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Popeye en Facebook o los valientes de Internet

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Popeye en Facebook o los valientes de Internet

Popeye en Facebook o los valientes de Internet
octubre 04
13:04 2015

 

Del fenómeno de la agresividad en Internet, particularmente en Facebook, se ha hablado bastante. Gente que se comporta como Pepito Grillo en público, o como una encantadora damisela, se transforma en un indeseable troll en las redes. Se trata de un comportamiento digno de estudio, que afecta a más internautas de lo que a primera vista parece. Paralelamente, se extiende la creencia de que lo ofensivo virtual es menos ofensivo, o no lo es en absoluto, al punto que muchas personas blanco de ataques personales en el ciberespacio no le dan mayor importancia. Me cuento entre ellas.

Un intelectual miamense ya fallecido, de cuyo nombre prefiero no acordarme para que nadie me acuse de trasegar con muertos —la muerte otorga respetabilidad a muchos que en vida, curiosamente, nunca respetaron a los demás—, solía comportarse exquisitamente en público con sus enemigos virtuales, al punto que había que vigilarlo para huir antes de resultar víctima de uno de sus calurosos abrazos, de una de sus inagotables, y amigables, disertaciones. Sin embargo, el hombre perseguía y atacaba sin piedad en Internet, lo mismo encapuchado que a cara descubierta, a sus muy estimados interlocutores de la noche de Miami. Tenía una doble vida que hacía pagar caro a sus colegas de oficio, en la íntima enemistad de la Sociedad del Disparate.

Ahora mismo recuerdo a otro pintoresco intelectual miamense al que luego de hacerle múltiples favores a poco de él arribar a la ciudad, descubrí una tarde atacándome en Internet. Un comportamiento enfermizo que seguramente, por alguna razón, habrán potenciado las intermitencias de Comcast o BellSouth.

Facebook y otras redes sociales tienen en muchos de sus usuarios idéntico impacto que la Coronilla, aquel alcohol pelao que en Cuba, parafraseando a Almodóvar, ponía a muchos al borde de un ataque de nervios. Como ciertas drogas en los débiles de espíritu, Internet desinhibe y saca a flote lo más oscuro, o lo más pendenciero. Entonces el exquisito artista, o humorista o catedrático, tímido y hasta asustadizo en los eventos culturales de Miami y su periferia, se transforma en un valiente cazador de “entuertos” en Facebook o Youtube o WordPress, o en un tipo irascible e intransitable que a las primeras de cambio te pone como un zapato.

Nunca jamás he visto, es decir, escuchado, a alguno de estos guerrilleros de Internet —que en Internet me han llamado de cuanto Dios crió— atacarme o mostrarse agresivos en persona, y a varios de ellos, que conste, los he saludado en público, a veces incluso en más de una ocasión. Parece que su espinaca es virtual, que en lugar de consumirla en laticas, como Popeye el marino, lo hacen wireless. Son los supermanes de las redes, vuelan alto en el cielo cibernético, el puño al frente y el cuerpo enhiesto como una bala, mas su kriptonita es terrena. En tierra, en el cuerpo a cuerpo del encuentro concreto, se comportan de lo más civilizadamente, cuando no como esas palomas que en las plazas de Europa pululan a nuestro alrededor solícitas, y a las que solo les falta sonreírnos para que les echemos un poco de pan.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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