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Podemos puede

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Podemos puede
octubre 23
12:34 2014

Podemos, el movimiento liderado por el joven profesor Pablo Iglesias, puede acceder al poder en las próximas elecciones generales. Esta afirmación no pretende ser un pronóstico de lo que ocurrirá, sino una hipótesis acerca de lo que puede ocurrir en función de la evolución de los hechos, tendencias y acontecimientos que dominan el escenario político, económico y social en España y Europa.

Iglesias tiene madera de líder. Domina, como ningún otro político español en la actualidad, el arte de la comunicación de masas. Es inteligente, egocéntrico, ambicioso, vanidoso, tiene hambre de poder, y parece poseer la determinación necesaria para llevar a cabo su empresa. Si a ello se añade un auténtico sentido de misión, ello le convierte en un fanático de su obra.

El líder de Podemos ha recibido un aluvión de críticas desde todos los partidos, la prensa y los agentes sociales. En su inmensa mayoría son críticas vulgares dirigidas a desacreditarle y a equipararlo “con los miembros de la casta”, fundamentadas en cálculos electoralistas, o en el afán de notoriedad de algunos formadores de opinión.

Pero mientras estos insisten en protagonizar escaramuzas y batallitas dialécticas en las tertulias televisivas, que usualmente solo sirven para reforzarlo y divulgar su ideario, Pablo Iglesias tiene una estrategia y un método de acción para “tomar el cielo por asalto”, como acaba de declarar triunfalmente en el congreso fundacional de su agrupación, en clara referencia a las palabras de elogio a los revolucionarios franceses escritas por Karl Marx, en carta dirigida a Ludwig Kugelmann el 12 de abril de 1871.

Iglesias se ha declarado marxista en más de una ocasión. Tomar el cielo por asalto en la jerga revolucionaria significa la demolición del viejo orden político, económico, jurídico, institucional y social, como condición previa para la consolidación del poder político del nuevo régimen. Nadie que conozca los rudimentos del marxismo, y en particular la teoría de la lucha de clases, puede decir que Iglesias no está poniendo con claridad las cartas sobre la mesa. Pero sus críticos mayoritariamente adolecen de dicho conocimiento.

El discurso y la acción del líder de Podemos parte de la identificación en la España actual de lo que los marxistas leninistas denominan una situación revolucionaria. Lenin la define como la existencia de “una crisis general que afecta a explotadores y explotados”, una situación en la que ni los explotados pueden seguir viviendo como antes, ni los explotadores pueden continuar gobernando en las mismas condiciones. Dicho con una expresión que está de moda en los telediarios, se trata de “la tormenta perfecta”, y eso es lo que está ocurriendo delante de nuestros ojos.

¿Es posible afirmar que existe una situación revolucionaria en España, que situaría a Podemos con su discurso ya desde la línea de salida como claro vencedor? Examinemos la presencia de las “condiciones objetivas y subjetivas” para ello.

  • La prolongación de la crisis económica en Europa, agravada en el caso de España por unas características estructurales que la convierten en un problema crónico, de sobredimensionamiento creciente del estado, de endeudamiento y déficit galopante, de incremento de la presión fiscal hasta límites intolerables, de ajustes que recaen siempre sobre las espaldas del sector privado, de descrédito absoluto de los partidos políticos, de los bancos, de los empresarios, de la justicia y de prácticamente todas las instituciones, hace imposible que la élite extractiva (término referido a un grupo de interés particular integrado por todos los partidos, que pretende mantenerse en el poder a expensas de las rentas de los contribuyentes) puede mantener su dominio sobre la sociedad española tal y como lo ha ejercido hasta ahora.
  • La crisis económica no tiene solución en el corto, en el mediano y en el largo plazo, por la sencilla razón que no se están aplicando las soluciones requeridas. Una parte cada vez mayor de la sociedad no está dispuesta a continuar sufriendo las consecuencias de un eventual empeoramiento de la misma, ni una contracción indefinida de un nivel de vida que quizás no se correspondía con sus posibilidades reales, pero del cual disfrutó en algún momento anterior, cada vez más lejano.
  • Todo ello, unido a la percepción por parte de amplios sectores de la sociedad española de que los partidos, los sindicatos y el resto de las instituciones están corrompidas hasta el tuétano, provoca una necesidad de “hacer algo”, de cambiar las cosas, de movilizarse, de realizar una “acción histórica independiente”.

Europa y España siguen en crisis, porque el guión adoptado hasta ahora para impulsar la recuperación indica justo lo contrario de lo que hay que hacer. Mercados más libres y más flexibles versus burocracias maquinales y estados cada vez más sobredimensionados; extorsión fiscal, endeudamiento y déficit público indetenibles, ajustes a cuenta del sector privado y aumento de las regulaciones. Cualquier diseño de política económica empeñado en perpetuar estos errores está condenado al fracaso por muy sofisticado que parezca, porque constituye de hecho la “respuesta perfecta al problema equivocado”.

El conocimiento público de los casos de corrupción en condiciones de crisis ha producido el mayor descrédito que ha sufrido jamás la élite extractiva. No es que antes no fuesen corruptos, ni siquiera que no afloraran informativamente los hechos, sino que importaba menos en la medida en que no existía la percepción del expolio al llenar el carro de la compra por menos de cinco mil pesetas. Es triste, pero es así.

La situación actual es distinta, porque las esperanzas de cambio dentro del sistema se han esfumado. Ocho años de gobierno de Aznar, otros tantos de Zapatero, y casi tres años de Rajoy, lejos de resolver aquellos problemas los han agravado. Solo la insolvencia del Partido Popular impidió que desapareciera el Partido Socialista Obrero Español de la escena política. Peor aún, en determinados momentos ha hecho buena la gestión política de Zapatero.

El Partido Popular es el campeón mundial absoluto de dilapidación de capital político. Los españoles le dieron una mayoría holgada que nunca mereció, visto lo visto. Ha incumplido minuciosa y concienzudamente su programa electoral, y ha traicionado tanto a sus bases como a los ciudadanos que creyeron en sus promesas.

Toda la esperanza de recuperación de la credibilidad perdida del PP está depositada por su máximo líder en una hipotética mejora de la economía, que posibilite que los ciudadanos le perdonen sus pecados. Pero hay muchos indicios de que eso no va a ocurrir.

Pero el Partido Socialista solo aventaja al Partido Popular en que no gobierna. A pesar de la ayuda inestimable de éste, no genera ilusión alguna, y mantiene su bien ganada fama de pésimo gestor. Ha perdido su centro de gravedad y ha renunciado a sus principios socialdemócratas en beneficio de un discurso más propio de la extrema izquierda.

Se equivoca si piensa que le va a pasar por la izquierda a Podemos y a Pablo Iglesias, aunque adopte su “look” juvenil y despreocupado. En “progresía” a éste no le gana nadie. No se sabe si llegaremos a ver algún día un debate entre ambos, pero por ahora Sánchez ha declinado la invitación. Hace muy bien porque, desde luego, no tiene nada que hacer mientras se empeñe en convertirse en una mala copia de Iglesias. Sánchez es también muy joven, pero dirige un partido con mucho pasado, mientras que Iglesias solo tiene futuro.

Izquierda Unida, al igual que los partidos mayoritarios, carga con una pesada mochila a la espalda. El enorme peso específico del Partido Comunista dentro de esa agrupación le convierte en un proyecto ideológico anclado en el siglo XIX, y muy desprestigiado por su nostalgia por la hoz y el martillo. Además, también está contaminado por los escándalos de corrupción más recientes (y alguno que otro no tan reciente) y forma parte por derecho propio, como socio de gobierno o como partido electo, de la élite extractiva.

Las tensiones territoriales en esta España invertebrada, acosada desde siempre por los particularismos, cuya propia existencia es en palabras de Rodríguez Zapatero “discutida y discutible”, vienen a añadir más tensión aún si cabe. Las fuerzas centrífugas actuantes la convierten en un “vasto sistema de exclusión”.

Pablo Iglesias ha comprendido perfectamente la situación, y está en disposición de liderar un cambio. Solo falta comprobar si está en capacidad de hacerlo.

Si efectivamente hay una masa social lo suficientemente significativa que está dispuesta a suscribir su ideario como algo propio, si el PP y el PSOE no inician ya un gran pacto de estado para acabar con las lacras que padece España, si el resto del electorado que no conecta con Podemos se desmoviliza, Iglesias puede ser el próximo Presidente del país. Al final, Podemos puede.

El líder de Podemos conoce las claves y los resortes psicológicos y sociológicos que le permitirán capitalizar el descontento. Los resultados de un estudio realizado por la Fundación BBVA en diez países de la UE, y publicado en 2013 con el título “Valores político – económicos y la crisis económica”, le otorgan un margen de actuación considerable. Este es el retrato robot de los españoles según sus respuestas a las preguntas formuladas en la encuesta:

  • El español que se “moviliza” es un individuo con estudios, de izquierdas, que lo hace fundamentalmente a través de manifestaciones, huelgas e Internet, y que lee el periódico regularmente.
  •  Los españoles valoran desfavorablemente el funcionamiento de la democracia. Perciben que su capacidad individual de influencia en las decisiones políticas es muy limitada, y que los políticos prestan más interés por sus propios asuntos que por lo generales.
  • El nivel de identificación con el capitalismo es el más bajo de la U. E. Solo un 11% se identifica con este, y el 74% de los encuestados lo rechaza,
  • Mientras que el resto de Europa apuesta por que cada persona se haga responsable de su vida, el 74,1% de los encuestados españoles considera que “el Estado debe ser responsable de asegurar un nivel de vida digno”; un 85% (más de 20 puntos por encima de la media europea) cree que el Estado debe ocuparse directamente de temas como la sanidad o las pensiones.
  • Los españoles también consideran que la economía de libre mercado es “la causa de las desigualdades sociales”. Son partidarios de que el estado controle los beneficios de las empresas, los precios o los salarios, reclaman igualar los ingresos “aunque eso perjudique a quiénes trabajan más”, limitar los ingresos de los ejecutivos de bancos, regular la banca, reducir los tipos de interés, y aumentar la inversión pública.
  • Solo uno de cada cinco españoles aboga por los recortes, y cuatro de cada cinco quiere mantener el Estado de Bienestar. También hay un elevado consenso (con una puntuación de 7,7 sobre 10) de aumentar los impuestos “a quienes más ganan por sus inversiones”, y con una puntuación de 7,1 de aumentar los impuestos “a quiénes más ganan por su trabajo”. Eso sí, solo merece una puntuación de 1,2 sobre 10 la subida del IVA. En cambio no están de acuerdo, como sí lo están el resto de los europeos, con reducir el número de funcionarios, flexibilizar el mercado de trabajo, reducir el gasto público, o inyectar capital a los bancos con problemas.

Si se aplica ese programa, España se alejará definitivamente de cualquier solución medianamente racional a sus problemas actuales, porque ese fue precisamente el nivel de pensamiento en el que fueron creados.

Ya a estas alturas solo me intriga cómo pretende Pablo Iglesias “tomar el cielo por asalto” para emprender la tarea de desmontar el “Ancien Régime”. Si lo hará al estilo de la Dictadura del Proletariado (lo que sería una torpeza que me resisto a atribuirle a priori) o instaurando algo similar a lo que existe en su amada República Bolivariana de Venezuela (algo a lo que también aspira el neocastrismo en Cuba). Un capitalismo monopolista de estado o corporativo, dirigido con un estilo autoritario y clientelar; un sistema político basado en el odio de clases y la confrontación social; una economía subsidiaria centralizada, controlada por corporaciones estatales o mixtas, con la complicidad de sindicatos verticales y organizaciones empresariales, sectoriales, gremiales y profesionales afines al nuevo régimen; sustentado en el secuestro de las libertades, de los medios de comunicación, de las instituciones, de los poderes públicos, y de consejos electorales que fijan reglas de juego ad hoc, para incumplirlas después según convenga. Que toleran a una oposición light mientras la puedan instrumentalizar, pero que convierten a sus adversarios reales en peligrosos enemigos pro imperialistas que han de ser destruidos por todos los medios, incluidos los peores; cuya máxima aspiración es mantener ad infinitum su mandato y el de su partido con las leyes en la mano, constitucionalmente y mediante elecciones disimuladamente averiadas, para que nadie pueda cuestionar su “legitimidad democrática”.

La primera opción es el comunismo. La segunda se llama fascismo, o Socialismo del Siglo XXI según la práctica bolivariana. En cualquier caso, una verdadera tragedia para España.

Sobre el autor

Armando Navarro Vega

Armando Navarro Vega

Armando Navarro Vega (Cuba, 1955). Licenciado en Economía por la Universidad de la Habana, y profesor en dicha institución en los Departamentos de Estadística Económica, Planificación de la Economía Nacional y de Economía de Empresas entre 1981 y 1995, año en que se radicó en España. También colaboró en esa etapa como Investigador y Consultor en el Centro de Estudios de Técnicas de Dirección, y en el Centro de Estudios de la Economía Cubana. Desde 1996 ha trabajado como consultor y formador en empresas, organizaciones e instituciones públicas y privadas españolas. Su libro "Cuba, el socialismo y sus éxodos" puede adquirirse en Amazon.

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8 comentarios

  1. Manuel Gayol Mecías
    Manuel Gayol Mecías octubre 23, 14:39

    Un trabajo meticuloso y excelentemente tragico. Siempre he pensado que el origen del surgimiento de los monstruos populistas bolivarianos y castristas tienen su causa en el despelote del capitalismo. Cuando la corrupción, la arrogancia y las enormes diferencias entre ricos y pobres se desbocan y producen crisis como la que aún nos golpea a todos, el capitalismo entonces produce -por abortos- a los caudillos y cuatreros que se apoderan de los países y hacen desaparecer las posibilidades de la democracia… Además la democracia ya, junto con la economía, hay que reconceptualizarla. Gracias por este artículo brillante.

  2. Armando Navarro Vega
    Armando Navarro Vega octubre 23, 14:49

    Armando Añel, gracias una vez más

  3. Armando Añel
    Armando Añel octubre 24, 00:41

    por supuesto, gracias a ti Armando. Un gran artículo este.

  4. Armando Añel
    Armando Añel octubre 24, 12:21

    Gracias a ti Armando, gran artículo!

  5. abajo el comunismo
    abajo el comunismo octubre 24, 12:25

    abajo

  6. Armando Añel
    Armando Añel octubre 24, 12:27

    gracias a ti tocayo por supuesto, gran texto este!

  7. Pobrecito Hablador
    Pobrecito Hablador octubre 30, 15:37

    Resumiendo.

    PP lo ha hecho mal, PSOE lo ha hecho mal, IU lo ha hecho mal y Podemos lo hará peor.

    Bueno, si la gente está harta de la sinvergonzonería actual tiene todo el derecho a equivocarse eligiendo a Podemos, ya que en una democracia los poderes del estado emanan del pueblo.

    La situación actual no es culpa de Podemos, es culpa de quienes tenían el poder de solucionar los problemas y no lo han hecho. Si las élites gobernantes siguen mirándose el ombligo y buscar en primer lugar su beneficio particular es necesario que estas élites caigan, ya que por propia iniciativa no van a querer cambiar una situación que tanto les beneficia a nivel económico, no así al moral que de eso ya han demostrado que carecen.

    Orden contra la anarquía y revolución contra la tiranía (de los mercados inclusive).

  8. Robusto
    Robusto noviembre 03, 10:30

    El cuerpo del artículo se basa en cómo Pablemos ascenderá al poder. Muy meticuloso, muy concienzudo, vemos lo bien formado que estás. Y total que dedicas un solo párrafo agorero y lleno de manidos clichés metemiedos a lo mal que no irá con ellos en el gobierno.

    ¿Por qué no realizas un artículo honesto en el que tumbes una a una con pruebas fehacientes las propuestas de Pablemos?

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