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Raúl Capote, otra víctima en piel de victimario

Raúl Capote, otra víctima en piel de victimario

abril 06
14:02 2011

No suelen apasionarse los delatores al servicio del régimen cubano durante su etapa en las filas de la disidencia. Sobre todo, en el caso de los periodistas o escritores, no suelen “disfrutar el oficio” ni mostrar demasiada agudeza a la hora de estampar sus conclusiones y análisis.

Dos casos separados en el tiempo, pero similares si se tiene en cuenta que constituyen excepciones a esta regla, son los del deleznable Manuel David Orrio y el recientemente destapado Raúl Capote.

De Orrio mejor no hablar. De hecho, ya se ha hablado bastante. Capote, menos conocido y de más largo aliento, más que periodista es escritor. Según han revelado los medios castristas, supuestamente fue desde siempre un agente encubierto de la Seguridad Cubana, infiltrado en las filas de la disidencia interna, y la CIA “habría intentado captarlo”.

L1-Raul_Capote_onlineeí a Raúl Capote por primera vez en Miami, mientras editaba uno de sus trabajos.  Su prosa me pareció interesante, aunque ligeramente esquemática. Se trataba del capítulo “El proceso de rectificación de errores y la antiperestroika”, de su libro inédito “La lucha por la democracia en Cuba”.

Un libro que seguramente permanecerá inédito ya para siempre. En él, Capote decía cosas como esta:

“La legitimidad de los regímenes totalitarios decae en cuando se agotan las opciones, se incumplen las promesas y avanzan las frustraciones. La ausencia de mecanismos de auto-renovación erosiona  la legitimidad. Este problema es más significativo en las dictaduras personalistas, donde se torna imposible debido a la naturaleza misma del régimen”.

O esta:

“Para sobreponerse al deterioro algunos regímenes han intentado tomar medidas liberalizadoras: ensayan cierta apertura económica, liberalizan sectores no estratégicos del monopolio estatal, crean cierta apariencia de libertades civiles. Pero por lo general esto les resulta contraproducente. Una vez debilitado someramente el control absoluto, los elementos de la democratización cobran fuerza, aparecen los reformadores que comienzan a dar batalla a los conservadores, y por lo general el régimen siente pánico y se ve ante dos alternativas: o regresa a formas de represión abiertas, o inicia el tránsito a la democracia”.

En su etapa como colaborador de un diario digital miamense fundado por esa época (2006-2007), Capote incluso llegó a abordar tópicos especializados, en los que difícilmente alguien que no fuera un intelectual curioso, ajeno al almidonamiento oficial, se habría metido. Ayn Rand y el neoconservadurismo, por ejemplo.

La opinión de Armando de Armas

¿Trabajaría ya para la Seguridad del Estado, en esa época, Capote? El escritor Armando de Armas duda. “Una posibilidad entre tantas es que haya recibido algún tipo de presión por parte de la Seguridad y haya terminado cediendo”, explica. Y reflexiona que “difícilmente un espía (por decisión propia) al servicio de un régimen comunista va a escribir toda una obra, narrativa y ensayística, donde se aprecia una formación que abarcaría desde la antigüedad clásica al presente, encaminada a sostener un pensamiento de derechas, es decir, liberal en el sentido clásico europeo”.

Lo que se observa específicamente en la serie de artículos que comentaba más arriba, dedicada al movimiento de los neocon norteamericanos.

“Más claramente, si un espía castrista escribe una obra de esa índole le estaría haciendo un flaco favor a la causa de los camaradas isleños”, apunta De Armas. “No es lo mismo hacer declaraciones anticastristas para la galería, como se esperaría de un auténtico espía, que escribir una obra filosóficamente anticomunista. Lo que me lleva a pensar que Capote quizá fue alguien que quiso disentir en la esfera de las ideas y le doblegaron en el camino, la celda como camino. También pudo ser que se iniciara como un seguroso o informante ocasional en su juventud cienfueguera y en el trayecto decidiera hacer disidencia, una obra verdaderamente disidente y, arribado a un punto, sus antiguos asociados lo obligaran, civilizadamente, como acostumbran los camaradas, a volver al redil revolucionario”.

“No sé, tratándose de una dictadura militar y marxista, cualquier cosa es posible”, termina diciendo el autor de La Tabla. “Quizá nada de eso importe ya, si lo hizo por un motivo o por otro, o por varios, lo que sí queda claro aquí es que ese es un régimen que usa toda su fuerza, y sus recursos, para doblegar o comprar voluntades, dentro y fuera de Cuba. Estamos hablando del Estado contra el individuo. El individuo indefenso y a merced del Estado, Estado colectivista.

“Aun cuando fuese un victimario, Capote es también una víctima”.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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