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A propósito de Mala Fe y sus aliados

A propósito de Mala Fe y sus aliados

A propósito de Mala Fe y sus aliados
septiembre 19
15:28 2014

La  primera vez que miré la imagen de una aplanadora destruyendo discos tuve la impresión de que unos trogloditas extremistas arruinaban la reputación de lo que quedaba del llamado “exilio cubano”. No  creo en extremismos y respeto la opinión ajena siempre y cuando se respete la mía, mayormente de la gente que piensa como yo.  Pero quiero reflexionar sobre la presentación del llamado dúo Buena Fe, que por cierto se crea copiando o coincidentemente con un nombre muy similar a un personaje que yo creé, que fue premiado en un concurso público y luego publicado como parte de un libro de cuentos, precisamente en mi Guantánamo natal.

Poco tiempo después, aparece Buena Fe. Tengo dos de sus discos y punto aparte de alguna canción que habla de nuestro mundo, del primero,  con total desconocimiento de causa, me parecieron más o menos buenos.  Luego me entero que Israel había sido una especie de censor o algo así del Ministerio del Interior convertido en cantante sabrá Dios con qué permiso o intención, pero con mediana calidad.  Parece que son muy famosos y también que se conocen ya en varios países como parte de una cultura oficial cubana con aires de supuesta modernidad.

Hasta ahí queda el asunto. Uno más de los que vienen y que tienen público, porque hay muchos jóvenes recién llegados que crecieron con su música y que los admiran. Bien. A ellos no les tocó la confiscación de las propiedades, el UMAP, ni los fusilamientos o los largos años de cárcel. Yo comprendo. Eso le tocó más que nada al llamado “exilio histórico”, que ha visto pasar sus mejores años envejeciendo y tragándose su rabia y su odio, nacidos de un por qué y no de la nada.  ¿Cómo perdonar los abusos de que fueron víctimas? ¿Cómo denigrar su condición patriótica porque no olvidan que le robaron su patria, que le quitaron el esfuerzo de su vida o le asesinaron a algún familiar y para colmo en muchos casos encerrados en cárceles sin ningún respeto por la vida y la dignidad humana?

Pero ahí no para el asunto. Ayer viernes 18 de septiembre de 2014 no murió la esperanza. Frente a la desidia, la conveniencia o el simple derecho de no protestar contra representantes del régimen cubano, se alzó una combinación de jóvenes, viejos y no tan viejos para recordar que aquí nos refugiamos para escapar del infierno que defiende Buena Fe.  ¡Bravo por ellos! Y allá ellos, los oportunistas que se burlan del dolor de casi sesenta años y que disfrutan del Norte y están todavía conectados a la Isla de las Mentiras. Y conste que no hablo de los múltiples agentes que andan por ahí sino de simples “apolíticos” o simpatizantes de lo que para gente como yo es una tiranía.

Buena Fe de mala fe en MiamiAhora bien. Ellos tenían derecho a presentarse. Ellos utilizaron la libertad de expresión que se niega en Cuba para ofendernos y ofender a los mayores y las mujeres opositoras pero ellos recibieron protección policial mientras en la isla de donde proceden los individuos de mala fe se abusa de mujeres opositoras, se les golpea, se les maltrata como a cualquier otro disidente. Y claro, se atreven a llamarlas puñeteras, a usar un lenguaje soez que jamás utilizaron en la República ni siquiera los viejos comunistas. Ese es el hombre nuevo cantando. ¿Algo de talento? Tal vez.  Pero moral y amor, no lo creo. Ellos son de la misma calaña que los represores de allá, incluyendo la fauna de los vejetes arrogantes y abusivos. La decadencia de la Isla miserable se refleja en los hombres que forman ese dúo.

Pero yo quiero pensar en algo diferente. ¿Qué tal si compramos entradas la próxima vez que los comisarios disfrazados de artistas lleguen a la arena de Miami? ¿Por qué no controlamos la irracionalidad emocional de nuestro odio y les pagamos con la misma moneda? Sería bueno entrar a esos lugares y usando la libertad de expresión sacar carteles, cantar el himno nacional, interrumpir sus actos y dispersarnos entre los “amantes” de ellos.  Cuando se pretenda reprimir un grupo, aparecería otro y otro y así durante el llamado concierto hasta que se hiciera imposible su presentación.  Así lo veo.

Hay una manipulación maquiavélica detrás de estos incidentes, una mente gris que está elaborando el desprestigio del exilio y de los opositores con el arma de la cultura. No es hora de dejarnos guiar por lo irracional. Debemos ser tan racionales como para destruir ese plan y ponerlos en ridículo.  No podemos permitir que se nos humille a los que sí pensamos que la dictadura cubana es dictadura y punto. Y con el mismo valor que se ataque de frente, en silencio podemos llegar a desprestigiarlos, a hacerlos morder la humillación para que no se aparezcan más con su arrogancia por acá, o se atengan a las consecuencias.

Sobre el autor

Julio Benítez

Julio Benítez

Julio Benítez (Guantánamo, 1951) es profesor y escritor. Fue activista de los derechos humanos en Cuba. Ha publicado, entre otros libros, “En Glendale no hay ladrones”, “Las tres muertes de Gurrumina Robinsón”, “La reunión de los dioses” y “El rey mago”. Obtuvo el premio Regino Boti en 1990. Actualmente reside en Los Ángeles, California.

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