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Planetas de agua

Planetas de agua

Planetas de agua
octubre 03
19:32 2014

La existencia de planetas acuáticos ya había sido esbozada por numerosos científicos. GJ1214b, el exoplaneta, fue descubierto en 2009 por astrónomos del MEarth Project, pero no fue hasta hace unos pocos meses que el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian logró determinar, utilizando el telescopio espacial Hubble, que dicho planeta está compuesto principalmente de agua. La revista Astrophysical Journal ha publicado recientemente los detalles.

Las actuales profetas del fin del mundo, las Casandra anti-humanas, nos recuerdan que nuestro ecosistema está en crisis.  Que nuestro número poblacional se redobla y, como secuela, que el apocalipsis es inevitable. Lo que no nos dicen es que esto se transformará en realidad únicamente si permanecemos confinados en este planeta. Disponemos de las vacías fronteras de los océanos, de la Luna, de Marte, de los recursos del Sistema Solar y del espacio interestelar para escapar a esta trampa planetaria que, como una botella acorchada, comprime nuestras vidas. En este sentido, indirectamente, el descubrimiento de las características de GJ1214b es una buena noticia.

La biosfera terrestre puede mantenerse unos 450 millones de años más. Este es un tiempo extremadamente corto, implicando que la ventana evolutiva de la Tierra ha sido cerrada en el 90%. Enfrentados al dilema causado por nuestro tenaz crecimiento dentro de un sistema cerrado, no existe método viable capaz de ponerle alto al crecimiento demográfico; la única respuesta es abrir el sistema, es decir, la colonización espacial, para escapar a lo que parece ser la hecatombe final de nuestra civilización en pocas décadas.

Como primer paso para resolver los problemas de alimentación y acomodo demográfico en nuestro planeta, es realizable y considerablemente económico el montaje de plataformas artificiales de colonias humanas marinas, en los mares ecuatoriales. Considerando que dos terceras partes del planeta se hallan cubiertas de agua, los océanos están llamados a ser los nuevos espacios vitales, las superficies de explotación económica más vastas y las fuentes nutritivas del siglo XXI, transfigurando nuestra milenaria sociedad agrícola terrestre en una cultura de explotación acuática. Si nos extendemos hacia los océanos podemos soportar una población que triplique a la actual. Cuando lleguemos a sobrepasar esta barrera “malthusiana”, estaremos fomentando la colonización de todo el Sistema Solar.

La ventaja estratégica de las megalópolis asentadas en el océano reside en la explotación que puedan realizar de la energía solar y de los recursos minerales de las aguas circundantes, posibles ambos con inversiones pequeñas. Estas ciudades flotantes pueden ser fácilmente autosuficientes en alimentación, en energía y en materiales de construcción, y un número no muy alto de ellas podrá disponer de recursos técnico-económicos y capacidad científica superior a Estados Unidos, Japón y Europa combinados, suficiente para rescatar al planeta de sus necesidades energéticas y alimentarias.

El diseño de esos módulos marinos, ubicados en plataformas flotantes ancladas en el fondo oceánico, puede replicarse sin inconveniente, por su bajo costo de construcción y por el formidable caudal de alimentos y energía que lograrían producir a partir del mar, a costos irrisorios. Se pueden extraer los materiales de construcción de los abundantes minerales disueltos en el océano —el carbonato de calcio, el magnesio, etcétera— que pueden sustituir las pesadas estructuras de acero, además de las fibras marinas para los textiles y otros materiales necesarios para edificar cientos de miles de estas plataformas marinas.

Las aguas calientes de los océanos son reservas de nutrientes y, al funcionar como colectores gigantes de energía solar, almacenan cantidades suficientes para suplir las urgencias del planeta durante 25,000 años. Con un millar de esas plataformas marinas se concentraría una población igual a la actual de México, generando más energía que los actuales países petroleros, y más alimentos que el conjunto de todos los países desarrollados. Las frutas y vegetales podrían crecer en granjas hidropónicas que rodeen a estos enclaves marinos.

Afortunadamente, los océanos contienen una cantidad ilimitada de nitrógeno que puede facilitar a estas colonias marinas manufacturar con facilidad hidrógeno líquido en magnitudes superiores a la actual extracción de petróleo mundial, y más económicamente, reduciendo los contaminantes atmosféricos. La actual oferta mundial de proteína animal es de unas 50 millones de toneladas, y la demanda es tres veces superior, esperándose que en el futuro cercano crezca geométricamente; forjar tales montañas de proteínas es una meta imposible para la ya renqueante esfera agro-industrial de nuestro planeta. El nutriente vital de las plantas marinas y terrestres es el nitrógeno, esencial para solucionar los requerimientos de comestibles a escala mundial. Los fertilizantes nitrogenados han duplicado la oferta de mercancías en las últimas décadas, siempre a costa del desmedido gasto de petróleo.

Las megalópolis marinas son capaces de producir volúmenes proteicos cuatro veces superiores a los del planeta en su conjunto, con la cosecha de algas marinas, las fuentes de proteínas más elevadas que se conocen y que comprenden el 70% de la biomasa planetaria. Simultáneamente al inicio de la exploración y colonización espacial, debemos mejorar en el arte de confeccionar alimentos artificiales, que sería una de las transformaciones básicas en el modo de vida extraterrena; la espirulina y las algas marinas pueden suministrar gran parte de la base material para los alimentos sintetizados del mañana.

Se va confirmando que ante los recursos ilimitados de la vida, estamos impuestos a propagar nuestra existencia fuera del globo terráqueo. Somos un género condenado a dispersarse por lunas, planetas y estrellas para afianzar su perennidad, y este sumario ya está en marcha. Nuestra fuga al exterior no puede dilatarse por largo tiempo, pues el ecosistema planetario colapsa bajo el peso de 5,000 millones de humanos que amenazan con duplicarse en muy poco tiempo.  El descubrimiento de que GJ1214b es un planeta de agua añade más peso a esta variable.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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1 comentario

  1. Terricola
    Terricola julio 16, 09:41

    Excelente articulo. Hoy nos puede parecer ciencia ficción pero será una mas en hacerse realidad. Afortunadamente eso tomara tiempo y podremos seguir apreciando las maravillas de la naturaleza terrestre.

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