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Rusia, Crimea y el resurgimiento de Gog

Rusia, Crimea y el resurgimiento de Gog

Rusia, Crimea y el resurgimiento de Gog
enero 24
19:21 2015

La reciente anexión de Crimea por parte de Rusia ha sido vista como el intento de Vladimir Putin de restablecer la antigua Unión Soviética, esta vez despojada de su finalidad marxista. En realidad, los episodios relativos a la anexión de Crimea son solo los últimos de una historia que se remonta, al menos, al siglo XIX, cuando Rusia intentó poner fin a la preponderancia del Imperio Turco en Europa Oriental y suroriental y reunir con ella a todos los pueblos eslavos.

En efecto, Rusia ha sido uno de los mayores imperios de la historia y, pese a su herencia cristiana, como veremos ha sido percibida por Occidente como un “Otro”. Rusia ha sido históricamente depositaria de la idea de que su cultura es la continuación del Imperio Romano del periodo cristiano. Moscú siempre ha sido considerada como la tercera Roma; la segunda habría sido Constantinopla o Bizancio, perdida a raíz de la conquista turca en 1453.

Es por esto, entre otros motivos, que Rusia siempre aspiró a reconquistar dicha ciudad perteneciente hoy a Turquía, y dominar así la entrada al Mar Negro y adquirir el acceso al Mediterráneo Oriental. La revolución comunista impidió en 1917 que Rusia, de acuerdo a un tratado secreto con Inglaterra, se hiciese dueña de Constantinopla.

Pero aquí no acaban las ambiciones históricas de Rusia. Esta ha pretendido, desde el siglo XIX, la unificación de todos los pueblos eslavos. No se puede entender la Primera Guerra Mundial sin tener en cuenta el conflicto entre Rusia y Austria, esta última imbuida de paneslavismo, doctrina cuyo contenido más adelante veremos.

Hoy, Rusia se enfrenta en el Occidente con la expansión de la Unión Europea, que ha incorporado la mayor parte de las naciones que estuvieron bajo su influencia tras la Segunda Guerra Mundial. Ucrania ha vivido, desde su independencia de Rusia en 1991, en una especie de protectorado, aunque gozó de una relativa autonomía tras la llamada revolución naranja entre 2004 y 2008.

Ahora bien, para entender lo que sucede actualmente con Rusia parto de la hipótesis de que la ideología marxista ha cedido paso al retorno del paneslavismo allí. ¿Qué afirmaba dicha doctrina? ¿Cómo se relaciona lo acontecido en Ucrania con esta idea?

                                                      Rusia en el imaginario occidental 

Por obra del historiador judío Claudio Josefo, nos viene la primera referencia a Rusia como el “Otro” de Occidente: un pueblo bárbaro, potencial enemigo de la civilización judeo-greco-latina. En efecto, Josefo identificó a Rusia con Gog y Magog, el príncipe y la nación respectivamente, que habrían de invadir Israel en tiempos apocalípticos.

La identificación que hizo Josefo fue con el reino escita, una civilización irania que se asentó en el norte del Cáucaso y el Mar Negro y cuyos restos fueron asimilados por las tribus eslavas que invadieron dichas regiones. (1) Pese a que se trata de una cultura que se desarrolló en la zona sur de Rusia, históricamente se ha identificado a este país con dicho pueblo. Así, por ejemplo, el célebre poeta ruso Alexandr Block identificó a Rusia con los escitas y su civilización. (2)

El historiador Issac Deutscher analizó el sentido histórico de dicho poema para establecer un paralelo entre las civilizaciones rusa y escita, “The Scythians, who lived on the Russian steppes, long defended the Greek and the Roman west against the pressure of the Huns from the east; but they themselves lived under the constant threat of invasion from the Roman west.(3)

La identificación de Rusia con Magog puede verse incluso en historiadores más recientes. Tal es el caso de Herbert Wendt, quien nos explica que “ya sabemos que, al hablar de este pueblo incendiario y destructor, la historia judaica se refería a los escitas cimerios (…) Pero a partir de aquel momento, la expresión “Gog y Magog” fue aplicada (…) por los occidentales, para designar los más diversos pueblos del norte y del este”. (4)

Esta imagen antigua de Rusia como cultura bárbara, opacada parcialmente tras las reformas de Pedro el Grande y Catalina, retornó con fuerza desde mediados  del siglo XIX, cuando varios pensadores importantes vieron en Rusia una cultura extraña a Occidente. A comienzos del  siglo XX, en La decadencia de Occidente, Ostwald Spengler identificará a la cultura rusa como distinta a la occidental. De igual manera, el filosofo español José Ortega y Gasset consideraba frente a la crisis occidental que Rusia no podría ser el relevo de Europa. Rusia era un pueblo, no solo distinto como materia étnica del europeo, sino-lo que importa mucho más- de una edad diferente de la nuestra. Un pueblo, aún en fermento, es decir, juvenil.  (5)

Ortega, por tanto, definía a Rusia en términos de barbarie, si por tal entendemos el estadio previo a la civilización.

De igual manera, Arnold Toynbee arribará a la conclusión de que el proceso de occidentalización de Rusia, iniciado con Pedro el Grande, nunca pudo ser completo, lo cual explica que una revolución comunista hubo de producirse allí. La resistencia a la cultura occidental, que Toynbee identifica con los zealotes, explicaría toda la historia rusa hasta el presente. Tal es el caso del paneslavismo, que parece haber sido asumido como ideología en la Rusia de Putin:

The Slavophil movement  (…) might be viewed as a muted expression of the nature Russian Zealot hostility to the western culture-an hostility which, in an age when Westernization was the dominant tendency in Russia, found itself compelled to masquerade in some Western or other and this fastened upon an archaizing Western movement which itself  was a native criticism of industrialization (6)

Este mismo patrón de asimilación cultural explicaría la adopción del marxismo, la mascarada utilizada por el sentimiento ancestral ruso para mantener la tradición en tiempos de fuerte expansión occidental. Una idea ya lanzada por Ortega y Gasset en La rebelión de las masas, donde utiliza la expresión camuflaje para referirse a este proceso.

La revolución rusa puede ser explicada como una reacción a la tendencia a la occidentalización del último periodo del zarismo. De hecho, los primeros intentos de oposición a esta provenían de los populistas que clamaban por restablecer la propiedad común de la tierra, como forma de impedir la transformación capitalista y occidental de Rusia.

Estos juicios coinciden con la imagen que de Rusia tenían los paneslavistas. Según el célebre sociólogo ruso-americano Pitirim Sorokim, citando la obra de uno de los más importantes pensadores paneslavistas del siglo XIX, Danilevsky, la civilización rusa casi no tenía nada en común con la de Occidente y este último siempre había visto a Rusia como un enemigo. (7)

Hitler utilizaría como pretexto para su conquista de Europa Occidental el peligro de una invasión rusa. Y no debemos olvidar como la historiografía soviética, heredando las creencias de Stalin en el periodo de la guerra, intento demostrar que hasta último minuto Inglaterra y Estados Unidos intentaron una paz por separado con Alemania para impedir la expansión soviética en Europa, reflejando la ancestral idea paneslavista de que Occidente pretendía destruir a Rusia.

Finalmente, tras el fin de la guerra fría, Samuel Huntington trajo de vuelta la idea expresada un siglo atrás por Danilevsky. Rusia había estado ajena a los grandes hitos de la modernidad: la Reforma, la Ilustración, la Revolución Industrial, y esto hacía posible establecer una definida frontera cultural entre Rusia y Occidente:

The most significant dividing line in Europe, as William Wallace has suggested, may well be the eastern boundary of Western Christianity in the year 1500. (…) this line, of course, coincides with the historic boundary between the Hapsburg and Ottoman empires. The peoples to the north and west of this line are Protestant or Catholic; they shared the common experiences of European history—feudalism, the Renaissance, the Reformation, the Enlightenment, the French Revolution, the Industrial Revolution; they are generally economically better off than the peoples to the east; and they may now look forward to increasing involvement in a common European economy and to the consolidation of democratic political systems. 

The peoples to the east and south of this line are Orthodox or Muslim; they historically belonged to the Ottoman or Tsarist empires and were only lightly touched by the shaping events in the rest of Europe (…) (8)

El paralelo con la Segunda Guerra Mundial

Varios analistas han querido ver en la anexión de Crimea un episodio similar a la crisis derivada del Pacto de Munich. En 1938 Adolfo Hitler amenazó a Checoslovaquia, que contaba con una importante minoría alemana dentro de sus fronteras, con anexarse la región de los Sudetes, separada artificialmente tras la firma del Tratado de Versalles.

1-caballo_de_putinA raíz de dichas reivindicaciones territoriales Hitler obtuvo los Sudetes y ocupó, además, Bohemia y Moravia, con el pretexto de defender a Eslovaquia, cuya independencia forzó. Por último, en septiembre de 1939 estalla la Segunda Guerra Mundial, debido a las reivindicaciones alemanas sobre los territorios poblados por las minorías de sangre germana que vivían al occidente de Polonia.

Sin duda, existen algunos paralelos entre ambas situaciones. Hitler actuó movido por la ideología pangermanista (la idea de reunir a todos los alemanes dispersos  en Europa en un solo estado) y Putin parece hacerlo movido por el paneslavismo.

Aunque Alemania perdió la Primera Guerra Mundial y eso incentivó su nacionalismo y por otro lado Rusia, tras la desintegración de la URSS y la pérdida de su influencia mundial, ha visto un resurgimiento de dicho sentimiento nacional y del deseo de recuperar la hegemonía pasada, no existe un régimen paralelo al del Tercer Reich en la Rusia actual. Si bien Putin es un gobernante autoritario, no hay una similitud entre su régimen y el del fascismo alemán, lo cual hace al primero mucho más débil.

¿Lo que pudiera ocurrir? 

Ucrania hasta la reciente anexión de Crimea fue sede de la flota del Mar Negro, cuya protección era vital para Rusia. Ya en 2008 Ucrania pidió su incorporación a la O.T.A.N, lo que provocó el rechazo ruso para además lograr el ascenso del presidente Yanukovich al año siguiente, derrocado meses atrás, por rechazar un tratado con la Unión Europea y haber buscado la reincorporación e Ucrania a la esfera de influencia rusa.

Es de interés para Putin impedir una Ucrania independiente de Moscú que pueda incorporarse a la OTAN o a la Unión Europea. Es por esto que hemos visto que Moscú ha intentado desmembrar a Ucrania, al no lograr restablecer sobre ella el protectorado.

Hasta ahora la Unión Europea ha reaccionado con sanciones financieras y comerciales. Poco después de comenzar la crisis, el político alemán  Joshka Fisher propuso una unión energética en la cual Polonia jugaría un papel central. (9) Si Polonia, nación que también desea incorporarse al euro y tradicional enemiga de Rusia, logra dicha preponderancia, en momentos en que algunos países de la Unión como Reino Unido y Holanda amenazan con abandonarla y si, a esto, le sumamos la histórica cercanía de Polonia al Vaticano y el conflicto entre este último y la Iglesia Ortodoxa Rusa, no sería descabellado concebir nuevas tensiones entre Rusia y Europa Occidental. (10)

Aunque este escenario dibujado es solo uno dentro de varios posibles, los acontecimientos presentes nos muestran que Rusia continúa estando presente como “otro”, en la imagen que de ella tiene Occidente.

                                                                             Notas

(1) Turner, Ralph: Las grandes culturas de la Humanidad. Pág. 695. Edición Revolucionaria. Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1970.

(2) Block, Alexandr Los escitas, 1918 (disponible en inglés en el sitio www.marxists.org.)

(3) Deutscher, Isaac: Stalin, a political biography. Vintage Books. Random House, New York, 1961. P 387.

(4) Wendt, Herbert: Empezó en Babel. Editorial Noguer S.A. Madrid, 1973. p 248.

(5) Ortega y Gasset, José: La rebelión de las masas p 201. Revista de Occidente, Madrid, 1960.

(6) Toynbee, Arnold: A study of history. Oxford University Press, London, 1972. P 403.

(7) Sorokin, Pitirim: Las filosofías sociales de nuestra época de crisis. El hombre frente a la crisis. Aguilar S.A. Madrid, 1958. Pág. 81. Danilevsky partía del criterio de que Occidente a lo largo de la historia ha odiado a Rusia.

(8) Huntington, Samuel: The clash of civilizations.

(9) Fisher, Joshka: Europa en la tragedia de Ucrania El País, 6 de mayo de 2014. 

(10) La OTAN no descarta el ingreso de Ucrania y urge a Rusia a cesar acciones militares. La Alianza Atlántica deja la puerta abierta a que Kiev entre en la organización y urge. Diario ABC, Madrid. 30/08/2014

Sobre el autor

Ariel Pérez Lazo

Ariel Pérez Lazo

Ariel Pérez Lazo (La Habana, 1977). Master en Historia Contemporánea por la Universidad de La Habana, es profesor en el Management Resources Institute de Miami. Fue premio de ensayo Casa Cuba de la revista Espacio Laical en 2009. Ha publicado artículos para Convivencia, Diario de Cuba y Cubaencuentro, entre otros sitios digitales e impresos. Sus ensayos “La filosofía cubana”, “Martí: crítico de Darwin” y “Aproximaciones a un pensamiento filosófico cubano” han sido recientemente publicados en Amazon.

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