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‘Quemar las naves’, testimonio y lirismo

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‘Quemar las naves’, testimonio y lirismo

Jorge Olivera y su esposa Nancy Alfaya en el V Festival Vista de Miami

‘Quemar las naves’, testimonio y lirismo
diciembre 13
04:34 2016

 

Publicado en el 2015 por Neo Club Ediciones, Quemar las naves, del escritor y periodista habanero Jorge Olivera Castillo (1961), presentado por el también poeta y narrador Félix Luis Viera en la quinta edición del Festival Vista —exitosamente celebrado entre el jueves y el domingo pasados bajo la dirección de sus fundadores Idabell Rosales y Armando Añel—, es un hermoso cuaderno de amor, no obstante haber sido escrito tras las rejas de la prisión castrista.

Y ello, aunque se dice rápido, connota tres fundamentales virtudes innatas en el autor: abnegación, sacrificio y querencia por su eterna amada, con quien comparte desde décadas atrás su compleja existencia.

En consecuencia, el lirismo recorre muchos de sus versos, no por ello carentes de otras denotaciones, tales la ironía y la sugerencia, visibles en sus textos por lo general coloquiales, entre los que resaltan valores como la síntesis y la concisión, particularmente en sus epigramas.

Bajo el epígrafe de otro heroico prisionero del Gulag castrista y presidente del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio, el también poeta Ángel Cuadra, antepone en el frontispicio de su cuaderno los versos: “Y entretanto / morir apenas de humo / sobre el vaso”. Olivera evidencia a lo largo de su breve y contundente libro su talento, sus hondas lecturas y su praxis, al abordar un tema de grave envergadura sin apenas rozar el panfleto que hubiera oscurecido la luminosidad de sus textos, concebidos en la oquedad de su estrecha prisión.

Al contrario, rey de su castillo/cárcel, el poeta echa a volar su imago y entrega a la amada su haz de cálidos versos que, voces esperanzadoras y nunca claudicantes, no muestran comprensibles desgarramientos, tal acontece en otros poetas de otras latitudes. Distante y distinto, el creador cubano, sin un ápice de duda, marca con personal impronta sus textos, en los que subyace su absoluta creencia en el libertario futuro por el que lucha por su patria desde tiempo atrás.

Desde el primero (“Quemar las naves”), hasta el último (“Epílogo”), se disfrutan poemas no menos imprescindibles, a través de los que el lector visiona un tiempo de durísima mazmorra/ergástula, desde la que el autor confiesa: “Soy el que se balancea en la cuerda floja / el que no se va a caer / y avanza hacia la luz / aunque resoplen las tinieblas / y silbe el tajo del odio / entre la piel y el vacío.” (“Equilibrio”).

La hombradía del poeta/prisionero se vislumbra en textos como “Insomnio”, en cuya cuarta y última estrofa, subraya, con la honestidad y el civismo que lo llevaran a la cárcel: “Mientras voy clasificando las exigencias / pienso en el alba / en su lejanía / en la parsimonia de su andadura / y en el grato momento / de derrumbarme como si fuera a morir / sobre la misma cama / donde la noche me tortura”.

Tal dije antes, la síntesis y la concisión definen su discurso, más aún en los epigramas, combinados con una fina ironía, rasgo que le permite distanciarse del objeto poético, tal acontece en “La nueva clase”: “He aprendido que las máscaras / son las madres legítimas de las fábulas. / Detrás de esa prolífica comunidad / pudieras encontrar algún rastro humano.”

El tono coloquial no menos se corrobora en “Conformidad”, cuyos versos de nuevo evidencian la finísima ironía utilizada por el poeta: “Me conformaría con una mínima porción de tu mirada / dispuesta a habitar en cualquier territorio / de mi existencia / inmune a los plagios / y asegurada contra la dudosa competencia / de los intermediarios.”

Ironía y coloquialismo se confabulan con el humor en “Mensaje impreso”, donde escribe: “Sobre el témpano de hielo / una nota escrita a relieve: / no tuve problemas con el frío / con el hambre tampoco / mi muerte fue de aburrimiento.”

Un poema de valía es “Como…”, donde Olivera revela nostalgia y amor por su lejana esposa, sentimiento que no suele confesar en sus textos, pero sí con hondura en esta ocasión: “Como una fruta abierta al mundo / mi melancolía / la nostalgia sazonada / con el fino aroma de tus palabras. // Como el choque de espadas en duelo / la ocasión de verte en una fotografía / manchada por el tiempo / y con un ruido metálico que me transmite / en esta noche de abril / los peores augurios.”

Otro sentir comprensible en el preso/poeta es el erotismo al recordar la amada, a la que le pide en “Personal e intransferible”: “Deja ya de asomarte en el borde del agujero / y comienza a domesticar mis ansiedades. // Entra con pasos seguros / desnuda y con una flor entre las manos. // No temas / aquí no hay rincones oscuros / ni laberintos empedrados / ni ojos indiscretos que te ruboricen / solo confesiones acabadas de pulir / y deseos ardiendo / como hogueras medievales.”

“Debajo de las pálidas cenizas / palpita todavía / el jubiloso cantar de aquella hoguera”, versos del gran poeta cubano Gastón Baquero, inician la segunda sección del volumen, donde Olivera Castillo agudiza aún más su tono epigramático: “Despabiladas / puntuales / testarudas / orgullosas / así son ellas: / las zozobras.” (“Retrato hablado”),

Otro ejemplo es “Trofeo”, en cuyos cuatro versos el poeta ironiza aún más su decir: “Una navaja de doble filo encerrada en el puño / la sangre saliendo a raudales / y el hombre que grita a los cuatro vientos: / ¡He atrapado el porvenir!”

“Metamorfosis” se me antoja un [posible] poema dedicado al asesino argentino, ya que de alguna manera y sin quererlo, Olivera traza un [posible] retrato de su estatua erigida en la ciudad de Santa Clara: “Lleva puesto un traje con el color de la piedra / la vista permanece fija en la acrobacia del polvo. / Dicen que era un guerrero implacable / en los campos de batalla. / Ahora es arquetipo de la morosidad / paradigma del silencio / una estatua de mármol / donde reposan las palomas.”

Resulta singular por su brevedad e ironía “A quien pueda interesar”, donde el poeta evoca los continuos asaltos a disidentes cubanos, perpetrados comúnmente en sus hogares de madrugada por gendarmes del Ministerio del Interior: “No encontrarás monedas de oro / ni crucifijos de plata labrados / ni zafiros de agua / ni diamantes / ¿qué cosa de valor puede haber / entre tantos rencores acumulados?”

Del propio modo, es directo y tajante cuando confiesa, con la sabiduría otorgada por la experiencia: “La historia es una cárcel de mayor rigor / sale al patio cada vez que puedas / no pienses en la fuga / es inútil y peligroso.”

Ya cerca del final, en “Heredad”, el poeta entrega un texto definitorio por su carga histórica y, a un tiempo, augural, características que dimensionan su notable expresión: “Este es el país que me legaron las turbulencias / el lugar donde la tierra masculla versos de lodos y neblinas / los ámbitos en que el aire prefiere la desnudez / y se roba los panes. / Lástima que no haya espejos / para ver tan siquiera el perfil de los bosques / y el lento aterrizaje del asombro / sobre el rostro de la luna. // Este es el país que me legaron las turbulencias / el mismo que continúa tambaleándose / mientras cada ciudadano sigue empeñado / en el urgente reemplazo de sus parches.”

Por fin, Quemar las naves, otro meritorio título publicado por Neo Club Ediciones en su Colección Poesía, constituye un valioso testimonio del cubano Jorge Olivera Castillo, quien en sus acertados poemas refiere —sin panfletarios versos y con acento lírico— los sufrimientos padecidos en la Isla Gulag por cientos de valientes que disienten de la dictadura.

Sobre el autor

Waldo González López

Waldo González López

Poeta, ensayista, crítico teatral y literario, periodista cultural, es graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios, 6 libros de ensayo y crítica literaria, diversas antologías de poesía, décima y teatro, desde su arribo a Miami (2011) ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor del 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012, colabora con las webs teatroenmiami.com (Miami), Encuentro de la Cultura Cubana (España), Palabra Abierta (California), el Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), el blog Gaspar El Lugareño, la revista bimestral y digital Otro Lunes y la digital y en formato de papel Baquiana, por cuyas Ediciones Baquiana publicó en 2015, y en su Colección Poesía, su antología “Trazo estos signos en la arena”.

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