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Podemos y el dilema de la convivencia humana

Podemos y el dilema de la convivencia humana

Podemos y el dilema de la convivencia humana
agosto 23
01:31 2014

Podemos es la imagen del dramático escenario que se le presenta no solo a un país, España, sino a una racionalidad a la que se le agotaron sus alternativas dentro de lo que entendemos por Política. El panorama es verdaderamente sombrío, desolador sobre todo para los que aún depositan sus esperanzas y fe en lo que ya no es más que un vulgar y sistemático ejercicio de instrumentalización de lo público. Después de ver como caen unos tras otros los dioses de barro en las arenas del circo político, es evidente que nuestras creencias y valores no funcionan. Es evidente que el auténtico dilema trasciende a esta fuerza de perfil socialdemócrata (Podemos), trasciende incluso a la política misma; más bien reside en el ámbito de nuestro nivel de conciencia, la precariedad y senilidad de las creencias, percepciones y sistemas de pensamiento con los que se fundó la modernidad, el modelo de sociedad en el que a duras penas gritamos y sobrevivimos.

Todas las creencias ideológicas son travestismos sociopolíticos, da igual su nomenclatura, da igual si son o vienen de la izquierda o la derecha. Todas juegan a lo mismo, es decir, aprovechan malestares colectivos, desencantos individuales y públicos, rabias, hartazgos y miedos para enarbolar (a veces razonablemente) banderas mesiánicas. Es la lógica absurda del establishment y su esquemita binario, de una cultura política que olvidó el bien común (en manos de corporaciones), que llegó al límite de su racionalidad de cara a la organización de la vida asociada y por tanto se fagocita y revuelca en el lodo de su propaganda y su demagogia. Unas más que otras, son simulaciones retóricas que ocultan su verdadera perversa naturaleza e intención.

Si a estas alturas no hemos aprendido de qué va ese juego, bien nos merecemos la servidumbre y la esclavitud como destino.

Las ideologías fuera y dentro del trono juegan siempre a disfrazarse de promesas. En esa pasarela de simulaciones, lo que realmente interesa es el poder político y los beneficios inherentes al estatus quo, no la felicidad de la gente. Los políticos solo postulan, no encarnan su discurso (en la actualidad, la mercadotecnia y el marketing en función de la política es ya temeraria). Esa incoherencia es, en parte, la raíz de las manipulaciones políticas y de un mecanismo de representación corrupto por naturaleza. Sin sustento ético y espiritual real, sin auténtica preocupación y confianza en el Otro, no hay política posible.

PODEMOS está abocados a ser otro fracaso de la conciencia burguesa que aún no ha superado su miopía redentora ni su trágico sentido de la secularidad. De esto evidentemente  nos advierten artículos como La verdad acerca de Pablo Iglesias y su partido político Podemos; pero, del mismo modo, el juego publicitario, manipulador y demagógico es también el acto de alarmarnos sobre Podemos como si del lobo feroz se tratara. Es una variante más del macarthismo, campañas de miedo para aprendices de la obediencia, políticas homólogas a las que el fundamentalismo árabe anima sobre Occidente o el castrocomunismo sobre su gemelo el capitalismo; el mismo vómito propagandista en la búsqueda y construcción de un enemigo, un culpable, un contrario al que anatemizar y sobre el que justificar la voluntad de control.

Por otro lado, la clase política hace mucho tiempo responde y es tributaria de la agenda que marca la codicia. La puesta en escena de los dioses del dinero con su vasta y enorme red financiera, y su trama tóxica de usura y deuda, deteriora no solo el tejido estatal, político así como las soberanías nacionales, sino la urdimbre psicológica y moral de los ciudadanos y de los pueblos. (Ni el castrismo se salva de endeudarse con la banca –ya sean bancos estatales rusos, chinos, venezolanos o bancos privados como El Club de Paris, de los cuales es tributario y debe también su perpetuidad). ¡Cada perro tiene su amo! Es bien sabido que Prescott S. Bush hizo su nada despreciable contribución al fascismo durante su desempeño en el Directorio de la Union Banking Corporation.

No se puede esperar otra cosa de un sistema de creencias que reproduce espejismos redentores, que genera proyectos políticos engañosos y carentes de una auténtica solución a los problemas y antagonismos humanos. Esa es la lógica del poder en el contexto de una subjetividad ambientada en un paradigma patriarcal, mecanicista, antropocéntrico, dualista, positivista, individualista y racionalista; de una cultura orientada a la dominación y el control, que institucionalizó los principios de la conciencia victoriana, es decir, agnosticismo, materialismo, creencia en el progreso indefinido, evolucionismo, lucha por la existencia; que aceptó con Hobbes (El Leviatán) su fraude de que “somos lobos de nosotros mismos”, que convirtió e institucionalizó una cosmovisión como la de C. Darwin (la evolución mediante “selección natural”) en teoría científica, ese gran fraude de la supervivencia del más apto convertido en fundamento de la naturaleza y la vida social, en ideología de control y argumento para la colonización del mundo. Que prefiguró y globalizó con Adam Smith el fraude de un “crecimiento económico” a expensas de un planeta finito, el sofisma de que el interés privado conduce al bienestar colectivo (Platón afirmaba lo contrario: “buscando el bien de nuestros semejantes encontraremos el nuestro”, decía).

En el fondo, la lógica que impera es la lógica de los dioses del dinero y de la guerra, que ha convertido buena parte del planeta en un campo de batalla y a los humanos en mercancías, marionetas contrarios de sí mismos.

A esta altura de la historia y de la vida, el fraude de Podemos y el fraude de la propaganda en detrimento de Podemos no cuela, al menos no para mí.

Si a estas alturas no sabemos de qué va el juego del poder en este mundo mejor nos perdemos en los laberintos de cualquier videojuego y abandonamos esta dimensión de la realidad.

Hasta que la gente no se dé cuenta de que la política (al menos como la conocemos) no es la solución sino parte del problema, hasta que la gente no se dé cuenta que el modelo de sociedad y de democracia que legitiman y perpetúan con sus votos es corrupto e igualmente parte del problema, hasta que la gente no se dé cuenta que empoderar a otros es sustraerse el poder a sí mismos y ser cómplices de su propia servidumbre. Hasta que la gente no se dé cuenta que el sistema de creencias y el paradigma de conciencia en el que se basa su modelo de pensamiento, relaciones sociales, cultura, modo de vida y puestas en escena políticas, es obsoleto y está diseñado para la dominación y el control, no para su felicidad y auténtico bienestar y es, por tanto, parte del Problema.

Hasta que no comprendamos que para cambiar una cultura hay que cambiar individuo por individuo. Hasta que no invirtamos la lógica del cambio social en el que, si cada individuo se transforma a sí mismo, entonces comienza a transformarse la cultura en general, como bien plantea Joe Dispenza, no se resolverá el dilema de la convivencia humana.

Una buena dosis de Tao o tal vez una mirada a la sabiduría ancestral que eligió el camino de la autoconciencia como destino emancipador no sienta mal en medio del colapso y el naufragio de nuestros paradigmas y creencias: “Quien conoce a los hombres es inteligente. Quien se conoce a sí mismo es iluminado. Quien vence a los otros posee fuerza. Quien se vence a sí mismo es más fuerte” (Lao-Tse).

Sobre el autor

Julio Fowler

Julio Fowler

Julio Fowler (Santa Clara, 1964). Actor, poeta, crítico, cantautor y productor musical. Profesor y director de Teatro, ha publicado el poemario “Las profecías de Alsine” (Ediciones Vigía, 1988) y su poesía aparece en antologías como “Retrato de Grupo” y “Un grupo avanza silencioso”. Entre los discos que ha editado se cuentan “Dale Mambo” (2003), “Buscando mi lugar” (2006), “Utopías” (2009), “Factoría Autor” (2011) y “Ligeros de equipaje” (2012). Reside en Madrid.

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