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Reencarnación

Reencarnación

Reencarnación
abril 15
19:19 2015

Un perro negro, como un trozo de noche, me sigue.

Omar no quiere espantarlo y a mí me aterra. Me da miedo cómo me mira fijamente, casi pegado a mis piernas. Si nos detenemos se detiene, si miramos un cartel en la pared él lo mira también, si le señalamos una cafetería no se inmuta, sólo oye mi voz y me sigue.

Yo grito, pataleo casi y Omar me mira reprobando mi actitud: eres tonta, es sólo un perro con hambre y necesitado de cariño, déjalo. Pero yo tengo miedo, no me gustan los perros, no me gusta lo que no puedo entender. En la esquina de la casa me lleno de valor y le grito que se vaya, le señalo la panadería de la otra cuadra: ahí encontrarás calor, comida y cariño, vete, vete… pero no se va, me mira con esos ojos amarillos y enigmáticos. Omar, aburrido de mi temor incomprensible, termina por ayudarme a espantarlo, lo asusta gritándole muy fuerte, el perro corre y se esconde en la esquina.

Siento un alivio triste, un poco de lástima por ese perro solo, perdido en la noche putrefacta de la ciudad, sin amor, sin comida, sin juegos. De pronto imagino que ese perro es la reencarnación de alguien que quizás me maltrató injustamente o que yo maltraté, ¿acaso alguien que murió?, a quien negué mi atención y volvía ahora reclamándome afecto desde aquellos ojos tristes. ¿Alguien como mi padre? ¡Bah, tonterías!, sólo es un perro con hambre y falto de cariño, intento convencerme mientras subimos las escaleras. Mañana será lunes, otro día más, pienso y cierro los ojos acomodándome en la cama, hasta mañana, me dice Omar, y se vira para su lado, hasta mañana, digo yo, pero el perro sigue ahí, en la oscuridad, buscándome, con aquellos ojos inyectados de tristeza.

Relato perteneciente al libro “33 segundos sobre un tobogán”, en proceso de publicación por Neo Club Ediciones.

Doy vueltas en la cama sin lograr dormirme.

Miro las letras rojas del reloj que emergen desde la oscuridad.

3:03 a.m. y nada, ni rastro de sueño, los ojos amarillos se esconden dentro de mi cabeza, ahora son los ojos de mi padre, distantes entre el alcohol y la neblina invisible de nuestras diferencias. Ojos que olvidé el día que salió de casa a comprar cigarros y volvió diez años después con canas en el pelo y disculpas torpes. Yo cerré la puerta, dije que era un desconocido.

4:21 a.m. La cama me hace sudar. Me irritan las sábanas. El calor y el insomnio se mezclan con el zumbido de la fábrica de Tallapiedra, ese ruido infernal como aviones que aterrizan. Ahora ladridos, perros veloces aullando desde el asfalto. Cierro los ojos, pero la imagen de muchos perros negros inunda mi cabeza, se han postrado frente a la puerta del edificio, amenazan con cubrir la calle, trepar por los balcones, llegar hasta mi ventana. Aullidos de mi padre por el teléfono, pero yo siempre colgué para evadir aquella voz delirante diciéndome incoherencias afectuosas.

5:59 a.m. Abro la puerta y es mi padre, pero tiene el rostro lleno de pelos, negros como un trozo de noche, abre la boca y, en vez de hablar, la voz se vuelve un ladrido, pero yo le entiendo, dice: Perdóname. Quiero responder y de mi boca sale un aullido animal. Me despierto con sobresalto para comprobar que era una pesadilla. Omar a mi lado duerme tranquilo.

6:45 a.m. Amanece lentamente. Tengo los ojos abiertos y clavados en el techo. De él emerge el recuerdo de mi padre con sueros y tubos, vestido en pijama de hospital, la marca de una soga enrojeciéndole el cuello. El sonido irresistible del aparato marcando una línea recta hacia la nada.

7:00 am. El despertador suena como altavoz fúnebre. Doy un brinco fuera de la cama. Apago la alarma. Voy al baño y me enjuago la  cara, las ojeras cuelgan de mis ojos como maquillaje que se ha corrido. De regreso al cuarto miro a Omar, que duerme sin enterarse que ya amaneció, que sonó la alarma del despertador, que los obreros salen al trabajo, que es lunes y hay un sol incipiente iluminando las calles. Titubeo en la idea de despertarlo, pero desisto. Me pongo a toda prisa cualquier ropa y salgo a buscar al perro negro. Si tengo suerte todavía andará rondando por la esquina.

Sobre el autor

Lien Carrazana Lau

Lien Carrazana Lau

Lien Carrazana Lau (La Habana, 1980) es graduada de Bellas Artes en la Academia San Alejandro y egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. En Cuba obtuvo mención en el Premio UNEAC y en el Premio David del año 2007, entre otros reconocimientos. Cuentos suyos han aparecido en antologías como “Vida laboral y otros minicuentos” (La caja china, La Habana, 2006), “Generation Zero. An Anthology of New Cuban Fiction” (Sampsonia Way, Pittsburgh, 2014) y “Cuba in Splinters. Eleven Stories from the New Cuba” (OR Books, Nueva York, 2014). Tiene publicado el libro de cuentos "Faithless" (Habitación 69 Ediciones, México DF, 2011/TheWriteDeal, Nueva York, 2013). Actualmente forma parte de la redacción de Diario de Cuba y vive en Madrid (www.liencarrazana.com).

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