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Rusia y el petróleo

Rusia y el petróleo

noviembre 19
07:23 2011

 

1-aaa_Vladimir_PutinRusia tiene las mayores reservas de gas mundiales y es el segundo país en exportaciones de petróleo del mundo tras Arabia Saudita. La excesiva dependencia estadounidense del petróleo de Arabia Saudita y otros países inestables del Golfo Pérsico, ha contribuido a la aparición de una nueva relación en materia energética entre Estados Unidos y Rusia.

Sin embargo, la cooperación bilateral energética se ha ido desarrollando con lentitud. De hecho, la mayor parte del petróleo ruso se exporta a Europa. Rusia ni siquiera se encuentra entre los quince principales proveedores de petróleo a Norteamérica.

Ambos países también han encabezado un llamamiento al incremento de la producción de energía nuclear para conseguir un suministro energético más seguro a nivel internacional. Tras una reunión de los ministros de Energía de los países del G8 en Moscú, en mayo de 2006, Estados Unidos y Rusia propugnaron un “renacimiento sustancial” de la industria de la energía atómica mundial. No obstante, esta cooperación más estrecha se ha visto obstaculizada por la preocupación de Washington en relación con los acuerdos de Moscú con Irán y la propuesta de acuerdo para suministrar uranio enriquecido a dicho país.

Las inmensas riquezas energéticas del Asia Central y del Cáucaso son consideradas por Rusia como parte de su seguridad nacional. Por eso, si Estados Unidos construye oleoductos hacia el sur, a través de Afganistán a Pakistán, Rusia pierde el control de las Repúblicas de Asia Central y Estados Unidos aumenta el poder sobre los países que lo usen, especialmente Pakistán e India. Por ello, esta es una competencia que tiene a otro querellante, los rusos, quienes buscan torpedear los planes turco-iraníes de acarrear el petróleo asiático al Mediterráneo a través de la meseta de Anatolia, o la idea de Irán de transbordarlo al Golfo Pérsico. Los rusos quieren sustituir a ambos con un diseño propio: el de un oleoducto a través del Mar Negro hasta los estrechos del Bósforo.

El póquer geoestratégico domina este espectáculo petrolero. Es justamente el afán de impedir el fortalecimiento de las posiciones de Rusia en el Cáucaso Norte lo que mueve a Washington a utilizar sus resortes políticos y económicos para lograr que Moscú mantenga una diplomacia de negociaciones. Pero Rusia sigue aspirando al pedestal de gran potencia, algo que no agrada a Europa y Estados Unidos. Entre las principales desavenencias entre Rusia y Estados Unidos se halla, en lo fundamental, la situación con Georgia, el petróleo del mar Caspio y las bases militares rusas en el Cáucaso y Moldova.

Al mismo tiempo, la Casa Blanca teme que Moscú logre convertir a Rusia en una gran potencia haciendo uso de los ingresos procedentes del gas y el petróleo, que permitieron a Putin consolidar la autoridad del Kremlin, imponerse a los centros de poder y reafirmar el control sobre las antiguas repúblicas soviéticas. El Kremlin también se ha hecho con el control de los recursos energéticos por medio de empresas estatales, como Rosneft, la compañía petrolífera estatal, y Gazprom, el monopolio de gas estatal.

El vicepresidente norteamericano, Dick Cheney, en varias ocasiones advirtió al Kremlin de que no debía utilizar el suministro de gas y petróleo como un arma política. Sus comentarios generaron un intenso debate en Europa acerca de la seguridad del suministro de energía procedente de Rusia. A comienzos de 2006, el monopolio de gas ruso Gazprom interrumpió temporalmente su suministro a Ucrania debido a una disputa sobre el precio, una decisión que fue duramente criticada por la Casa Blanca. Las previsiones indican que para el año 2025 Rusia suministrará el 70% del gas natural de Europa Occidental.

Sin embargo, las acusaciones mutuas entre Washington y Moscú podrían complicar aún más los esfuerzos por controlar la seguridad energética, que ha sido el principal tema tratado en las Cumbres del G8. Asimismo, debilitan el intento de Estados Unidos de conseguir el respaldo de Rusia a una resolución firme en la ONU con respecto al programa nuclear de Irán.

Sin embargo, Moscú otorga una gran importancia al mantenimiento de su acuerdo con Teherán para finalizar la construcción de una central nuclear en Bushehr, ya que, en efecto, Irán ha salvado el sector de la energía nuclear de Rusia. La industria rusa tuvo que hacer frente a un futuro incierto después de la pérdida de clientes tras la caída del comunismo y el acuerdo con Irán da trabajo a decenas de miles de empresas rusas. Rusia e Irán continúan adelante con sus largas negociaciones sobre la construcción de tres a cinco instalaciones adicionales por un coste de 3.200 millones de dólares.

Entretanto, la apertura del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyjan (BTC), que lleva el petróleo del Caspio a los mercados mundiales, constituyó un importante éxito de la política exterior estadounidense. El oleoducto va desde los pozos petrolíferos submarinos de Azerbaiyán hasta el puerto mediterráneo de Ceyjan en Turquía, a través de Georgia, evitando pasar por Rusia, que domina todas las rutas hacia los mercados occidentales del petróleo desde el Caspio y Asia Central. Estados Unidos lideró el proyecto como un medio para fortalecer la independencia de las antiguas repúblicas soviéticas frente a Moscú.

Rusia lucha denodadamente por asegurarse que la única ruta para exportar los recursos energéticos euroasiáticos pase por su territorio  buscando consolidar su control sobre el petróleo de Azerbaiján al punto de haber promovido el golpe de estado en junio de 1993 contra el presidente Abulfaz Elcibey, un evidente pro-turco, el cual fue sustituido por el ex jefe de la KGB y del Politburó de Brezhnev, el general Heidar Aliyev, un evidente pro-ruso.

En 1995, la Azerbaiján International Oil Consortium (AIOC) anunció que su crudo diario se trasladaría a Novorosisk, atravesando Chechenia, y al puerto georgiano de Supsa, decisión apoyada por la administración norteamericana evidentemente lesionando los intereses de la compañía petrolera rusa Lukoi. Rusia respondió concediendo apoyo al “señor de la guerra” Suret Husseinov, mientras el presidente Aliyev era objeto de varios atentados. Además, el Kremlin alentó el separatismo étnico de las minorías lesguienas en el norte y talishas en el sur. El conflicto del Karabaj, centro del proyectado oleoducto del Caspio a Turquía, se movía por las mismas coordenadas petroleras y aquí Rusia jugó con ambos bandos, apoyando a los azeríes y alentando a los armenios.

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