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Rafael Vilches Proenza: Yo soy la diáspora

Rafael Vilches Proenza: Yo soy la diáspora

Rafael Vilches Proenza: Yo soy la diáspora
julio 13
02:39 2014

Rafael Vilches Proenza afirma ser la diáspora interior, un exiliado en su propia tierra, y la imagen no solo retoma lo literario sino que, efectivamente, expresa el acto en sí. Como diría el ensayista Ángel Velázquez Callejas, Vilches no solo escribe poesía: hace poesía. Es poesía en actos: Actúa según él mismo, como una expresión de sí mismo en un país donde casi todo el mundo finge y especula, esto es, donde casi todo el mundo mimetiza su circunstancia y, en consecuencia, casi nunca es.

Dueño de un registro prístino, de singular hondura, este poeta oriundo de la zona oriental de Cuba también es un poco todos nosotros. Su patria somos todos. Este año, Neo Club Ediciones y Alexandria Library tuvieron el placer de incorporar a su catálogo, con el apoyo del también poeta Luis Felipe Rojas, uno de los últimos libros de Vilches, Café amargo. A propósito de este y otros asuntos, el escritor tuvo la gentileza de concedernos la siguiente entrevista.

Armando Añel. ¿Cuáles son tus principales influencias literarias? ¿Lamentas que algún clásico no haya estado localizable en las librerías cubanas, o en el mercado negro en Cuba, en los últimos 20 años?

Rafael Vilches. Mis principales influencias literarias vienen de todos los libros que me he leído, y de los escritores con los que he convivido durante todos estos años de sobrevivencia, mis recuerdos de infancia, esos van conmigo en el morral que no abandono un solo instante, los que fundaron y publicaron la revista literaria Bifronte en la ciudad de Holguín, los de la revista de arte y literatura A Contraluz en Bayamo, los amigos del Grupo Literario Espiral, comandado por Zoelia Frómeta, del cual formé parte. Alguna vez habrá que hablar de la obra de cada uno de ellos.

Espiral, más que un Grupo Literario, fue un movimiento cultural que revolucionó el arte y la literatura en la Ciudad Monumento en los 90 y principio de los 2000, años duros y crueles del Periodo Especial en que andábamos soñando, fundando espacios y sueños por amor al arte, poetas, narradores, trovadores, pintores, cineastas, bailarines, músicos, videastas, teatristas, promotores y otros locos que nos acompañaron porque creían en nuestras quimeras. Que a la larga quizás fueron solo eso, utopías.

He tenido la oportunidad de leer casi todas las obras de mis amigos cuando aún estaban inéditas, sentados en La Plaza de La Patria, en el Café Tres Lucía, en El Mejunje, en La Cabaña, en cualquier rincón de la Isla, eso y sus conversaciones en cierta manera me alimentaron. Por ello mencionar nombres es correr riesgos y olvidar alguno, por eso prefiero pensar en todos.

Mis influencias son el dolor, la añoranza, el amor por la familia, por los pocos amigos que aún arrastro en el corazón, la nación soñada y deseada, la muchacha que no duerme a mi costado.

Lamentar sería un sentimiento minúsculo ante los daños sufridos por no tener a mano tantos y tantos autores prohibidos en Cuba. Aun aquellos que entraban y entran por el mercado negro no llegaron, no llegan a los escritores del interior de la isla, aunque eso de interior no sé cómo me pueda caer, ya yo no soy de ninguna parte, yo no tengo casa en ningún sitio, no recibo alimento por la tarjeta o libreta de racionamiento, no estoy registrado en ninguna Oficina de Oficoda, soy un exiliado en mi propio país. Yo soy la diáspora, voy y vengo buscando el puente que me ha de cobijar.

No sé por qué siempre amamos a los escritores vedados.

AA. En tu opinión, ¿la poesía cubana contemporánea está más imbuida de influencias foráneas o en realidad los nuevos poetas cubanos miran hacia la tradición nacional?

RV. En la poesía cubana contemporánea hay de todo. Siempre estamos escondiéndonos  dentro del discurso poético para evitar la censura y ser condenados al ostracismo. Es difícil enmarcar los rumbos de la poesía cubana actual en un mapa.

No siempre lo publicado, difundido, aupado por los centros de poder, es lo mejor que se está escribiendo. Conozco a muy buenos poetas a los que se les hace difícil publicar sus libros. Desde 1959 el gobierno promueve a ciertos autores que se convierten en voceros de la revolución, son los nombres que sobresalen, tienen y reciben las dádivas del régimen.

En Cuba se escribe muy buena poesía, pero buena poesía se escribe en el mundo entero. Quizás los poetas cubanos somos menos conocidos porque Cuba no está insertada dentro del mercado. La promoción del libro a nivel mundial para nosotros no existe, dentro del país es solo para los autores de la elite, y esa elite no arriesga las regalías que recibe por dar vivas a los sicarios. Por eso aquí nos pasan gato por liebre.

AA. ¿Cómo evalúas esta primera experiencia con editoriales de Miami, en este caso Neo Club Ediciones y Alexandria Library? ¿Qué le dirías a tus colegas interiores?

RV. Con Neo Club Ediciones y Alexandria Library me ha ido de maravilla, nunca antes un libro mío tuvo tanta repercusión. Un libro que nació desde el dolor me ha dado muchas alegrías. Los críticos han sido muy condescendientes y generosos con el libro y conmigo, lo agradezco.

La Seguridad del Estado se mortificó mucho por una presentación fantasma que hicimos en la ciudad de Santa Clara, tan es así que amenazaron a todos los que estuvieron presentes en el lanzamiento del libro, y un ejemplar que mandé por correo postal certificado, junto a otro de mi novela Ángeles desamparados, los secuestraron y jamás llegaron a su destinataria, Yanira Álvarez García, en Bayamo.

Quiero decirte que en Cuba hay muchos escritores que quieren publicar sus libros con ustedes porque han visto el cuidado, la calidad de Café amargo como objeto.

A mis colegas de aquí que esperan porque sus libros encuentren un huequito en las editoriales nacionales, les digo que el mundo es ancho, a veces las oportunidades están más allá de la maldita circunstancia del agua por todas partes.

AA. Café amargo, tu poemario muy leído últimamente en Miami, gira en torno a la imagen de una mujer. La gente se pregunta quién es ella. ¿Cómo terminó todo, si es que terminó?

RV. Café amargo fue un libro escrito con ilusión, añoranza, esperanza. Eran más de 200 poemas escritos a la entonces mujer de mi vida, los más dolorosos, desgarradores, los destruí, no pude con ellos. Con ella viví más de diez años, tuve dos de mis tres hijos… el 4 de abril de 2012 se marchó a cumplir una misión cultural a Venezuela, cuatro meses después toda la historia había terminado.

El amor de mi vida se fue por el caño del desagüe. Ahí en Café amargo está el testimonio de cada una de las parejas que la revolución cubana ha separado para poder sostener el sistema.

Los poemas los escribía cuando mis pequeños dormían, y yo los miraba desde la soledad de mi cama como quien va en una balsa en las aguas turbulentas del golfo sin saber qué estrella seguir, a qué norte aferrarse, solo ellos dos iluminaban mis noches.

AA. Poetas como Luis Felipe Rojas y tú, o antes una María Elena Cruz Varela o un Raúl Rivero, por mencionar solo unos pocos nombres —la lista sería interminable–, han desafiado la censura totalitaria sin dejar de cultivar una literatura de excelencia. Cuando situaciones así se producen, ¿qué comenta el gremio literario en la Isla? ¿Cómo se justifica la complicidad intelectual en Cuba?

RV. Desde el miedo mucha gente te aprecia y admira, pero es difícil desprenderse de la teta por muy poca leche que dé la vaca. Desde pequeño nos educan en el temor. Si te apartas o disientes en público te van encima con todo. Los primeros en sufrir la barbarie son los hijos. En eso la Seguridad del Estado se comporta como lo que son, verdaderos nazis. Sin haber conocido personalmente a María Elena Cruz Varela ni a Raúl Rivero aprendí a admirarlos, y aún nos seguimos pasando sus libros, que han llegado a ser de culto. Yo lo viví y lo sufrí luego junto a Amir Valle, Michael H Miranda, Luis Felipe Rojas, Francis Sánchez, y ahora con Ángel Santiesteban, el mejor narrador en Cuba. Es lo que sucede con uno de los mejores poetas de la isla, Rafael Alcides. Las presiones a las que están sometidos Luis Pérez de Castro y Otilio Carvajal en Santa Clara, una crueldad que no te podría describir. Es vergonzoso el silencio cómplice que hacen todos los intelectuales que alguna vez se dijeron amigos.

Rafael Vilches (izq.) junto a otro poeta: Otilio Carvajal (foto de Mario Félix Lleonart)

Rafael Vilches (izq.) junto a otro poeta: Otilio Carvajal (foto de Mario Félix Lleonart)

Cuando alguien desafía la censura totalitaria de frente se convierte en apestado, casi nadie se arriesga a defenderte. Te quedas muy solo, desprotegido.

Es penoso ver el terror en el rostro de personas que amas y respetas cuando se encuentran contigo en plena calle a la vista de todos, bajo el ojo acusador de las cámaras que están espiando en casi todas las ciudades cubanas. Es como si el solo hecho de encontrarse contigo y verte, los fuera a condenar. Esa vergüenza ajena da lástima, pero uno intenta sobrellevarla, el pánico es comprensible. Lo que no resisto es la miseria humana de la mayoría de mis colegas, pero respeto que traten de proteger los frijoles, el pan de la familia y la mísera paga que reciben por portarse bien. Cada cual ha de cargar su propia cruz.

En Cuba los cómplices son los que mejor viven.

AA. En el exilio cubano se extiende el debate acerca de la pertinencia de publicar o no con editoriales oficialistas en Cuba, o de presentarse allí. Unos argumentan que regresar a publicar con instituciones financiadas y controladas por un régimen delincuente es sinónimo de fracaso o insensibilidad. Otros, que lo que les importa es su público natural, el lector dentro de la Isla, que Cuba no son los Castro. ¿Cuál es tu opinión?

RV. ¿Los Castros no son la Patria? ¿Quién nos encartonó el pasado, el presente, el futuro? Respeto la decisión individual de cada cual. El derecho ajeno a elegir. Me gustaría leer a muchos de los autores cubanos que se marcharon de la Patria. Es lamentable que la única manera que exista para que los cubanos que por decisión propia o no hemos decidido permanecer aquí, podamos leerlos y acceder a esos autores, sea en publicaciones de editoriales nacionales, las misma editoriales que censuran y prohíben a muchos escritores de dentro, editoriales que quieren dar la imagen de que aquí la censura es un embuste de opositores y disidentes. Yo he sido uno de tantos que ha tenido que sufrir que le retiren sus libros de los planes editoriales, pero no el único. Ahora mismo no quiero publicar ni uno solo de mis libros en Cuba, que sigan inéditos, no importa, ya les llegará su hora. Pero no critico a los que desde el exilio dan los suyos para llegar a posibles lectores en la isla que los vio nacer.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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