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Por qué la muerte no existe

Por qué la muerte no existe

Por qué la muerte no existe
mayo 20
13:33 2015

La muerte no existe. Esto lo he afirmado ya muchas veces, pero como nadie aquí, en este preciso tiempo y lugar, puede comprobarlo, suena a mentira piadosa. En cualquier caso, lo cierto es que no existe. En realidad la muerte constituye un tránsito hacia otro nivel de aprendizaje que no nos puede ser revelado aún. Tengo pruebas. Escribiré en su momento un libro sobre eso: Por qué la muerte no existe.

Por lo pronto, solo digo que la muerte debería ser una celebración. En lugar de llorar, deberíamos festejar la muerte de nuestro ser querido como una especie de graduación. Con “la muerte” –entrecomillo para hacerme entender–, el ser parte hacia otras escalas de conocimiento. Ya aprendió, aquí y ahora, lo que tenía que aprender. Pero somos egotistas y, en lugar de festejar, lloramos.

Las pruebas de que no existe la muerte tal y como la concebimos, o nos la enseñan tradicionalmente, pueden resumirse en una frase (de manera que no haya que esperar al libro al que refería antes):

Tanta casualidad no puede ser casual.

Saber resulta, si lo miramos bien, el gran propósito de la existencia, del universo, de Dios (lo que quiera que Dios signifique o sea). Por eso tiene lógica que la muerte no constituya más que otra puerta abierta en el tránsito hacia el conocimiento. Solo hay que ver que a nuestra escala vivencial aprender, saber algo, es lo máximo, la meta de las metas. ¿Acaso el hombre mismo no es la cima de la evolución en la Tierra, en este set o chapter? Y lo es porque, a diferencia de los otros animales, crea, comercia y distribuye conocimiento, porque sabe hacer cosas.

Seguramente el aprendizaje constituye un proceso inconsciente, resuelto a través de la experiencia directa. Por eso confundimos este set de la existencia con una única vida, porque si supiéramos que hay otras secuencias esperándonos, otras vidas, no “prestaríamos atención”, no viviríamos con intensidad y por tanto no aprenderíamos en carne propia.

La evolución a través de los distintos sets (“vidas”, para entendernos mejor), sospecho, busca alcanzar la sabiduría eterna, que es entrega –enseñanza-aprendizaje–, y solo el amor se entrega. Esa es la gran revelación.

Así, en lo personal, 15 años después de haber dejado Cuba no recuerdo ni el nombre de las calles a dos cuadras de la calle donde viví por 25 años seguidos en La Habana. En cambio, tras el paulatino olvido de esos detalles irrelevantes, y muchos otros, me he descubierto a mí mismo. La maldita circunstancia de la isla por todas partes me impedía saber quién era, qué había venido a hacer a este set perdido a un costado de la galaxia. Porque no se trata de memorizar, o de recordar, o de permanecer, sino de aprender. Eso es la vida. Una escuela de nadie al aire libre.

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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6 comentarios

  1. Manuel Gayol Mecías
    Manuel Gayol Mecías mayo 25, 23:25

    Coincido totalmente con Añel. He escrito y publicado escritos sobre la muerte en un sentido muy parecido al de Añel. Estamos, ambos, en la misma sincronicidad de evolución. La muerte es un cambio; un cambio de vida para mejor. Yo también lo sé. Me he salvado varias veces de la muerte, porque todavía tengo que publicar cosas que tengo en el tintero. Pero además todas las veces que he estado en riesgo, les juro que no he sentido miedo. Sé y siento que algo muy bueno nos espera. La muerte es vital, porque es vida lo que nos espera; y asimismo creo que después hay cosas extraordinarias como la imaginación. Siempre he creído y estoy seguro que todo lo que podamos imaginar se convierte, o se puede -si uno quiere- convertir en realidad. Solo lo que tenemos que hacer es tener fe en algo que somos nosotros mismos más allá de la muerte; fe e imaginación; la imaginación nos salva, y cuando hablo de fe y de imaginación no estoy refiriéndome a ninguna religión. El templo de nuestra fe y nuestra imaginación somos nosotros mismos; templo que está dentro de nuestro cuerpo y aun más allá de nuestro cuerpo. Somos seres cuánticos, y coimo tales, más tarde o más temprano damos el salto interior, justo y necesario para vivir eternamente. Gracias Armando, amigo mío.

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  2. Amanda R. Pérez Morales
    Amanda R. Pérez Morales mayo 26, 04:36

    Ya lo dijo Platón, en La República y en Phaedro: lo que hemos venido a hacer aquí, es a recordar.El verdadero conocimiento es aquel que viene cuando el alma abandona nuestro cuerpo, se va a recorrer el mundo de las ideas y a aprehender todo aquello que luego, nuevamente aquí, iremos reaprendiendo. Algunas cosas se vuelven fundamentales y otras no, y así vivimos diariamente, hasta que nuestra alma se va, otra vez, de paseo. Es por ello que coincido contigo,Añel, que entender la “muerte” como el fin, no es una buena idea. Porque con ella, lo que hacemos es, literalemtne, comenzar a conocernos y a conocer el mundo. Más bien podríamos proponer que la “muerte” sí existe, pero no muerta, sino viva, vivísima… Gracias por compartir este artículo.

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  3. Armando Añel
    Armando Añel mayo 26, 16:03

    Ante tan inteligentes y generosos comentarios solo puedo aplaudir y agradecerles, queridos amigos.

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  4. Tony Ramos Z.
    Tony Ramos Z. mayo 27, 01:55

    La muerte como el amor son los misterios grandes del universo. No sabemos si vamos al cielo, pero sí que nos volvemos ceniza y memoria. Las huellas son parte del tránsito. Para los cátaros, y para Giordano Bruno, que no temía, la muerte era una migración a una realidad desconocida y vindicativa, el estado supra consciente. Y no era una convicción bíblica o teosófica. Hay muertes que no cuentan, pero otras tienen un objetivo. A nivel simbólico es permanecer en estado de espíritu inmanente, el otro Yo en otra forma inmaterial. Debe existir alguna forma de permanencia más allá de la lápida, o del olvido. Pero qué es un suspiro en el tiempo del universo, por eso lo ignoramos, pero hay un retorno. Todas las filosofías no materialistas lo dicen, y la prueba es uno cuando habla con fantasmas. La muerte que no existe es la importancia que uno le da a la trascendencia, ni la ciencia niega que hay trasmutación, solo que no sabemos cuál es el próximo escalón o destino. En la novela “Cornatel, el secreto español” está claro: no hay muerte si no quieres morir, solo hay una provisoria ausencia y luego el retorno. El tema es apasionante. Martí no creía en la muerte y creía en la resurrección. Gracias Armando por el aporte y hacernos pensar.

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  5. POTOTO
    POTOTO mayo 28, 12:03

    lA MUERTE ES REAL Y FINAL. NADIE REGRESA!!

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  6. Tres Patines
    Tres Patines mayo 29, 13:57

    Pototo, donde dejaste a Filomeno?

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