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Prebendas para un secuestro: Un pueblo en fuga

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Prebendas para un secuestro: Un pueblo en fuga

Prebendas para un secuestro: Un pueblo en fuga
diciembre 16
15:55 2015

 

El convencimiento de que definitivamente no hay futuro, incluso para mayorías que habían quedado apresadas en una realidad inexistente, inventada por otros, sumado a los rumores acerca de la Ley de Ajuste, ha lanzado a la población de Cuba, y mayormente a los jóvenes, a un nuevo éxodo masivo. “Año de contención de la estampida” debería nombrar al 2016 el monárquico periódico Granma.

Servicios Médicos de “primer mundo”, gratuitos, educación a todos los niveles, también libre de costos, y hace 56 años se van los cubanos de la Isla. Quien desconoce o ha estado desinformado de la realidad cubana, probablemente se pregunte: ¿Cómo es posible que este fenómeno tenga escenario en un país que proclama ser paraíso de las conquistas y facilidades sociales? Tal vez encontremos la respuesta en la raíz del asunto, en su errada esencia.

De la asistencia médica:

En Cuba, como en todo régimen tiránico, existe una relación muy desfavorable entre Estado y el pueblo.  Desde que la persona nace y comienza a utilizar los servicios de salud, contrae una deuda que además de ser eterna tiene una característica muy especial: el deudor desconoce la cuantía y los términos. Lo cual es muy favorable para el régimen totalitario, quien procede de inmediato a imponer un chantaje perenne, sujeto de cada discurso, de cada argumento. La Revolución te lo da todo y es de por vida.

La salud publica socialista, bien cuando era patrocinada por el comunismo europeo o la que advertimos hoy, abandonada a una inercia de abrumadora ineficiencia, fue desde 1959 un arma de manipulación masiva. Como es gratuita, no hay derecho a reproche, y menos aún a que persona o grupo que no sea el Estado pueda crear un sistema en paralelo con la intensión de dar un mejor servicio o al menos provocar la mejoría del existente. En una manifiesta ausencia de libertad donde quedamos sometidos a merced de una sola variante. Mas el socialismo, tras la cortina del bien común, logra que las mayorías perciban exactamente lo contrario.

Opción única, que según la cúpula a cargo del guion, ha costado enormes sumas mantener. Máxime en las adversas condiciones del mal llamado “Periodo Especial”. Como si se tratase de una catástrofe atmosférica y no el resultado de haber desarticulado y convertido al país en parasito perpetuo de la izquierda internacional. Enormes sumas, claro, de equipamiento y materiales de toda índole, donados por el extinto campo socialista. Salarios nominalmente obsoletos, ínfimos, a constructores de hospitales y a médicos, quienes hoy prefieren trabajar en el exterior, aunque sea el Amazonas, por el uno por ciento del convenio. O abandonar definitivamente la isla. Millones, sí, de risibles pesos cubanos, moneda que la misma Revolución desvalorizó.

A diferencia de la predica oficial, cuya referencia autorizada es el capitalismo de 1950, en el mundo libre los sistemas de salud han evolucionado desde entonces. En la mayoría de las sociedades desarrolladas, existen dos opciones básicas, la pública y la privada. El individuo es libre de seleccionar, según sus ingresos y prioridades, cuál vía utilizar. Con sus conocidas deficiencias, la medicina pública, a la que acuden muchos en Europa, es gratuita. Hoy, de calidad notablemente superior a la que se exhibe en Cuba.

En Estados Unidos, donde el costo es elevado para deleite de la retórica castrista, la persona es también independiente de suscribirse al seguro médico que le resulte conveniente. Los hospitales y las clínicas hacen arreglos de pago cuando el paciente no está asegurado, y en ocasiones instituciones caritativas logran reducir o cancelar la factura. No sin mencionar que los ancianos y los niños son beneficiados con los programas del gobierno.

De la educación:

Otras de las llamadas conquistas sociales, donde el Estado cubano aplica la misma fórmula y consiguientemente obtiene idénticos resultados, es la educación. Entre consignas de ayer y hoy, no es objetivo que el ciudadano conozca cuánto le debe al estado por haber ido a la escuela. Parece ser que antes de 1959 no existían las escuelas públicas. Bueno, según la doctrina “todas eran extremadamente deficientes”.

Aquí el aparato propagandístico hace una hábil y sutil división. Por una parte, las enseñanzas primarias, entiéndase hasta el Bachillerato o Pre, y en un segundo orden la Educación Superior. Con el primer conjunto, la era socialista, queda automáticamente en ventaja, pues como ya comentábamos degradan a totalidad la etapa anterior y, en adición, ocultan que en muchos lugares del planeta, incluso en el mercantilista “Imperio del norte”, la enseñanza pública, hasta ese nivel, es también gratuita. Donde en ningún caso desaparece la opción de asistir a una escuela privada.

Luego, con el segundo grupo, consiguen el mayor impacto. Omiten, nuevamente, que existen Universidades Públicas en todas partes, muchas muy notorias y accesibles para estudiantes con talento. Pero donde efectúan la peor manipulación es en los costos. Veámoslo en pocas palabras.

Primero, es una formación que ha costado bien poco al Estado socialista, pues el salario, ya sea de un maestro de primaria o de un profesor universitario, es desastrosamente bajo. Como bien conocemos, un promedio equivalente a 25 dólares mensuales. Segundo, los libros son los mismos desde hace muchos años, y en su mayoría venían de las editoras soviéticas traducidos al español. Escuelas que ya estaban construidas en similares circunstancias que los hospitales, a golpe de moneda nacional y con materiales regalados por Europa del Este. En pesos y sobre el peso del pueblo.

En cambio, el reporte oficial ha tomado siempre, muy a conveniencia, los costos en dólares de un país desarrollado. ¿Cuánto te hubiera costado esa carrera en los Estados Unidos?

Esta absurda fusión de dos contextos totalmente diferentes, pasa desapercibida ante los encandilados seguidores del castrismo. Víctimas de otra maniobra, una vez más, aprecian exactamente lo contrario. La glorificada ideología les ha extirpado la capacidad de análisis. Cegados por el temor histórico de tener que buscarse la vida si salen a superficie, prefieren que sus ídolos les provean y les expliquen todo. Formados bajo el discurso de izquierda, demandan del Estado toda respuesta inmediata a sus carencias, desechando cualquier razonamiento.

Ante la evidente debacle, emigran alegando razones económicas, como si la desastrosa política de los entronizados gerentes no fuera la causante del hundimiento material de Cuba.

Ignoran, casi a conciencia, que en las economías no secuestradas un profesor gana decenas de miles al año o más, pues forma parte de la evolución del sistema donde vive y se ha formado. El costo de la enseñanza no es una cifra determinada y manipulada por “expertos” de la economía centralizada, sino el compendio de gastos de todo el personal, la base material, los medios, la construcción o el mantenimiento de los Institutos, el acceso a información, entre otros, que en condiciones de libre mercado participan en la formación del estudiante.

El Estado cubano, a pesar de haber tenido el poder absoluto sobre todos los recursos, no ha sido capaz de defender su propia ideología con hechos. El comunismo, o lo que sea que impusieron en Cuba, es un fracaso rotundo. Consecuencia de operar una sociedad como si se tratase de un experimento de vasos comunicantes, donde curiosamente los recursos, a excepción de aquellos que derrocha la camarilla que gobierna, deben permanecer al mismo nivel para todos.

La presente crisis migratoria, protagonizada por varios miles de cubanos hacinados en Costa Rica y Panamá, además de otros grupos diseminados por Latinoamérica, es grieta mayor dentro la emigración continuada que ha experimentado Cuba desde 1959. Actualmente, ni siquiera la falacia de las deterioradas conquistas sociales, que antes parecían sujetar ciertos estratos, está funcionando. Se trata de un pueblo en fuga, cuando quienes deberían expatriarse, desde hace mucho tiempo, son el sistema y los opresores que lo sostienen.

Sobre el autor

Erick Nogueira

Erick Nogueira

Erick Nogueira (La Habana, 1976) es graduado de Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana en 2005. Graduado de Técnico Medio de Química (La Habana 1995). En la actualidad reside en Miami y es Ejecutivo de Ventas para Limco Logistics Inc., así como administrador de Dumemotors Trading Corp. Es aficionado a la Historia y los fenómenos sociales.

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