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Rubio, Cruz y el secreto de los cubanos en Estados Unidos

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Rubio, Cruz y el secreto de los cubanos en Estados Unidos

Marco Rubio y Ted Cruz

Rubio, Cruz y el secreto de los cubanos en Estados Unidos
febrero 02
06:29 2016

 

Cuba necesita una combinación de dos factores para despegar hacia el desarrollo: libertad económica y una profunda regeneración cultural. Con el primer factor no basta y el segundo será altamente improbable mientras sigamos creyendo que los cubanos somos la octava maravilla del mundo y que el castrismo es el padre de todos los problemas de la cubanidad (cuando es exactamente al revés: el castrismo es el hijo, un producto sumario de esos problemas).

Ahora, en Estados Unidos, muchos compatriotas manejan los ejemplos de Marco Rubio y Ted Cruz como prueba de la supuesta superioridad cubana cuando en realidad ellos solo demuestran que únicamente despojándose de los rezagos culturales de origen e insertándose profundamente en una cultura exitosa como la anglosajona, han podido llegar a donde han llegado.

En contra de esto se podría esgrimir la pregunta de que, si es así, por qué entonces, porcentualmente, los descendientes de cubanos son más exitosos en la política norteamericana que los de otras minorías latinas más numerosas que también llevan décadas residiendo en Estados Unidos. Pues muy simple: Porque los cubanos que llegaron en masa en los tempranos sesenta, los padres de los Rubio y los Cruz, pertenecían al segmento minoritario y triunfador de la sociedad insular que en aquel entonces precisamente más puntos de contacto tenía con la cultura estadounidense; el segmento más culto, profesional, emprendedor y cosmopolita al que para colmo esperaba una jugosa Ley de Ajuste Cubano (o sus variables aproximadas) que los otros latinos no tuvieron.

Es lo que está ocurriendo ahora con el exilio venezolano, llega a Norteamérica el segmento social más preparado, profesional y cosmopolita, pero que no ha pasado históricamente con minorías latinas como la mexicana o las centroamericanas en general, que procedían y proceden –sin que esto suene peyorativo– de segmentos menos emprendedores e instruidos. Minorías que han venido a Estados Unidos a recoger tomates a partir de un currículo y de una tradición de eso mismo, de recolección de tomates.

Otro dato importante y por el cual, por cierto, las nuevas oleadas de cubanos tienen desventaja para progresar en Estados Unidos respecto a sus compatriotas de los tempranos años sesenta, es que ahora se puede viajar e interactuar fácilmente con Cuba, y se hace incluso al punto de la fanfarria. Inversamente, el llamado exilio histórico estuvo libre para crecer y alcanzar el éxito porque el regreso, el intercambio y el turismo a la Isla no existían en su tiempo –entre 1959 y 1980–, o existían en una mínima medida. Cuando vives con un pie aquí y otro allá, con un ojo delante y otro mirando el retrovisor, cuesta mucho progresar. He ahí otro elemento del secreto del triunfo de los primeros exiliados cubanos en Norteamérica.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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3 comentarios

  1. Mano
    Mano febrero 04, 16:07

    Pues claro que sí, Marco Rubio y Ted Cruz no son la media de los cubanos que desde hace unos cuantos años para acá (y ahora) están llegando, si se quiere ver son excepciones. Rubio y Cruz han sido, uno más que otro, hijos de una segunda generación del exilio que de muchas maneras guardaba la influencia de la primera generación de este mismo, variado y desafiante exilio. Rubio y Cruz recibieron de sus padres una educación fuerte en valores, tanto universales como de este mismo país, Estados Unidos… Este tema es fascinante, porque hay muchas cosas que decir y explicar, para lo que no alcanzaría ni un libro, sino decenas de libros. Dicho sea de paso, voy a repetir, porque lo he dicho en otras ocasiones, que soy partidario del exilio histórico, lo respeto muchísimo y sé de lo que han sido capaces, como por ejemplo, esa transformación primera que ha tenido Miami y buena parte de la Florida con su incorporación a este país. Porque asimilaron la cultura anglosajona y, al mismo tiempo, reivindicaron lo mejor de la cultura cubana. Otra cosa que también quiero agregar es que me encantaría que Rubio fuera presidente,pero no solo porque la lucha contra el castrismo estuviera asegurada, no, sino, porque es un líder joven que, de una forma u otra tiene (o ya está) sensibilizado con el hispano, y se le nota por encima de la ropa de que tiene una fuerza y unas ansias enormes de ordenar y apoyar este país… En relación con todo esto, el exilio histórico también podría ser una excepción porque fue una generación muy fuerte de carácter y de emprendimiento, porque respondía a aquella generación de los años cincuenta que quería transformar a Cuba; por eso mismo fue que apoyaron la lucha de los rebeldes antes del triunfo. Fue esta generación la que económica y entusiastamente hizo que se lograra el triunfo de los rebeldes. Lo que sucedió después y ahí es donde viene la culpa de los Castro es que Fidel traicionó los postulados de la democracia por la cual se había luchado; y que eran los lineamientos de esa generación de los cincuenta donde murió Manzanita, José Antonio Echeverria, líder del Directorio Estudiantil Universitario. Fidel Castro con su inmenso ego de poderío y con la elocuencia que le caracterizaba, de guapo de barrio, de mafioso con las armas y con las palabras, embadurnó de confusión a las grandes masas del pueblo cubano, que también se dejó engañar, porque ese caudillo les estaba enseñando que ellos, los cubanos del pueblo (los de a pie) eran e iban a ser héroes internacionales; los grandes héroes de una gesta a lo Robin Hood contra el imperialismo yanki. Les dio atole con el dedo, como dicen los mexicanos, y los convenció con mucha facilidad (porque ya los cubanos éramos históricamente el ombligo del mundo). Y aquí es donde viene la otra gran parte de la culpa, que es nuestra, por creer que íbamos a construir un paraíso, una utopía, sin darnos cuenta (o en muchos, no todos por supuesto, no querer darnos cuenta) de que aceptábamos aquellos “grandes” discursos mientras el nuevo gobierno de los Castro estaba fusilando, encarcelando y torturando a todos los que disentían; y comenzó además el bochornoso apartheid de los cubanos, cuando no podían ir a sus propias playas (“las playas serán del pueblo”, decía Fidel Castro, los que entraban a las playas eran los turistas extranjeros y ellos, los “pinchos”), no podían entrar a los hoteles, los cubanos no podíamos viajar, y para entrar a Cuba teníamos que pedir visa y pagarla; no podíamos tener tener dólares en nuestras casas… En fin, podría seguir enumerando cosas y no terminaría ni en una semana. Por eso veo y siento que Añel tiene toda la razón del mundo; lo que no quita para que me alegre muchísimo si es Marco Rubio el que saliera presidente de este país, y no Trump, que lo único que preside es el troglodismo estadounidense.

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  2. Neo Club
    Neo Club febrero 06, 11:40

    excelente comentario querido Manuel, muy ilustrativo!

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