oye que lo dijo el Estudiante, digo, eso de la “libertad” lo mencionó Joel, te repito: la libre expresión del pensamiento, los derechos del hombre, sí, universales, con sus treinta artículos, seguro, esa es la cuestión: ser o ser, y no otra cosa, renovación de Shakespeare a final de siglo, en la posmodernidad, y qué recontra, los principios valen, y si se exagera también valen… pero ya lo dice, lo dijo, lo propone con un tono de voz comprensivo, y no se puede echar atrás, la voz le sale natural, como si la razón fuera a convencer al Godo. (Pg.22)

El espacio cerrado, el túnel, está constantemente ocupado por la figura del Sempiterno y por la presencia espía del Godo, la Secretaria y del mismo Byrnes, quienes, más que personajes, son muecas del sistema, cargos institucionales, figurines que maneja el Aparato de Estado; ellos repiten un discurso aprendido como representaciones de la decadencia institucional. A este mundo subterráneo y claustrofóbico se le opone el sentido liberador del viaje que realiza Joel Merlín al interior de su propio miedo para descubrir el poder de su propia conciencia y establecer el contra-discurso que desestabiliza la irracionalidad gubernamental de un sistema basado en la automatización y anulación de los individuos. Está presente siempre el enfrentamiento entre la pesadilla oficial contra el sueño de poder ser. La lucha existencial de Merlín contra los demonios propios y del  Estado lo dejará al borde de la muerte, de la que renace gracias al amor por la familia, los amigos y los recuerdos de la verdadera ciudad que reivindica, una Habana llena de historias personales y particulares que la definen de otra manera:  “…Pero entonces, también de improviso, empecé a recordar los sueños, las imágenes y las incertidumbres felices: los sabores, olores y rincones de la niñez, los asombros de la adolescencia y los arrebatos de la juventud: recordé las calles y las casas de un pueblo que estaba más allá del tiempo: era aquella ciudad dorada que alguna vez se apareció en mis sueños; recordé la sensación de un desplazamiento sin tiempo y sin espacio; sensaciones ininteligibles como de muchos seres, una infinitud de seres que de alguna manera estaban en mí y sin dejar de ser ellos, fundidos en una ubicuidad inexplicable; y me di cuenta de que era el sortilegio de la imaginación, la corazonada, el sentido de que Dios y la familia, y cada uno de los amigos queridos me estaban esperando”. (Pgs 156-157)

Al desenmascarar el discurso oficial para reintegrar al ser de Joel Merlín, la conciencia del autor que racionaliza sobre los hechos en este juego de pasado-presente-futuro determina que la escritura sea un acto de libertad para apropiarse de su destino. La constante búsqueda de una razón que establezca un nuevo esquema de valores en contra de la inmovilidad del poder dictatorial, donde se pudre todo, hace que en el lenguaje caiga el peso del trabajo de reajuste, de redefinición, de revelación que separa la conciencia individual del inconciente colectivo de la cultura institucional basada en una Historia oficial y en el no ser de la revolución. A su vez, este proceso deja al personaje-autor desamparado, huérfano, despojado del entorno conocido y lo obliga a ser el extranjero en un mundo de incertidumbre en donde como ser que existe porque piensa (de su racionalización neocartesiana) debe reivindicar su propia esencia repensándose y redefiniéndose.

El cuerpo femenino adquiere connotaciones simbólicas importantes. Por un lado, está la percepción de la mujer que se ama, una belleza sin subterfugios, a partir de la cual se descubre el otro en la liberación del amor como base de un cristianismo que induce a la reflexión de lo divino como destino y, a su vez,  convierte a su esposa en el símbolo de lo sagrado, de la fuente de verdad y soporte espiritual que lo rescata existencial y emocionalmente. Por otra parte, el cuerpo de la Secretaria es un túnel que se transforma, un laberinto donde el Estudiante se pierde de sí mismo; su percepción es manipulada por el Godo, quien desacraliza la belleza poniéndola aparentemente a su servicio, cuando en el fondo no es más que una amenaza que seduce a Joel para que forme parte de la pesadilla oficial enmascarada en el helado de fresa con hongos.

La historia misma es una lectura actual de la lectura que Joel Merlín hace de la interpretación de lo que le sucede a sí mismo como personaje, el Estudiante. La serie de reflejos en el espejo, “Byrnes sabe que usted sabe que yo sé que ustedes saben”, es no sólo el planteamiento del mundo ocupado y sometido a constante espionaje, sino que incumbe al mismo hecho creativo del autor-dios que hace de su personaje el objeto de sus sueños para combatir sus propias dudas y demonios y conserva una relación dialéctica a su vez de actor-creador: de pensador que se piensa a sí mismo.

Al lograr superar los demonios que le persiguen desde el pasado, en este trabajo de juzgar la revolución desde adentro y desde afuera, como actor y como espectador de sí mismo, queda en claro el escenario de fracaso inminente y de cambio que abre el campo a la nueva incertidumbre y a la nueva interrogante acerca del ser-cubano. El miedo, la rabia, el hambre y la sed de libertad se sustituyen por un renacer de la esperanza.

La esencia de la trampa, que no logra definir el Estudiante, radica en que Joel no sabe que el Godo y Byrnes son seres que surgen del mundo del absurdo, seres regidos por el Sempiterno que continúa manteniéndose en su propio retrato de figura omnisciente, creyendo en su inmortalidad de ente detenido en el tiempo, fabricando un futuro de su pasado imaginario, que se cree poseedor divino de una  verdad inventada que ha fracasado. (Pag. 62)

El conflicto ético del personaje y la contradicción de los diferentes estados de conciencia (personaje-pensador-autor) se resuelven en la victoria contra sí mismo, contra la muerte social, moral y física a que era empujado por el sistema opresor y que sólo puede asumirse con la salida del túnel político, del discurso envolvente y repetitivo, que a su vez significa salir de la Isla para buscarse y reintegrarse en otro sitio afuera del infierno, a la luz de la determinación propia, y dejar de llevar a cuestas la costra existencial de la negación producto del engaño y del desarraigo para “encontrar la patria en uno mismo”. (Pag. 157)

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