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Prometheus o los dioses tontos de Ridley Scott

Prometheus o los dioses tontos de Ridley Scott

junio 10
03:59 2012

1-0_aa_Prometheus2“Prometheus”, de Ridley Scott, ha entrado con buen pie a su mercado natural. La película recaudó 21,4 millones de dólares el viernes de su estreno en Estados Unidos, es decir, ayer mismo. Una producción protagonizada por Noomi Rapace, Idris Elba, Michael Fassbender y Charlize Theron, con guión de Jon Spaihts y Damon Lindelof, y dirigida por el creador de clásicos como “Alien” y “Blade Runner”, no podía apuntar a otro blanco que el éxito en taquilla. Incluso a uno adicional: convertirse en una obra maestra.

Esto último sin embargo, lamentablemente, no me parece que vaya a suceder.

Varias son las virtudes de “Prometheus”. Empezando por su ritmo e intensidad. Se trata de un filme de dos horas que se ve “en una”. De la mano de una puesta en escena electrizante, apabullado por un despliegue visual hipnotizador, el espectador se deja llevar sin apenas percatarse. “Prometheus” es comida rápida: las situaciones se suceden vertiginosas en el marco despampanante de un porvenir implacable. Apenas tiene lugar el descubrimiento de la pintura rupestre que ofrece la pista de la aventura estelar posterior, cuando ya la nave que lleva el nombre de la película parte hacia su destino, en busca del secreto de la vida. El filme se mete en su piel sin preámbulos ni rodeos. Corta y pega, y lo hace armoniosamente.

Otra de las virtudes de la cinta radica en su plasticidad. Actuaciones y escenarios se complementan, regalándonos un producto visual de exquisita factura. La escena de un primer Prometeo –llamémosles así a los dioses albinos que según sugiere el guión crearon la vida en la Tierra—bebiendo el venenoso elixir de la creación para luego agrietarse, descomponerse y saltar hacia el abismo donde corren las aguas del origen, es espectacular. También el momento en que Noomi Rapace logra desprenderse del feto alienígena que tronaba en sus entrañas. Terror a todo tren, en la mejor tradición del Alien de 1979.

Es el guión, no obstante, y paradójicamente, el que desvirtúa todo el engranaje. La película no se sostiene en el contenido, aun cuando sobresale en la forma. Una escena en particular resume la ingenuidad conceptual de “Prometheus”, el momento en que uno de los dioses albinos es rescatado de su hibernación por el robot de los exploradores terrícolas (Michael Fassbender). Prometeo despierta, observa a las criaturas humanas que supuestamente su raza creara miles de años atrás y, sorprendentemente, la emprende a golpes con ellas. En pleno 2093 y de cara a un acontecimiento tan extraordinario, al dios tonto, y silente, de Ridley Scott no se le ocurre nada mejor que destruir a sus frágiles descubridores. Un lugar común de pesadilla.

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