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Roberto Micheletti: Duro a los riñones del numen epocal

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Roberto Micheletti: Duro a los riñones del numen epocal

Roberto Micheletti: Duro a los riñones del numen epocal
enero 01
20:04 2011

Ninguna poderosa publicación lo reconocerá, ninguna institución de las que dicen defender los derechos humanos (y hasta los de las hormigas) en el mundo lo premiará, ninguna personalidad mediática lo mencionará.  Pero el hombre, el héroe de este 2009 que aceleradamente se nos escurre entre las manos, entre la inercia, no es otro que el hondureño Roberto Micheletti.

De vez en cuando hay hombres que rompen la monotonía de sumisión al implacable Espíritu de la Época, el cual, por lo regular, termina pasándoles una aplanadora por encima. De ellos queda, si acaso, el gesto, la impronta de resistencia ante lo que se presenta, y casi siempre resulta, como lo inexorable. Micheletti es otra cosa, enfrentó al numen epocal y lo venció: le dio hasta en el mismísimo forro de sus arrugados riñones. Es más, el presidente interino de Honduras ha ganado la primera batalla del siglo XXI en América Latina en contra del peligroso pneuma de estos tiempos.

Este lunes 28 de diciembre el gobierno provisional encabezado por Roberto Micheletti cumplió medio año en el poder, con el mandatario bolivariano Manuel Zelaya refugiado en la embajada de Brasil, tocando guitarra, comiendo pupusas y, ante la atenta prensa, llorando lágrimas de cocodrilo destituido.

El gobernante interino, con el aval del Congreso, ha desatendido las perentorias llamadas a restituir a Zelaya en el poder, y ha tenido éxito en resistir las presiones externas, que han sido muchas, incluido el corte de la ayuda humanitaria internacional, y el alboroto delincuencial interno.

La sustitución de Zelaya el 28 de junio pasado, a la fuerza y en pijama –pero con sombrero—, sumió a Centroamérica ennoticia lo que ya los cables de prensa nombran como la mayor crisis política desde las guerras civiles de los años ochenta, que mantiene paralizado el proceso de integración regional. Pero lo que no dicen esos cables de prensa, lo que casi nadie dice, es que Micheletti, el Congreso y la sociedad civil hondureña han resistido a pie firme la arremetida, agresiva y grosera, de las fuerzas del socialismo del siglo XXI. Quiero decir, el mismo socialismo ideado en el XIX y llevado a la práctica, con consecuencias de holocausto, bajo las denominaciones de nacional socialismo, por un lado, e internacional socialismo, por el otro. El primero bajo la divisa de maten al judío, y el segundo bajo la divisa de maten al burgués. Supremacía aria el uno, supremacía proletaria el otro.

La crisis de Honduras, quiero decir, el inicio de solución de la crisis de Honduras con la expulsión del impresentable Zelaya, también mantiene congeladas las negociaciones de Centroamérica con la Unión Europea para un Acuerdo de Asociación. Un país especialmente perjudicado ha sido Costa Rica, principal exportador del istmo al mercado europeo, pero sobre todo Honduras, el más pobre de la región. Una Unión Europea que, por otra parte, bajo el celestinaje de España, será empujada a mejorar las relaciones con la tiranía comunista de Cuba, una vez asuma el país peninsular la presidencia rotativa de la mancomunidad, según acaba de afirmar tan campante en su talante esa increíble criatura que es el canciller español Miguel Angel Moratinos.

En víspera de la Navidad, el grupo de donantes a Honduras, que incluye a la ONU, la Unión Europea, Estados Unidos, Francia y España, entre otros, pidió a los líderes hondureños que devuelvan al país a la senda institucional. Vaya, como si el país no hubiese actuado en la senda institucional desde la destitución de Zelaya hasta la celebración de unas impecables elecciones en noviembre. ¿O es que para esa gentuza emperifollada en lo políticamente correcto las instituciones de una nación pobre no cuentan? ¿No cuentan por nación pobre, o no cuentan por salirse del guión que ellos esperan debe seguir una nación pobre?

La perseverancia y, hay que decirlo, el valor de Micheletti, doblegó la resistencia de Estados Unidos, que luego de reaccionar duramente a la sustitución de Zelaya y suspender toda su ayuda –incluida la militar— al único país centroamericano que tiene una base estadounidense, optó por reconocer a trancas y barrancas las elecciones del 29 de noviembre, ganadas por Porfirio Lobo, quien apoyó la destitución de Zelaya.

Ninguna poderosa publicación lo reconocerá, ninguna institución de las que dicen defender los derechos humanos (y hasta los de las hormigas) en el mundo lo premiará, ninguna personalidad mediática lo mencionará. Pero el hombre, el héroe de este 2009 que aceleradamente se nos escurre entre las manos, entre la inercia, no es otro que el hondureño Roberto Micheletti.

Lo mismo sucedió con el presidente costarricense y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, quien, luego de servir como mediador en la crisis hondureña y proponer la restitución de Zelaya y su sombrero, dio vuelta a la página y reconoció finalmente los comicios hondureños.

Arias, el único mandatario extranjero que se ha reunido con Micheletti, también recibió a Lobo y –junto al presidente panameño Ricardo Martinelli— ha llamado a la comunidad internacional a reconocer al presidente electo hondureño.

Además de Estados Unidos, Costa Rica y Panamá, Perú también reconoció los comicios hondureños, mientras la mayor parte de la comunidad internacional se ha negado a dar crédito a dichas elecciones por haber sido desarrolladas, según dicen, bajo el gobierno de facto y con Zelaya refugiado en la embajada brasileña en Tegucigalpa.

En estos seis meses Honduras ha vivido bajo necesarios toques de queda debido a la acción desestabilizadora de las bandas izquierdistas, explosión de bombas y otras lindezas revolucionarias, bajo la parcialización de la mayoría de los medios de prensa internacionales a favor de la claque zelayista, es decir, chavista y castrista, y bajo falsas denuncias de violación de los derechos humanos.

Por otro lado, el corte de la ayuda del exterior ha agravado la situación de millares de familias de uno de los países más pobres del mundo, mientras que el pueblo y el empresariado confían en que una vez que asuma Lobo terminen al fin el aislamiento y las sanciones internacionales. Una comunidad internacional tan presta siempre a criticar las sanciones del embargo estadounidense a la tiranía cubana, esa que nunca ha permitido, ni permitirá, elecciones libres y supervisadas. Es decir, se sanciona a la Honduras de Roberto Micheletti por haber exigido y haber logrado unas elecciones democráticas, mientras se premia a la Cuba de Fidel y Raúl Castro (por si no fuera suficiente con uno ahora la Isla tiene dos tiranos) con el levantamiento de sanciones (el embargo es un chiste) por parte de la administración del presidente norteamericano Barack Obama.

La cara del sociata presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, por no hablar de la de su canciller, era un verdadero poema pidiendo, que digo pidiendo, exigiendo, el regreso de la democracia a Honduras. ¿Alguien imagina a ese hijo del Espíritu de la Época que es Zapatero exigiendo, que digo exigiendo, pidiendo, el regreso de la democracia a Cuba? Pero Micheletti es mucho Micheletti y supo, con mesura pero con firmeza, conducir al país hacia las elecciones de noviembre sin que ese violador de la Constitución que es Zelaya regresara al poder. A pesar de la inusitada alianza inicial de Estados Unidos, a la cabeza de la comunidad internacional, con sus enemigos de siempre, para ahogar la resistencia del pueblo hondureño a que lo condujeran como rebaño al matadero socialista. A pesar no ya de la injerencia castrista, chavista, evista y rafaelista, sino de la injerencia lulista en tanto presidente de Brasil, una potencia continental.

Lo de Brasil, lo de Lula, no tiene nombre: meter clandestinamente a Zelaya en Honduras para que reciba refugio en su embajada en Tegucigalpa. Yo tenía entendido que el refugio en una embajada se pedía para salir de un país donde la vida de uno corre peligro, no que uno venía del exterior, donde se supone se esté refugiado, a refugiarse en la boca del lobo, es decir, en una embajada dentro del país donde uno corre peligro.

Roberto Micheletti ha dado varias lecciones al mundo. Y digo Micheletti porque creo firmemente en el rol de las personalidades en el devenir de la Historia, pero por supuesto que el Congreso, las instituciones todas y la sociedad hondureña estuvieron a la altura de las circunstancias. Entre esas lecciones está que un país, no importa cuán pobre y pequeño sea, puede resistir, si se lo propone y se le guía y no se le invade, sobre todo si no se le invade, a contrapelo del Espíritu de la Época encarnado en la alegre comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos, y en instituciones tan poderosas, pero tan desacreditadas, como la ONU y la OEA. Pero, más que nada, la lección de que lo único que no se puede perder en este mundo, de dios o del demonio, es la libertad. No importa a qué costo, no importa lo que haya que hacer. No importa esa santurronería establecida de que el fin no justifica los medios: la libertad justifica cualquier medio. A Zelaya había que sacarlo del poder: algunos hacen asquitos, que cómo se les ocurre a los incivilizados hondureños sacar al señor en pijama. Bueno, podían haberlo sacado también con los pies por delante, y estaría también absolutamente justificado.

Conviene recordar aquí a ese radical de la libertad que fuera Don Miguel de Cervantes y Saavedra, quien, en el capítulo 58 de su obra Don Quijote de la Mancha, dice en boca del loco sublime: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida…”. Y por supuesto que matar a quien pretende arrebatárnosla, digo yo, no Cervantes.

Repito: la libertad es lo único que no se puede perder, si ello ocurre después nadie te respeta, nadie te será seriamente solidario. Todo el mundo se adecuará, muchas veces con gusto, a los hechos consumados. La verdad es que también se adecuarán a los hechos de la libertad consumada, no importa cómo fue consumada. Es la ley.

El poeta Emilio Ichikawa ha señalado certeramente que desprenderse del totalitarismo tiene un límite, un tiempo pasado el cual ya no es posible hacerlo, y que éste, una vez consolidado, puede crear no inmunidad, sino hábito. Los cubanos sabemos algo de eso. Los hondureños supieron calibrar bien el tiempo y actuar en consecuencia. Los mismos que ahora son puntillosos críticos con el modo en que Zelaya y su sombrero fueron despojados del poder en Honduras, hubiesen aceptado más o menos tranquilamente al hombre de llegar éste a convertirse en lo que pretendía, en el dictador de Honduras, sin solidarizarse siquiera con sus víctimas, o haciéndolo levemente para salvar la honrilla. Los cubanos también sabemos algo de eso.

Por todo ello, por haber sabido sostener el liderazgo sobre la acción y los factores de la acometida en el tiempo justo, es que considero, declaro, al honorable Roberto Micheletti como el hombre, el héroe de este 2009 que aceleradamente se nos escurre entre las manos, entre la inercia. El abominable Espíritu de la Época ha sido herido. Esa herida se la adeudamos a ese hondureño, a ese hombre.

Sobre el autor

Armando de Armas

Armando de Armas

Armando de Armas (Santa Clara, 1958). Escritor y periodista. Ha publicado, entre otros libros, las colecciones de relatos “Mala jugada” (Miami, 1996) y “Carga de la caballería” (Miami, 2006), la novela “La Tabla” y el libro de ensayos “Mitos del antiexilio”, traducido al italiano por el sello Spirali. Su último título publicado, “Caballeros en el tiempo”, fue editado por Atmósfera Literaria en Madrid. Es vicepresidente del PEN-CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio (Capítulo del PEN Internacional de Londres). Reside en Miami.

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