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¿A qué le tienen miedo?

¿A qué le tienen miedo?

¿A qué le tienen miedo?
diciembre 31
00:28 2014

Cuando la verdad parece ser la libre expresión, cuando el pueblo decide por sí mismo, cuando una voz que disiente resuelve manifestarse, entonces aparece la sombra de la represión, el abuso y la égida dictatorial en su completo uniforme.

El miedo no es a que se contamine el pueblo, o quizás sí y ellos deciden expresarse libremente y decir en masa lo que hasta hoy ha sido privilegio cercenado de los valientes que no comparten los dogmas de dos viejos dictadores y sus secuaces. Parecería mi lenguaje cosa de resentido y de exiliado con armas verbales sin cadenas; pero qué puedo decir sino que el abuso se ha legitimado nuevamente  como ha ocurrido una y otra vez por más cincuenta años de prisiones, fusilamientos y ostracismo y como cubano nacido allá tengo todo el derecho a comentar lo que vi en mi país.

El gobierno de Cuba es culpable del miedo y a la vez es patéticamente asustadizo. Y podría decir aquel que aún los apoya que no hay gente más valiente en el hemisferio occidental que haya tenido los santos mandados de enfrentarse a los yanquis.  Yo me pregunto si es así por qué esa obsesión con la unanimidad, el control de la palabra ajena y la manifestación artística. Claro que la razón viene desde la autocracia caribeña y la herencia de España junto al empecinamiento por el pasado,  porque eso personifica el desgobierno de La Habana.

Ellos representan el pasado que destruyó la Isla rica y productiva de antaño, que cerró los prestigiosos diarios y revistas que recorrían el continente y que martirizó por igual, hasta el más cruel ensañamiento, desde al intelectual independiente o  al pensador divergente hasta al hombre de pueblo que no concordaba con sus planes. La política de terror por el Estado no ha hecho más que destruir  lo mejor del cubano.  Nos convirtieron en una nación llena de mendigos que callan ante los abusos pero reclaman al de afuera su cuota de bienestar. Nos olvidamos que discutir no es gritar a voces, sino intercambiar opiniones sin faltarnos el respeto y para el bien de los adversarios.

Alguno me criticará porque no estoy en desacuerdo con el restablecimiento de relaciones con el gigante del Norte y dirá y a qué viene esto ahora. Yo respondo con mi único credo. Los países se arreglan entre ellos a través de la diplomacia y a conveniencia de sus gobiernos pero los pueblos son responsables por acorralar el abuso y mandar el miedo a la misma cloaca que sus gobernantes abusivos.

Si opinar es un crimen cuando va contra las reglas de los decrépitos comandantes, entonces vivan los criminales que comenten el delito de expresarse para bien de su gente, que es como adentrarse en la modernidad y la democracia. Todo parece indicar que contra una artista como Tania Bruguera se ha levantado en armas toda la ira prepotente de los sátrapas que tienen miedo a la verdad.

Ella merece nuestra solidaridad. Si ellos abusan del miedo con el pánico declarado y con la represión, que es su arma más poderosa, nosotros tenemos el deber humano de libremente denunciar los abusos y la falta de derechos de los que disienten. Si ellos no tienen miedo, ¿por qué controlan la economía y juegan a reformas que no son tales? ¿Por qué no permiten un plebiscito? ¿Por qué atropellan al hombre común, al artista y al disidente por el simple hecho de diferir de sus políticas y soñar con una Cuba inclusiva y no discriminatoria? Por esta razón y contra toda forma de represión,  Yo Opino También.

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Sobre el autor

Julio Benítez

Julio Benítez

Julio Benítez (Guantánamo, 1951) es profesor y escritor. Fue activista de los derechos humanos en Cuba. Ha publicado, entre otros libros, “En Glendale no hay ladrones”, “Las tres muertes de Gurrumina Robinsón”, “La reunión de los dioses” y “El rey mago”. Obtuvo el premio Regino Boti en 1990. Actualmente reside en Los Ángeles, California.

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