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Por qué Obama no merece ganar

Por qué Obama no merece ganar

noviembre 05
22:15 2012

0_bill_and_barackSi Barack Obama pierde las elecciones de este martes en Estados Unidos, mi amigo Jim será uno de los responsables. Hace cuatro años, él votó con entusiasmo a favor de la esperanza y el cambio. Pero en 2012, Jim está votando a favor de Mitt Romney. “Me gusta”, dice. “Cuando la gente lo vio y lo escuchó justo al lado de Obama, se veía y hablaba más como un presidente que el actual”.

Aquí, en Canadá, la gran mayoría de nosotros todavía pertenece a la tribu de Obama. Si los americanos fueran lo suficientemente inteligentes como para pensar como nosotros, Barack Obama ganaría por un margen de al menos tres a uno. No podemos entender por qué la gente justa votaría por Mitt Romney. La mayoría de mis amigos canadienses creen que los votantes de Romney son capitalistas insensibles o incautos y tontos, racistas o tipos de clase trabajadora que han sido engañados para votar en contra de sus propios intereses.

Jim es uno de estos. Él estuvo encantado de ayudar a elegir al primer presidente negro de la historia estadounidense. Se le hizo un nudo en la garganta durante el acto inaugural de la actual presidencia. Él cree que el cuidado de salud universal es un imperativo moral. Piensa que las aventuras imprudentes del gobierno de Bush en el extranjero fueron un desastre total. Cree en una normativa de seguridad digna para los negocios. Pero el presidente Obama no ha sido el centrista constructor de puentes que dijo iba a ser.

El apoyo a Obama entre las minorías sigue siendo tan fuerte como siempre. Pero los estadounidenses blancos están rompiendo con él a través del tablero electoral. En 2008, él estaba detrás por 12 puntos porcentuales entre los votantes blancos. Esta vez, según una encuesta de seguimiento reciente de The Washington Post/ABC, está perdiendo por 21 puntos porcentuales. (Mitt Romney 59 por ciento, Obama 38 por ciento).

Un montón de estadounidenses se sienten pasados por alto por ambas partes. Jennifer Erickson, una madre casada en el estado clave de Iowa, dijo a Des Moines Register que, en la forma en que ella lo ve, el señor Obama aboga por los pobres y el señor Romney por los ultra-ricos. “De cualquier manera, la clase media pierde”.

Pero no es la única que se siente abandonada. La expertocracia pro Obama está llena de miseria y oprobio. Por lo general están de acuerdo en que el hombre en quien habían invertido tanta esperanza ha sido una decepción aplastante. “Obama nunca ha abrazado una causa más grande que la de su propia supervivencia política”, escribió el columnista de The Washington Post Richard Cohen. “Voy a votar por Obama con pesar. Me gustaría que fuera el hombre con el que una vez lo confundimos”.

Camille Paglia es más dura. En su opinión, el Partido Demócrata ha perdido toda conexión con la clase obrera. Como le dijo a Glenn Reynolds, “no veo progresistas. Todo lo que veo son liberales blancos de clase media superior que hablan de manera presuntuosa de las necesidades de los pobres”. Ella votará por el Partido Verde.

Para los canadienses, los logros de Obama en la rectificación de las injusticias del sistema de salud son motivo suficiente para volverlo a elegir. Los estadounidenses no lo ven de esa manera, sin embargo. A un gran número de ellos le gustaba el sistema más o menos en la forma en que estaba. Habrían preferido pequeñas correcciones, de modo que las personas con condiciones pre-existentes estuvieran cubiertas y nadie fuera a la quiebra pagando por tratamientos contra el cáncer de sus niños. En su lugar, tienen el Obamacare, el monstruo hinchado de un proyecto de ley que sólo un burócrata podría amar. Nadie lo entiende y nadie sabe cómo va a funcionar. Tal vez es mejor que nada, tal vez es peor. En cualquier caso, no hará nada para controlar los costos, que son altísimos.

Pero lo peor del Obamacare fue en el plano político. Por esa embestida en el Congreso, Obama sacrificó la oportunidad de llevar a cabo una reforma financiera seria, y llegar a un consenso con los republicanos sobre otras cuestiones vitales. El Obamacare pudo haber sido una victoria moral, pero fue un fracaso de liderazgo estratégico. Como congresista demócrata, Barney Frank le dijo a la revista New York “que pagamos un precio muy alto para el cuidado de la salud”.

Luego vino la campaña. Romney se trasladó al centro, pero el señor Obama no lo hizo. Toda la campaña del presidente había sido construida sobre la base de demonizar a su oponente como un plutócrata sin encanto, rapaz. Y todo se salió de los carriles cuando el señor Romney se presentó en el primer debate y se hizo pasar por un ser humano común. Ahora lo que solía ser considerado como un defecto en Romney, se ha convertido en un activo. Los demócratas han tratado de presentarlo como un oportunista sin corazón que dirá cualquier cosa para ganar, y en su lugar, como mi amigo Jim, los votantes lo ven como un pragmático que regirá desde el centro, a pesar de su plataforma de campaña. También están de acuerdo con David Brooks, columnista conservador que solía admirar el temperamento de Obama y su carácter. Mr. Brooks dice ahora que Mitt Romney es “más probable que consiga las grandes cosas que están por hacer”.

El problema es que en esta ocasión Obama no se ha molestado en hacer campaña de cara a los grandes temas. Él ha hecho campaña sobre temas pequeños. Sabemos cuál es su posición sobre la contracepción libre (no exactamente la mayor prioridad para los votantes en estos días), y sabemos que quiere gravar a los ricos. Pero, ¿cuál es el plan a largo plazo? ¿Cuál es su visión para los próximos cuatro años? Si la tiene, la ha mantenido bien oculta. Sorprendentemente, ambos candidatos han logrado pasarse toda la campaña electoral evitando cualquier mención al abismo fiscal de Estados Unidos. Hay una manada de elefantes en la sala, y todos son invisibles.

Cuanto más  escucho a mis amigos americanos, más convencida estoy de que Barack Obama no merece ganar. Claro, él recibió una situación difícil. Pero desperdició su capital político y sus oportunidades. El problema es que estoy bastante segura de que el otro no merece ganar tampoco. ¡Buena suerte, Jim! La vas a necesitar.

Cortesía, The Globe and Mail. Traducción, Neo Club Press

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