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¿Quién inventó a Fidel Castro?

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¿Quién inventó a Fidel Castro?

¿Quién inventó a Fidel Castro?
abril 07
09:20 2017

 

¿Quién inventó a Fidel? Dígase quiénes lo promovieron y financiaron. Dicen que la KGB soviética, el sionismo internacional, Herbert Matthews y el New York Times, el super millonario Rockefeller, la CIA, el “cuarto piso” (los liberales) del Departamento de Estado de Estados Unidos; y para el fraile Frei Betto, la divina providencia.

Quien haya sido, creó uno de los grandes personajes del espectáculo de la historia del siglo XX, descomunal ícono de la izquierda y los comunistas. El fallecido dictador Fidel Castro (52 años en el poder) ha sido comparado con el bíblico David y con Robin Hood, y desde luego con el terrífico Gran Hermano de Orwell, asimismo con un Midas comunista que muere multimillonario. El por qué, el cómo y el intríngulis del fenómeno castrista dan lugar a infinidad de elucubraciones en pro y en contra, unas insólitas, otras bordean la lógica y el rayito de luz.

En cuanto a fama, con casi 36 millones de resultados en el buscador de Google, Castro solo es superado por Mao (primer lugar, 136 millones), Hitler, Napoleón, Marx y Kim Jong Un de Corea del Norte, y está parejo con Lenin; más abajo figura Ernesto Che Guevara. La apología y la contra apología que aparecen en libros y noticias son apoteósicas, y estamos hablando de un abogado burgués convertido en guerrillero, luego en líder de la revolución cubana de 1959, más tarde en gobernante vitalicio de una isla caribeña, más que todo conocida por su industria azucarera, su tabaco, playas, rumba y bayuceo. Con la revolución comunista, Cuba se volvió una vitrina de sucesos para el mundo y bunker del antiimperialismo, sobre todo a partir de la crisis de los misiles de 1962. Hoy tiene menos vista, pero está de moda su encanto como museo del último comunismo.

Antes de ser Robin Hood…

Antes de ser Robin Hood, Castro presumía de martiano nacionalista, era un Mella irrealizado. Hijo de un terrateniente y educado por los jesuitas, era ambicioso y taimado, “gatillo alegre”, nacido para el poder. Nadie niega su protagonismo político: la agitación universitaria, el partido ortodoxo, la UIR (Unión Insurreccional Martiana), participa en la expedición antitrujillista a República Dominica (1947) y en el “bogotazo”, en Colombia (1948); gesta el ataque al cuartel Moncada (1953) contra la dictadura de Fulgencio Batista y se erige en Mesías con “La historia me absolverá”, un alegato que muchos comparan con una máxima de Hitler.

Es ingenuo minimizar su interacción ideológica con su hermano comunista Raúl, quien participa en el Festival Mundial de la Juventud, celebrado en Bucarest, Rumania, en 1953, el año en que Raúl conoce al ruso Nikolai S. Leonov, más tarde general de la KGV; siguen la amistad en México, en 1956, cuando ya se gestaba la expedición del Granma y había entrado en escena el Che, comunista profesional. Este temprano vínculo ruso-cubano de camaradas resulta clave en la evolución bolchevique-castrista, aunque algunos no lo vean así, lo niega el propio Leonov y cierto archivo desclasificado (1), pero es normal negar conspiraciones que minimizan la gesta de las masas.

Lo real es que Fidel nunca fue un demócrata convencido, ni un seguidor de José Martí, mucho menos en la época que le tocó vivir, compulsada por la cruda realidad capitalista y la fascinación de la utopía marxista-leninista que parecía funcionar en el Olimpo soviético. Castro, como se sabe, eligió la opción que había descubierto en el ensayo de Lenin “Qué hacer”, (2) una guía para la toma del poder, y en el “Manifiesto comunista”, de Marx, una de sus lecturas de juventud, aunque también leyó a Hitler y a Primo de Rivera.

El propio Castro, después de encubrir su verdadera ideología, terminó definiéndose marxista-leninista y asumiendo el estalinismo. Si acaso tuvo un sueño de grandeza, no debió concebirse de romántico Robin Hood, sino como el Alejandro Magno leninista de América latina y el tercer mundo, más acorde a su napoleónico egocentrismo. Nada que ver con Franco, Mussolini y Hitler. En su vocación caudillista es notable la personificación de sí mismo, mezcla de despotismo narcisista y sicología mesiánica, la suma de todo es la encarnación del Gran Hermano tropical, la tiranía eterna, el fidelismo. De ahí surge el castrismo, de la personalidad de un líder obsesionado con fabricar una sociedad a su imagen y semejanza, a sangre y fuego. ¿Lo pudo lograr? No del todo, la balsa y el exilio son pruebas.

¿Cómo Fidel se hizo comunista?

Castro evolucionó de la izquierda radical a la ortodoxia populista, también siguió al anarquista Emilio Tro, líder del UIR, y siempre mantuvo cercanía con el activismo comunista. Sacaba provecho oportunista de cualquier ideología o poder fáctico. Todos los que participaron a su lado en el “bogotazo” eran estudiantes universitarios comunistas: Rafael del Pino Siero, Alfredo Guevara y Enrique Ovares. Guevara además fue mentor de Raúl Castro y orientó a Fidel en su iniciación marxista, según algunas fuentes. Reconocidos miembros de la Juventud comunista giraron en la órbita fidelista: Leonel Soto Prieto, Flavio Bravo, Luis Más Martín, Ñico López. Está probado que dos comunistas fundamentalistas y fidelistas eran de la KGB, Fabio Grobart y Osvaldo Sánchez Cabrera, fundador del G-2. Según José Ignacio Rasco (3), muchos simpatizantes comunistas lo seguían: Ladislao Carbajal, Filiberto Cruz, Baudilio Castellanos, Benito Besada, Walterio Carbonell, Álvarez Ríos, Mario García Incháustegui, Antonio Núñez Jiménez, entre otros. El geógrafo Núñez Jiménez fue uno de los amigos cercanos más leales a Castro, notablemente visible junto a Fidel y El Che en las fotos emblemáticas.

Después del asalto al cuartel Moncada, en 1953, Fidel se fue ganando a los líderes del Partido Socialista Popular (PSP), partido de los comunistas, entre ellos a: Carlos Rafael Rodríguez, Edith García Buchata, Joaquín Ordoqui, Isidoro Malmierca, Juan Marinello, Ursinio Rojas, Blas Roca, Lázaro Peña, Agapito Figueroa, Zoilo Marinello, Severo Aguirre, Clementina Serra, Osvaldo Dorticós, etc. Muchos de ellos, con la creación del Partido Comunista de Cuba (PCC), en 1965, conformaron el nuevo comité central y detentaron cargos de estado. Raúl Castro desde muy joven fue miembro del PSP. Por entonces Fidel militaba en las filas del partido del pueblo cubano (ortodoxo), fundado por Eduardo Chibás en 1947, de tendencia nacionalista de izquierda. Muchos de sus miembros siguieron a Castro en su aventura rebelde. Esta gente fue el trasfondo de la Revolución.

Fidel criptocomunista

Está claro: un partido comunista y otro de izquierda, más el sindicato de obreros dirigido por el marxista Lázaro Peña, fueron los nutrientes de la membresía revolucionaria fidelista en contra de la dictadura de Batista, la base futura de la maquinaria de poder de Castro. En este aparente entramado de diferencias, que inscribe además al Directorio Revolucionario, un frente estudiantil reformista de lucha contra Batista, fundado por José Antonio Echeverría, en 1955, había sin embargo un elemento unitivo: Fidel.

BATISTA EN TIME, ABRIL 1952

El fidelismo se potenció de la sucesión de acciones que llevó a cabo el Movimiento 26 de Julio: el asalto al cuartel Moncada (1953), el desembarco del Granma (2 de diciembre de 1956), la vertiginosa lucha armada guerrillera en la Sierra Maestra (1956-1958). El sangriento asalto al Moncada y la rebeldía armada convirtieron a Castro en héroe popular. En esta etapa negaba ser comunista y hablaba como un justiciero liberal democrático (4), cuando en realidad dirigía una célula madre formada por comunistas-fidelistas (Raúl, El Che, Camilo Cienfuegos). Los que acusan a Castro de criptocomunista (comunista encubierto) tienen razón, fue notablemente hábil en el manejo maquiavélico de su destino político, apostó por el futuro que mejor se acoplaba a su megalomanía ideológica: el comunismo soviético y el antiamericanismo.

La realidad, el mito y la teoría de la conspiración

La realidad y el mito se entrelazan de tal modo que Castro sigue bajo la lupa de los historiadores y teóricos de la conspiración. La realidad son los hechos, sus memorias, falacias y declaraciones. Dijo mil veces que no era comunista, luego se declaró marxista-leninista de toda la vida. Después de la invasión de Girón (Bahía de Cochinos), el 16 de abril de 1961 declaró el carácter socialista de la revolución, a su medida, todo “rápido y furioso”, muy pro Marx-Engel-Lenin y anti-yanqui, así ha sido hasta hoy: Cuba es un comunismo rancio, meticulosamente fidelista-raulista y estalinista, con algunos cambios cosméticos, diríase inspirados en el procedimiento de Lampedusa: “cambiar algo para que nada cambie”.

En el mito radica el grueso del espectáculo viral castrista, el juego de las hipótesis y la desinformación, veamos ejemplos: Matthews y el New York Times inventaron al Robin Hood Fidel, Rockefeller y el lobby judío-masón les apadrinaron, hubo una conjura secreta procastrista en la CIA, el presidente Eisenhower propició la revolución cubana para castigar a Batista por perjudicar negocios norteamericanos en la isla, la KGB reclutó y manipuló a Castro desde la época del “bogotazo”, Che Guevara fue el Fouché que le metió el comunismo en la cabeza, la revolución fue prefabricada en Moscú, para los babalaos el comandante en jefe fue obra de Changó, y en el siglo XIX el sacerdote Antonio María Claret profetizó el drama castrista, también se dice que fue un agente jesuita y mucho más, de lo sublime a lo ridículo.

Todo encaja bien en la gigantesca propaganda que fabricó la leyenda del patriarca Castro, que él mismo promocionó, “un Frankenstein que se hizo a sí mismo, un especialista en marketing que creó un producto: la revolución”, asegura la escritora Zoé Valdés. Fidel aprovechó el esnobismo revolucionario de moda, la demagogia, el antiyanquismo, desafió a las democracias exportando la revolución al tercer mundo, se metió militarmente en Africa y, sobre todo, fomentó un idilio con la maquinaria mediática de la izquierda. Para ello contó, obviamente, con los ilimitados recursos que proveía la Unión Soviética. Fue la Rusia comunista, gobernada por Nikita Kruschev, la única Hermandad conspirativa donde militó Fidel Castro toda su vida.

Fidel-Castro-Time

Herbert Matthews, periodista del New York Times, fue el primero en catapultar la imagen de Castro a los titulares norteamericanos (febrero, 1957), con evidente favoritismo. Pero no fue el único. Antes que él había sido la revista Bohemia, de tirada internacional, la más ferviente aduladora en legitimar al nuevo redentor barbudo; también había aclamado a Batista en 1933. Miguel Angel Quevedo, su director, se suicidó en 1969 dejando una carta de denuncia contra el castrismo y el periodismo irresponsable (5). Andrew St. George, desde 1958, estuvo meses junto a Castro y ofrece una versión diferente a la de Matthews. Agustín Alles Soberón, de Bohemia, fue el primer periodista cubano en entrevistar a Castro en las montañas, en 1958. Decenas de periodistas, desafiando la censura de Batista, entrevistaron a Castro en las montañas con el fin de aupar la gran causa del líder. Digamos que la emisora Radio Rebelde, los periódicos, como Hoy, de los comunistas, y los vozarrones de Pardo Llada, Conte Agüero, Kuchilán y García Inclán alimentaron la adhesión al fidelismo, luego Prensa Latina (junio 1959). Con excepciones, la publicidad del mundo se puso al servicio del engrandecimiento de Castro, luego vinieron las críticas y desengaños. Ya en 1961 estaba en marcha la cadena de publicidad mundial a favor de la nueva revolución socialista. No hay ninguna conspiración en esto, sino marketing ideológico típico, en lo cual Cuba aportó visiones propias del absurdo histórico y Fidel lució su mejor artistaje carismático. La oposición anticastrista cubana fue ignorada, reprimida, comenzó el exilio, la prisión política.

La teoría de la conspiración, sin embargo, nos recuerda la locura del espectáculo: el rol de los financistas invisibles, el “gobierno en la sombra”, el involucramiento sionista, hasta se dice que Castro fue un doble agente CIA-KGB. Presuponen que Castro es un eslabón más del plan de gobierno mundial comunista preconizado por el sionismo y Rockefeller. De un estrechón de manos de Castro y Rockefeller deducen que el segundo ha sostenido con su influencia y dinero a la dictadura castrista. Algunas fuentes manejan que el financiamiento de la revolución cubana, desde 1956, provino del subsidio clandestino soviético, normal que así sea. Sin embargo, no hay pruebas fidedignas de contribuciones secretas sionistas, pero sí de la ayuda que dieron la clase media, algunos millonarios y políticos, los más de 17 mil comunistas, los sindicatos, estudiantes, diletantes y otros simpatizantes, en la isla y el exterior, más los bonos del movimiento 26 de Julio (los había hasta de mil pesos), las confiscaciones de guerra y otras formas de agenciarse dinero subrepticiamente. Julio Lobo, el magnate del azúcar de Cuba y el expresidente Prío Socarrás abonaron miles de pesos. En el futuro, un Fidel Castro conspirador desclasificado nos dará muchas sorpresas.

La conspiración de la cueva

Nadie menciona que en una caverna del norte de las Villas tuvo lugar una extraña reunión para decidir el futuro de Cuba, en pleno 1960. A Fidel le dio por visitar cuevas y navegar en yate con el geógrafo espeleólogo y capitán rebelde Antonio Núñez Jiménez, uno de sus favoritos. La visibilidad de Núñez junto a Castro en la iconografía de la revolución es sorprendente. ¿Por qué? Eran amigos, unidos por la empatía conspirativa y la simpatía personal, Castro lo admiraba y departían en familia. Fue Núñez quien lo llevó a una cueva donde la agenda no era explorar y ver pictografías indígenas, sino hablar de Cuba. Un día histórico, secreto, sumido en las brumas de la toma del poder en Cuba.

Lo más selecto del núcleo íntimo de Castro estaba presente, especie de think tank o gobierno secreto: su hermano Raúl, el Che, Núñez Jiménez, Alfredo Guevara, un tal Osvaldo, un médico amante de las cuevas de nombre Heriberto Valcárcel, Ramiro Valdés, otra persona no identificada, y un extranjero: un ruso que hablaba español (quizás Alexander Shitov). Otras personas, solo invitadas para turismo espeleológico, permanecieron apartadas, Lupe Velis (esposa de Núñez), otra mujer, el doctor Manuel Rivero de la Calle, gran amigo de Núñez, y rebeldes de la escolta de Castro. Por alguna razón faltaron otros dos invitados, se mencionó a Blas Roca, alguien preguntó por Alicia Alonso.

Ese día Fidel se dirigió al ruso y anunció que la Unión Soviética podía contar con la revolución cubana, bajo las condiciones del compromiso mutuo y pacto irreversible… Fue una larga perorata en la que quedó claro que había llegado la hora del establecer un enclave comunista puro en América y dejar atrás la farsa de la transición… El ruso aprobó, elogió a Castro y prometió la cooperación del liderazgo de su país para garantizar la completa seguridad de la naciente revolución. El plan operativo de Castro, con visto bueno del Che, consistía en eliminar los remanentes batistianos y seudo democráticos, implantar un régimen de nacionalizaciones (confiscaciones) y enfrentar la soberbia yanqui… El ruso auguró una exitosa carrera al camarada Fidel y la derrota del enemigo común (6). Posterior a este conciliábulo la revolución se radicalizó convirtiéndose en el primer laboratorio totalitario de la expansión soviética en América Latina hasta nuestros días.

  Notas y enlaces

(1)“Raúl Castro y su biógrafo KGB”, por Arnaldo M. Fernández, ver:

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/raul-castro-y-su-biografo-kgb-323347

(2) “Cuando Fidel se hizo comunista”, por Carlos Alberto Montaner, en:

http://www.elblogdemontaner.com/cuando-fidel-se-hizo-comunista/

(3)José Ignacio Rasco. “Semblanza de Fidel Castro”, en:

https://www.cubanet.org/otros/semblanza-de-fidel-castro/

Rasco fue amigo y condiscípulo de Fidel en el Colegio Belén y en la Universidad de la Habana.

(4)Andrew St. George. “Así hablaba Fidel Castro en la Sierra Maestra en 1958”, ver:

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1520529

(5)“Culpables fuimos todos”, carta de despedida de Quevedo antes de suicidarse, 12 de agosto de 1969, texto completo, en “La incómoda lucidez de un suicida”, de Jorge A.Pomar, en:

 

http://www.cubanalisis.com/ART%CDCULOS/POMAR%20-%20TESTAMENTO%20DE%20QUEVEDO.htm

(6)Este escenario es parte del relato de dos participantes a la reunión, los doctores Valcárcel y Rivero de la Calle, en ocasión de una visita a la misma cueva hacia 1981. También Núñez Jiménez contó superficialmente la anécdota. Esta versión es una primicia en proceso hasta que el autor de la investigación logre una sustancial confirmación de lo ocurrido ese día, lo que Rivero denominó: “El día que Cuba cambió de dueño”. Miembros del grupo de investigaciones científicas Felipe Poey también conocieron el hecho de primera fuente.

Nota: el pacto cubano-soviético se tradujo en un inmediato abastecimiento de armas y entrenamiento militar a la revolución. De 1962 a 1967 Cuba recibió 1.1 billones de dólares en créditos y donaciones, un subsidio por el azúcar y 700 millones en ayuda militar. Miles de militares rusos llegaron a la isla, unos 17,500. Las imágenes de Marx, Engels, Lenin reemplazaron a la de Martí. Para 1966 había más 1,500 latinoamericanos en entrenamientos de guerra de guerrillas en la isla. (Datos basados en fuentes de archivo, para un libro en preparación).

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Sobre el autor

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga es un periodista freelance, además de dedicarse a la arquitectura, la fotografía de viajes y la historia del arte. Actualmente investiga el patrimonio cultural de México, donde reside. Es miembro de la Asociación de Amigos de los Castillos de Puerto Rico y de la junta de editores de la revista Herencia, en Estados Unidos. Ha publicado en periódicos y revistas de varios países y recibido premios por sus trabajos. Es autor de "La ciudad de los castillos" (2006) y de las novelas "Cornatel, el secreto español" (2014) y "Bonos chinos. Todo se sabe en la vida" (2015).

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5 comentarios

  1. Politico
    Politico abril 09, 00:15

    Que se lean los conspiradores este artículo porque no fue el complot de los sionistas lo que puso a Castro, lo puso el pueblo, Bohemia y la ayuda de los leninistas por unos 30 años. los comunistas apoyaron a Batista cuando salio en Time.

    Reply to this comment
  2. Hostoria de Gior
    Hostoria de Gior abril 09, 00:37

    Prio le dio mas de 50 mil dolares a Fidel cuando el Granma, y Felipe Pazos, su hijo, sin el subsidio ruso Castro no hubiera durado más de 3 años.
    Antes de esa cueva habían acordado la entrega de Cuba.

    Reply to this comment
  3. Antonio Ramos
    Antonio Ramos abril 09, 13:08

    BARACUTEY CUBANO tiene razón pero lo acertado acaba cuando dice lo de Lupe Velis, eso s chisme, no historia. La reunión de la cueva sucedió, hay testigos.
    Es verdad que Ovares y Del Pino no eran comunistas, pero eran fidelistas, y andaban con el más comunista de todos, Alfredo Guevara. Del Pino estuvo en la gesta del Granama, en realidad los moncadistas y los del Granma no eran todos comunistas y luego se hicieron
    comunistas, el Fidelismo era la cuestión y está claro en el artículo.

    Reply to this comment
    • Cubaonda blog
      Cubaonda blog abril 10, 16:14

      Ovares era comunista, es como se dice en los comentarios delante, y fue con rafael el pino y fidel junto a los peronistas y comunistas los conspiradores de Bogota.

      Reply to this comment

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