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Primero de mayo: Del inmovilismo y la transición en Cuba

Primero de mayo: Del inmovilismo y la transición en Cuba

mayo 01
03:13 2011

1-DesfileMuchas cosas parecen moverse en Cuba este primero de mayo, sin que se mueva ninguna. La esperanza flota en el ambiente pero, contradiciendo el ansia reformista de algunos expertos, y aun las insinuaciones revisionistas de la esfera gobernante, las políticas de restricción no sólo continúan vigentes, sino que el régimen emprende otras nuevas.

Y ni siquiera puede argüirse que el VI Congreso tiene algo que ver.

Ya en 2008 –por poner un ejemplo–, un decreto firmado por Raúl Castro en la Gaceta Oficial de Cuba reforzaba el control del gobierno sobre sus bienes y activos, castigando a los trabajadores con descuentos salariales. Ese mismo año, la dirigencia estableció impuestos sobre las gratificaciones en moneda fuerte percibidas por los empleados cubanos de empresas extranjeras y oficinas consulares. Estas medidas, como las emanadas del último Congreso Comunista, contradicen abiertamente el supuesto espíritu aperturista del raulismo.

Tampoco la represión pura y dura ha menguado. La vieja táctica fascista de los mítines de repudio ha vuelto por sus fueros, mayormente enfilada contra la disidencia pública, mientras el chantaje institucional y los maltratos a la oposición siguen a la orden del día. El destierro de decenas de presos políticos no constituyó más que una maniobra de distracción con la que la Iglesia Católica y el gobierno socialista español colaboraron, quitándole un peso muerto de encima al castrismo.

Tres son los factores que conspiran contra una verdadera transición en Cuba:

-Como respondió a un corresponsal extranjero un actor residente en la Isla, el problema cubano es sistémico. “La dirigencia quiere permanecer donde está, porque de eso vive”. Indudablemente, la clase gobernante defenderá con uñas y dientes sus prerrogativas y privilegios, poniendo cuantos obstáculos estén a su alcance –incluido el de la violencia a gran escala– para impedir la apertura.

-Relacionado con lo anterior: el aparato de control social continúa haciendo su trabajo con efectividad. De él no sólo forman parte los soplones, la policía política o las brigadas paramilitares, sino las “jabitas”, las “misiones” al exterior y, en general, el tenebroso sistema de coerción gracias al que, por ejemplo, los trabajadores del sector turístico acuden en masa a las movilizaciones gubernamentales y/o acatan las reglas de juego oficialistas: de ello depende la conservación de su empleo, codiciadísimo en la Cuba de la doble moneda. Lo veremos este primero de mayo.

-Relacionado con esto último. Más de medio siglo de control social, desinformación y sobrepolitización han dado a luz una sociedad descreída, irresponsable, que no cree en la política y que por tanto no aspira a transformarla. Una sociedad que vegeta, huye o se burla –una sociedad hastiada–, pero frecuentemente incapaz de hacerse cargo de su destino.

Asimismo, son tres los factores a favor de un cambio significativo, o por lo menos sustancial:

-La certeza social de que Fidel Castro ha quedado definitivamente incapacitado para ejercer el poder y que, consecuentemente, se abre un período esperanzador para el país. El hermano menor debe ofrecer soluciones concretas y llevarlas a la práctica con alguna celeridad. Cualquier episodio imprevisto, aun el más trivial, podría resultar el detonante de la expectativa frustrada.

-El llamado de Raúl Castro a realizar asambleas sectoriales de debate, de las que supuestamente emergerían los cambios necesarios para relanzar el proyecto, demostró su falsedad en el VI Congreso del PCC.  Sencillamente, fueron ninguneadas aquellas propuestas populares que no se avenían al “carácter socialista de la revolución”.  Es decir, ahora se tiene mucho más claro que no hay un ápice de seriedad ni sinceridad en el hermano menor, como algunos ilusos creían.

-El proceso de descomposición mediática que desde hace años padece el castrismo, se ha acelerado con la agonía de Fidel Castro, el ascenso de dinosaurios como Machado Ventura y la eliminación de las generaciones intermedias en la cadena de mando. La gerontocracia le ha arrancado el pescuezo al relevo, y la sucesión contemplada es la dinástica. El constante éxodo de personalidades de la cultura y la farándula echa más leña al fuego de la debacle simbólica.

La pregunta es: ¿El pueblo cubano está perdiendo el miedo? Moribundo el máximo responsable, y en proceso de extinción la gerontocracia, ¿se alista la sociedad interior para emprender una verdadera transición? Son tres contra tres los factores a considerar en un lustro crucial para Cuba.

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