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Pioneros por el esclavismo… hundamos a Cuba

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Pioneros por el esclavismo… hundamos a Cuba

Pioneros por el esclavismo… hundamos a Cuba
marzo 10
19:41 2016

 

Según la doctrina marxista, las mayorías necesitadas deben arrebatar los medios de producción a la minoría explotadora, dando lugar a una sociedad ideal donde no van a existir las clases sociales. Dicho de otra manera: un grupo, por el derecho que le asiste al ir detrás, debe arrebatar los recursos al que va delante. La verdad es que nunca explicaron cómo se suponía que esto ocurriera.

En Cuba, el Che Guevara, cuya presunción prevalecía sustancialmente sobre su conocimiento, se dedicó a la tarea de elaborar la versión caribeña de esta desatinada e incongruente utopía. Hoy, a más de cinco décadas, el desastre, como predijo Mises, es evidente para todos. Entre el embriague eterno de poder, la ineptitud y lo absurdo de la hipótesis, que entre otras faltas carece de núcleo pues se contradice de raíz siempre que es necesario, era imposible un resultado diferente. Pero, ¿qué realmente expresaba el afamado guerrillero en aquellos primeros momentos, cuál fue su supuesto aporte? ¿Cuáles eran sus certezas? ¿A dónde nos quería llevar?

Resultaría muy desagradable adentrarnos en aquel inflamado librito que intentaron distribuir en Cuba, a ritmo de dos por núcleo, tal vez para asegurar su descendencia, dedicado al pensamiento político del otrora multifacético personaje. Entonces, motivados por el rechazo y con la esperanza de que los ciegos, aun vendados, puedan reconocer la descabellada base teórica que impulsó a Cuba a la ruina, hagamos mejor un breve análisis de una carta-resumen que Él envió en 1965 a Carlos Quijano, director del semanario uruguayo Marcha.

Tras manifestar, con toda seguridad, que lo que viene será interesante para los lectores, se reclina en su nuevo trono y suelta: “ … esbozaré, a grandes rasgos, la historia de nuestra lucha, antes y después de la toma del poder”. Comienza entonces explicando que un pequeño grupo con una gran misión, luego de un gran esfuerzo, ha llegado para quedarse, y nadie le ha regalado ese lugar sino que –a petición del pueblo– han tenido que tomarlo.

Entonces comenta: “En enero de 1959 se estableció el gobierno revolucionario… y la presencia del Ejército Rebelde constituía la garantía del poder, factor fundamental de fuerza”. O sea, la dictadura del proletariado para los discursos y libros de textos –para todo lo demás, la dictadura del Ejército Rebelde.

He aquí uno de los ajustes críticos para la implantación de una tiranía: El control del Ejército. Tomando el camino más corto, sustituyeron el existente para colocarse ellos como el elemento de fuerza. Quedando todos subordinados a este nuevo clan en armas que, en “defensa de los humildes”, se abalanzó a imponer su voluntad y barrer con todos los estorbos. Pero, al parecer, era un mérito ganado. El Che nos comenta: “nosotros, dirigentes, sabemos que tenemos que pagar un precio por tener derecho a decir que estamos a la cabeza del pueblo”.

No es difícil advertir la principal contradicción de su incoherente sistema, error que ha acompañado la quimera socialista desde su nacimiento. La criticada división de la sociedad en clases del mundo capitalista, está también presente en el socialismo y en peor medida. Veamos un par de pasajes donde primero intenta hacernos creer que el pueblo va delante:

“El pueblo, masa dormida, y luego la vanguardia, los mejores entre los buenos, el partido, motor impulsor y generador de consciencia revolucionaria”.

Luego, es más directo y anuncia el verdadero orden, dejando escapar qué conjunto va literalmente último en esta nueva disposición de la cadena alimenticia:

“Así vamos marchando, y a la cabeza de la inmensa columna, va Fidel, después, los mejores cuadros del Partido, e inmediatamente después, va el pueblo en su conjunto”.

Además, a modo de agregar cotas a su diagrama, describe a qué distancia debe ir un estrato del otro. En cualquier caso, las mayorías forman una categoría destinadas a ser guiadas y, aunque la posibilidad de ganarse el ascenso a un escaño superior existe, nunca deben solaparse con el alto mando. Veamos como Él lo ve:

“El camino es largo y lleno de dificultades –a veces por extraviar la ruta hay que retroceder y sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones, o por caminar demasiado aprisa nos separamos de la masa”.

Omite, a propósito, que el comunismo, contrario a la prédica de sus seguidores, impone desde su llegada una sociedad artificialmente dividida en capas. Organizada según el grado de utilidad, apoyo y fidelidad al caudillo. El ascenso de “clase” no es producto del trabajo o la iniciativa individual sino que está asignado a conveniencia por la cúpula al mando. Este fenómeno es extremadamente injusto y mucho más nocivo que las divisiones sociales generadas por el dinámico mercado capitalista.

Encima de ello, chocamos con la ausencia total de un plan concebido para desarrollar el país. Simplemente no está. Al llegar a la cima y tras concluir con la fase “apoderamiento”, tropezaron con dos obstáculos fundamentales. Las consecuencias de pretender, ingenuamente, sustituir al mercado como regulador natural de casi todo cuando acontece en el mundo moderno y un profundo desconocimiento cívico y económico, que intentaban ocultar en cada lema.

En este punto, nos comenta: “Sobre las medidas para encausar el camino y con respecto a las iniciativas surgidas en el Gobierno, utilizamos el método casi intuitivo de auscultar las reacciones generales”. O sea, que cuando hay que dar un nuevo paso tenemos claro cómo, pero a veces es necesario escuchar los gritos del pueblo.

Escuchar en apariencia, pues sobrevivir era incorporarse a un colectivo gigante en el cual se pierde todo derecho, una marea encausada a apoyar lo orientado y donde, ante la uniformidad de respuestas, desaparecieron las preguntas. No olvidar que la masa compuesta por todos, sin ser ninguno, tiene además la misión de detectar quién disiente e informar a sus superiores.

Luego, intentando dar un diagnóstico de la situación actual, escribe:

“Resta un gran tramo por recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos del interés material, como palanca impulsora de desarrollo, es muy grande”. O sea: Reconoce que solo el interés material puede acelerar el desarrollo, pero como esa vía es incompatible con el propósito, hay que buscar otra, la cual ni siquiera se toma el trabajo de proponer. Lo importante es negar la que no puede ser aceptada.

Para Él, la elite pensante ha hecho un trabajo de “zapa” sobre el desarrollo de la conciencia y ha llegado a la conclusión de que para construir el socialismo hay que hacer el hombre nuevo. O sea, el esclavo de nuevo tipo, austero, cuya virtud cardinal debe ser el no consumismo, mientras el alto mando, “quien otrora creara las condiciones necesarias para la victoria”, sí consume. Ellos no se merecen esperar a mañana para disfrutar del mundo material.

Luego prosigue: “la educación se ejerce a través del aparato educativo del estado.… prende en las masas, estas la van haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía”. O sea, que éramos como seres de otro planeta y la revolución vino a enseñarnos cómo se vive acá en la tierra.

Más adelante suelta un disparate mayúsculo: “es la dictadura del proletariado, no solo sobre la clase derrotada sino también sobre la clase vencedora” –con un juego de palabras de visible contradicción oculta la verdadera naturaleza de lo que pretendían. Nos preguntamos, ¿de quién es la dictadura entonces? “La dictadura del proletariado sobre la clase vencedora”. ¿Acaso no era el proletariado quien había vencido? ¿Quién es quién?

Al parecer Batista y su grupo fueron un objetivo parcial, la lucha era contra la burguesía, o contra todo el que tuviera algo ahorrado. Era solo una máscara, el verdadero trasfondo es autocrático, impositivo.

Pero no importa, “ahora las masas hacen la historia como el conjunto de individuos que luchan por una misma causa” –no queda muy claro contra quién es la lucha… sospecho que contra los que no se incorporan, como hacía notar Orwell: Es una batalla no por la victoria, sino del dirigente contra su pueblo para mantener la estructura que lo sostiene en el poder.

Entonces, con la arrogancia de ir articulando palabritas para no dejar nada fuera, proclama: “en la imagen de las multitudes marchando hacia el futuro, encaja el concepto de institucionalización, conjunto armónico de canales… que permitan la selección natural de los destinados a caminar en la vanguardia y que premien o castiguen a los que cumplen o atenten contra la sociedad en construcción”. Según Él, aquí se construye un sistema perfecto, fecha de terminación: pendiente. Cualquier duda: favor remita su pregunta. Quien no esté de acuerdo será castigado. La cúpula, por medio de las “instituciones”, confiere autorización a la vanguardia para castigar a cualquier “Kautsky” que surja o quede rezagado.

Y aquí lanza la nota risible: “el hombre en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo”. Utiliza la técnica del cruce de argumentos, es evidente que hay múltiples razones para creer que desean un individuo estandarizado y ninguna para considerar que ansían lo contrario, pero Él clama que, aunque parezca de una manera, la realidad es otra sin la menor demonstración. Marx solía utilizar el mismo recurso.

Sobre el concepto de trabajo también hace sus aportes, para a Él solo le basta con cambiarle los nombres a los elementos: “el trabajo debe adquirir una condición nueva, la mercancía hombre deja de existir y se instaura un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social”. O sea, que se trabaja ahora para cumplir con un deber colectivo a cambio una suma que es otorgada. ¿Por quién? ¡Ah!, eso no lo decide el mercado sino un experto en asignar cuotas. Quien a su vez pertenece a un selecto grupo que, al parecer, ya llegó a la meta.

Es evidente que esta era la fase más detestable del colectivismo. En medio de los desafueros, había hecho acto de presencia la parte teórica, aún más irracional que la práctica. La masa adoctrinada había comenzado la destrucción de su propia tierra. A veces imagino que no es cierto, que nunca ocurrió. Como la primera página de una novela que nadie debió haber leído nunca.

¡Ya llegamos! Gracias por el apoyo. Vamos a arreglar esto, ya verán. Vayan y arrebaten todo, tráiganlo para acá que luego les iremos repartiendo. Nosotros sí sabemos cómo distribuir las riquezas y eliminar esas desigualdades.

Compensaremos a aquellos que más se destaquen. Los que no alcancen ahora, no se preocupen, poco a poco, pero, mientras, urge un esfuerzo de conjunto. Además, solo unidos podemos derrotar al Imperio si se atreve a regresar. ¡Ah!, casi lo olvido, todo el que no marche, que se marche, no lo necesitamos, ya no es cubano.

–¿Estaremos mejor que antes? –gritaron algunos.

–¡Seguro!

–¡Qué bueno! Ven, estos sí arreglan Cuba. Por cierto, ¿cuánto hay que esperar? –agregaron.

–Será pronto, no se van a poder quejar.

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Sobre el autor

Erick Nogueira

Erick Nogueira

Erick Nogueira (La Habana, 1976) es graduado de Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana en 2005. Graduado de Técnico Medio de Química (La Habana 1995). En la actualidad reside en Miami y es Ejecutivo de Ventas para Limco Logistics Inc., así como administrador de Dumemotors Trading Corp. Es aficionado a la Historia y los fenómenos sociales.

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