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Respuesta al cónsul José Luis de la Guardia

Respuesta al cónsul José Luis de la Guardia

Respuesta al cónsul José Luis de la Guardia
abril 07
17:48 2014

El señor José Luis de la Guardia es Cónsul General de España, pero además es algo así como el intrépido defensor de la cultura hispánica frente a los arteros ataques de los descastados. El señor De la Guardia piensa que yo desprecio a mi propia estirpe ―a mis padres, a mi patria, a mis antepasados― y por eso me tiene mucha piedad. Yo le agradezco al señor De la Guardia la piedad que me tiene. La inflación está llegando a un extremo en que hasta yo mismo me tengo piedad.

El señor De la Guardia ha sacado la cara por la lengua española. Eso es lo que se espera de todo un caballero. Lo contrario es cosa de muchachos malcriados. Debo aclararle al señor De la Guardia que yo no tengo la costumbre de polemizar con mis lectores ―son pocos y mejor no meneallos―, pero la tentación de responderle me es absolutamente irreprimible.

Primera respuesta del autor a un artículo de José Luis de la Guardia ―Cónsul General de España― que apareciera publicado en el diario norteamericano The Miami Herald, y en diversas publicaciones hispanas, a finales de los años setenta.

Yo afirmo, señor Cónsul, que el español es hoy ―y desde hace siglos― una lengua marginal sin apenas peso en la cultura planetaria. Y a esa afirmación ―tal vez equivocada― responde usted poniendo en blanco los ojitos del alma. ¿Por qué no se deja de arrebatos líricos y anota, para los curiosos lectores, la lista de ideas cardinales pensadas durante los últimos siglos en nuestra milenaria lengua? ¿Dónde están nuestros Rousseau, nuestros Kant, nuestros Hegel, nuestros Descartes, nuestros Pascal, nuestros Hobbes, nuestros Darwin, nuestros Bohr, nuestros Pasteur, nuestros Fermi, nuestros Marx, nuestros Einstein, nuestros Freud, nuestros Keynes, nuestros Curie, nuestros Planck, nuestros Bergson? No admito que nadie admire más que yo la obra de Ortega, de Cajal o de Severo Ochoa, pero más que paradigmas de la cultura española estos gigantes han sido las excepciones en medio de la más patética indigencia y algo más triste: han sido la coartada de los espíritus gallináceos para ocultar el hecho de que nuestros pueblos ―a ambos lados del Atlántico― viven parasitariamente de otras neuronas más audaces y creativas.

Díganos, si no, señor Cónsul, y yo seré el primero en rectificar, qué idea parida en español impera en los campos de la física, la química, la biología, la genética, las matemáticas, etcétera, y no alegue que las condiciones materiales de nuestras sociedades impiden costosas investigaciones científicas, porque entonces se verá obligado a entrar en el campo de las Humanidades y a precisar qué modelo de análisis, qué cuerpo teórico ha surgido de la intelligentsia hispana ―incluyo a Hispanoamérica― en sociología, sicología, pedagogía, antropología, lingüística, economía o filosofía. Pero no suspire: cite libros, nombres, escuelas, epígonos. Hable en serio, que es como se habla de estos temas.

Se pregunta usted si yo estaría dispuesto a mantener en público la “subalternidad” intelectual ―escribí “moral” como sinónimo de intelectual― de ciertos hispanoamericanos notables. ¡Pues claro que sí! Durante varios años dicté un curso universitario llamado Pensamiento hispanoamericano, y comenzaba por advertir que el nombre del curso, como los argumentos de las películas de Hollywood, era pura ficción, sin contacto alguno con seres vivientes o hechos acaecidos, porque nunca ha existido un pensamiento hispanoamericano mínimamente original. Han abundado los intérpretes cultos, los sabios, los exégetas, los críticos, pero apenas han surgido mentes esencialmente creadoras. ¿Quién puede discutirle genio o talento a Martí, a Vasconcelos, a Sarmiento o a Bolívar? ¿O quién puede negar la tremenda calidad literaria de Valle-Inclán, de Miguel Hernández, de Lorca o de Borges? Pero, ¿qué tienen que ver estas personalidades descollantes con las ideas seminales que han estremecido a Occidente? A eso es a lo que me refiero, señor Cónsul. Yo no les niego a nuestros pueblos la sal y el agua, pero no me da la gana de perpetrar huecas palinodias para aspirar a la Cruz de Alfonso X.

Repito el reto: díganos, señor Cónsul, qué pensadores españoles o hispanoamericanos han preñado la inteligencia o la imaginación de otras culturas. Nosotros hemos sido roussonianos y antiroussonianos, kantianos y neokantianos, raciona1istas y positivistas, marxistas, neomarxistas o antimarxistas, pero siempre hemos importado las ideas de culturas o idiomas extraños a nuestra raíz. Más aún: hace casi trescientos años que la propia España carece de innovadores, y cuando tiene alguno descomunal, como Ortega, prescinde olímpicamente de su magisterio, o cuando surge un auténtico genio, como Severo Ochoa, lo embarca hacia Estados Unidos para que ejerza allí su bien dotada inteligencia.

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Sobre el autor

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner ( La Habana, 1943). Escritor y periodista. Ha publicado alrededor de treinta libros, varios traducidos al inglés, el portugués, el ruso y el italiano, entre ellos las novelas "La mujer del coronel", "Otra vez adiós" y "Tiempo de canallas". La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más importantes en lengua española, y en 2012 Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica. Reside entre Madrid y Miami.

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