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¿Sacrificando al peón?

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¿Sacrificando al peón?

¿Sacrificando al peón?
abril 27
14:14 2017

El signo dominante en nuestra época es un signo de interrogación. La frase es vieja. Fue escrita por Gilbert K. Chesterton hace 90 años, pero tal parece que alguien acaba de escribirla para nosotros. Puesto que con más interrogantes que minutos y horas se están configurando hoy los días de la existencia terrestre.

Pero tampoco la cosa es para ponernos tremebundos. Si recordé otra vez esta cita de Chesterton, ha sido sólo para aplicarla en específico a la situación de Cuba.

Y es que una nueva interrogante dentro de aquel signo de interrogación que flota a la deriva sobre el mar de las Antillas, se abre hoy en torno a la actitud de ciertas personas que hasta ayer de tarde aplaudieron o callaron ante cada salvajada de la dictadura castrista, pero he aquí que de pronto airean refunfuños de protesta. El último caso es el de Silvio Rodríguez, quien se mostró públicamente ofendido ante la posibilidad de que su acceso a Internet fuera escrutado por la policía informática del régimen, una práctica que funciona desde siempre para los que no son Silvio, sin que a Silvio le haya molestado nunca.

Antes, el periodista uruguayo Fernando Ravsberg, otro fidelista fiel, se desgañitó quejándose de ser víctima de acoso y maltratos dirigidos desde el oficialismo. Igual se han quejado recientemente algunos intelectuales y activistas que dicen enfrentar el antirracismo en Cuba, aunque lo hacen asumiendo las reglas del régimen, lo que equivale a ser juez y parte en el atropello. Casi a diario levantan una piedra debajo de la cual hibernaban tres o cuatro cochinillas que ahora buscan apuradas la luz del sol, quizá para sentirse vivas.

En especial me llamó la atención que no pocos entre esta fauna hayan publicado su desacuerdo con la reciente expulsión, por motivos políticos, de una joven estudiante de la universidad de Santa Clara. Insólito. A lo largo de más de medio siglo el régimen castrista ha expulsado impunemente a cientos y miles de estudiantes por las más injustas y perversas razones, desde la pronunciación en voz alta de una leve frase que denote desacuerdo con sus dogmas, pasando por acusaciones de simple afeminamiento entre varones, hasta otras que desbordan todos los límites del ridículo, como la de haber asistido a la Misa del Gallo en la Catedral de La Habana. No hay uno solo entre esos fidelistas que ahora protestaron por la expulsión de marras, ni uno solo, insisto, que no haya sido cómplice, con su silencio o algunos hasta con su voto directo, de muchas otras expulsiones tan injustas y crueles como la de Santa Clara.

Me dirán que nunca es tarde. De acuerdo. Pero no por eso el hecho deja de resultar sospechoso. Lo más previsible parece ser que estos sujetos estarían viendo que el barco se hunde, sin prisa pero sin pausa, e instintivamente tratan de encontrar el modo de mantenerse a flote. Pero también puede ocurrir que ante el inminente naufragio, ellos hayan pensado en la conveniencia de salvar lo que consideran salvable, que es la ideología fidelista, llamémosle así. Y en tal caso, estarían dispuestos a posar de disidentes del raulismo en su fase de putrefacción, a partir de una estrategia que presuntamente limpie su imagen ante el pueblo y les permita diseñar las próximas acciones del muñeco dictatorial.

Sería como en el ajedrez, que sacrificas un peón a cambio de obtener una compensación posicional que te permita reorganizar el juego y avanzar con ventaja. Al final, ya sabemos que la verdadera vocación de Raúl Castro es la de peón, diabólico pero peón. Lo fue mil veces de su hermano y nada tendría de sorprendente que vuelva a serlo (incluso hasta conscientemente) en favor del fidelismo.

Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó como periodista para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Tiene 16 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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