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Pittsburgnacht

Pittsburgnacht
noviembre 09
10:49 2018

Cuando pienso en las posibles motivaciones de aquellos judíos alemanes que inicialmente apoyaron y participaron en la elección y ascenso al poder del proyecto del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán en los años treinta, me surgen muchas preguntas.

Posiblemente estuvieron inspirados en su amor por Alemania, pues el proyecto, teóricamente, anteponía el bienestar y la justicia del pueblo alemán a cualquier otro objetivo y presentaba un modelo de gobierno para sacar a Alemania de la ruina moral y económica en la que estaba sumida, luego de la bochornosa derrota en la Primera Guerra Mundial. Quizás concebían que una justa repartición de la riqueza y la dirección de la sociedad en manos de sus mejores hijos, eran la mejor opción; pero ya les había sucedido en las prósperas sociedades europeas entre 1290 y 1550.

Supongo que, al haber vivido por tantos siglos en la región, su integración a la sociedad alemana les haría sentirse ciudadanos modernos de ideas avanzadas y progresistas, como hoy piensan mis hermanos demócratas despojados de los atavismos y la arcaica mentalidad de los judíos ortodoxos. Ya hacía más de un siglo que se habían establecido vergonzosas distancias.

La cosa se les complicó cuando el mamsur de Hitler culpó de todo el sufrimiento del pueblo alemán a los judíos que estaban vivos en ese momento y a los no judíos que tuvieran sangre judía hasta la tercera generación anterior. No se especificó, por supuesto, si eran ortodoxos, observantes religiosos, no observantes, ateos, de izquierda o de derecha, ricos o pobres. En ese momento, los judíos se transformaron, ante los ojos de la mayoría de sus vecinos, en la escoria de la sociedad. Entonces comenzaron a asesinarles, por ser judíos en toda Europa, una vez más.

Eso es lo que acaba de suceder en Pittsburg. Asesinaron a once judíos por el sólo hecho de serlo. Ocurrió en el corazón de los Estados Unidos de América.

Los Estados Unidos de Norteamérica es una tierra donde los judíos han estado absolutamente integrados, por siglos, a la sociedad. Su integración es tal, que son considerados el grupo minoritario más exitoso en la historia del país.

Precisamente esto ocurrió en el siglo XXI a solo 73 años del Holocausto en una sociedad que ha recibido tantos valiosos aportes de los judíos. Es harto sabido cómo sobrepasan a cualquier otro conglomerado en contribuciones filantrópicas para el financiamiento de hospitales, proyectos humanitarios y de beneficio público. Que se le haga esto a una comunidad cuyo índice de criminalidad y dependencia de ayuda gubernamental es mínimo, resulta inconcebible. El mes pasado mataron a once judíos por el solo hecho de ser judíos. No me canso de repetirlo. Pude haber sido yo. Imagínese si los asesinados hubiesen sido franceses, holandeses, rusos, españoles, negros, americanos, palestinos, japoneses, etc. Seguro que en Facebook y otros medios de comunicación estarían los rostros de la gente sobre imágenes de banderas declarando su solidaridad, “Je sui France”, o “Todos somos españoles” o ingleses o lo que sea, pero nunca ante nuestro dolor “Todos somos judíos”.

Hace tiempo, con demasiada impunidad, los medios han venido acusando a los judíos de racistas en contra del pueblo palestino. Se celebran, injustamente acusando a Israel, semanas de Apartheid. Se discrimina de mil maneras a los estudiantes judíos en las universidades hasta llegar al ataque físico y la expulsión de comités, etc. Se prohíbe la participación de expositores pro israelíes en diferentes foros e, incluso, en las propias universidades. Se financian y promueven campañas de bloqueo, desinversión y sanciones contra Israel como el BDS desde prestigiosas instituciones. Contra Israel, el amigo incondicional de siempre del pueblo americano.

Sorprende, por lo inaceptable que es, escuchar cómo destacados dirigentes políticos de todo el espectro (pero, fundamentalmente, desde la izquierda), desenfadadamente, hacen declaraciones judeofobicas o se asocian o retratan con connotados juedeofobos. Marchan y se manifiestan a grito pelado; mas no hay voces que se levanten para defendernos.

Sería impensable que esto suceda aquí, en el jardín de la tolerancia del mundo. Aquí donde Emma Lazarus inmortalizó el sentimiento solidario al otro, al extranjero, compartido por este pueblo formado por tanta gente venida de tantas partes, de tantos colores, de tantos credos, con tantos sueños. Pensábamos que habíamos aprendido a tolerarnos y hemos pedido superarnos mediante nuestros esfuerzos, donde se suponía que estas cosas no pasaran. Lo sucedido aquí, estas once vidas judías fueron truncadas por serlo. Pudieron ser mis hijos.

Gracias a Dios no fue un Kristallnacht, pero sonó la alarma. Los judíos siempre han sido los canarios mineros de las sociedades. Cuando mueren los canarios, la mina está envenenada. Cada vez que una sociedad cae en crisis, explota la judeofobia y, al final, la sociedad queda destruida. ¿Qué hacemos? ¿Nos armamos hasta los dientes para asegurarnos que Never Again? ¿A usted qué le parece? Porque yo ahora no lo sé, pero tengo miedo.

Kristallnacht: Berlin November 9, 1938 – November 10, 1938

Pittsburghnacht: Pittsburgh, Pennsylvania, on October 27, 2018

Un artículo no digno de ser publicado de acuerdo a la Sra. Luisa Yanez (Miami Herald Board of Directors).

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Sobre el autor

Roland J. Behar

Roland J. Behar

Roland J. Behar, analista y articulista de opinión especializado en asuntos del Medio Oriente y Cuba, es también un activista en la defensa de la libertad y los derechos humanos. Es columnista de El Nuevo Herald, miembro de la Union Liberal Cubana y Chair del Hispanic Jewish Iniciative del ADL (Liga Anti Difamatoria) en la Florida. Se ha dedicado a la venta y financiamiento de bienes raíces. Reside en Miami.

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