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San Juan de los Remedios: entre demonios y pérdidas

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San Juan de los Remedios: entre demonios y pérdidas

La parranda en Remedios

San Juan de los Remedios: entre demonios y pérdidas
mayo 28
19:49 2018

Con Cuco Alvarez, in memoriam        

Tierra apropiada por Vasco Porcallo de Figueroa desde el comienzo de la conquista y hasta su partida de la isla -en el primer bautizo, católico, Santa Cruz de la Sabana del Cayo- y único sitio que se conozca donde ha sido llevado el mismísimo diablo ante un notario, hogar de más de 300 demonios, de poseídos endemoniados, donde los Siete Juanes, vírgenes, capturaron al Güije y una de las bocas conocidas del infierno, todo esto y más es San Juan de los Remedios, cuna de Las Parrandas y de Alejandro García Caturla, quien necesita igualmente de una vez se historie su vida sin prejuicios, se atienda su música como lo que es: uno de los mayores exponentes del sinfonismo, y de paso le arreglen la casa, que es el único museo que tiene el genio cubano.

Asolada por piratas hace unos quinientos años, llegó hasta donde se mantiene, dando lugar a más de un nuevo pueblo, incluida la capital de la provincia, Santa Clara.

En Diciembre del año 1958 la Columna 8 Ciro Redondo atacó el edificio del Ayuntamiento, que servía a la vez de estación de policía y de Archivo de Historia. El apremio de Roberto Rodríguez Fernández, El Vaquerito, por llegar a Sta. Clara eliminó cuanto papel pudiera entrañar historia, dejando además un hueco visible todavía. Las órdenes eran del guerrillero argentino, Che Guevara, que acampaba por otra parte, en Manacas. Esta fue la primera destrucción del nuevo periodo, el inicio del ciclo que no termina.

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Había que sentarse y escuchar a los viejos, un rato de parque y sombra en los días aplomados, que diría nuestro más alto poeta vivo, Octavio Armand. Las Parrandas –siempre en plural– en otro tiempo habían sido ejercicio de culto, admiración y disfrute. Los vecinos de la villa y los muchos que la villa recibía reclamaban el triunfo del barrio, según dónde se viviera, de cuál bando se fuera.

En Remedios se puede ser del Carmen –el Gavilán– o del San Salvador –el Gallo– y la farola del Carmen rivaliza con el estandarte sansarí (he preguntado, buscado, y nada: dos rayos creo que tenía, pero no estoy seguro, y El Museo de las Parrandas de Remedios no tiene Web…Definitivamente la simbología del barrio del Carmen es más prolífica, efectiva) mientras un ánimo festivo se apodera de las cuatros costillas del pueblo, que vive esperando las parrandas, y no pocos de ellas.

Las Parrandas tienen -¿tenían?- cuatro componentes esenciales, para sintetizar. Los Trabajos de Plaza, las carrozas, los fuegos artificiales y la música: pues posee las parrandas de Remedios música propia, así como cada barrio sus toques, polcas características, congas y comparsas…

Decir Trabajo de Plaza puede resultar inocuo para el lector ausente de esta tradición del centro de la isla. Pero posiblemente sea lo más significativo. Estas enormes construcciones de madera forradas en tela y con intestinos de cables, con millares de bombillas de colores reflejadas en al vacío de la noche, son el sello, uno de los distintivos parranderos y de los mayores atrevimientos -¿disparates?-electrónicos que se puedan realizar en la isla de Cuba, y más allá…

Las carrozas sufren la redondez del parque, y aunque solamente recorren un pedazo, algunas se parten en la maniobra. Son a diferencia de las de carnavales, estáticas, no obstante se utilicen elementos cinéticos, y siempre representan un tema, por norma mitológico, fantástico…

La competitividad parrandera pudiera exteriorizarse entonces en los fuegos artificiales. Si como decía al comienzo, había que escuchar a los mayores para llegar hasta el momento en que las personas sentadas en la plaza disfrutaban del tiro de voladores, palenques, palomas, paracaídas y morteros, entre los muchos tipos de artificios pirotécnicos que en el pueblo se fabricaban, o se compran para la ocasión. La carencia ha ido de manera progresiva eliminando aspectos, singularidades de esta fiesta cubana. Hasta el punto que ha quedado un esperpento de la tradición misma. Nada más allá del enfrentamiento pirotécnico predomina. Poco sobrevive del festejo, fuera de los explosivos.

Vista de la casa de Alejandro García Caturla y de edificios desaparecidos en Remedios (principios del siglo XX)

¿Dónde quedaron las congas que ensayaban durante meses, y las comparsas, los gigantes, el diablito y demás personajes que hacían de esta fiesta una de las cuatro declaradas bien de interés nacional junto a las Charangas de Bejucal, los Carnavales de Stgo de Cuba y los de La Habana? ¿Qué fue de la parte lúdica de esta celebración?

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San Juan de los Remedios posee todavía una historia difusa. Más allá de su contrastable nombramiento, fundación como Villa –la octava– de su asentamiento sin embargo -quizá entre 1511-1513- los historiadores prefieren no profundizar, y los que lo han hecho quedan fuera de la maquinaria oficialista.

De los primeros pueblos en exhibir películas y de recibir compañías de teatros desde el ya lejano siglo XIX, solamente las ruinas dan testimonio de lo que hubo, existió. Restos de su Teatro Guiñol, que había sido edificado en mi niñez sobre el cadáver de un cabaret, devenido ruinoso ring para el boxeo. Restos de su Teatro Villena, antiguamente Madrid: dejar caer este edificio de principios del siglo pasado, no prever que las condiciones climatológicas lo podían liquidar, es lo más esclarecedor sobre la gestión que realizan las autoridades para preservar el patrimonio, ensimismadas en colorear los alrededores del parque central para que escasos turistas y nostálgicos de regreso en el pueblo se inmortalicen en los muros de Facebook, mientras el resto de los edificios de la villa van desmoronándose. Como antes El Palomar, La antigua Plaza del Mercado, que da nombre todavía a un barrio y terminó de cuartería improvisada para desplazados, previo a desaparecer por completo, sembraran de asfalto su ausencia, o la Academia de Música jamás recuperada…

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Con una migración considerable, los que hacían las parrandas están, como poco, a más de 180 kilómetros de distancia. Ensayan en pleno Junio de La Florida lo que sucedía, sucede los Diciembres en la isla, a la vez que sostienen a las familias que dejaron –la economía– con las remesas de dinero del enemigo.

Los artistas, aquellos que no caben en los planes del gobierno, no tienen espacio para gestionar sus obras, ni herramientas con las que realizarlas. Alguno pinta con baba de güira los abundantes grises que viven, mientras prosperan chapuceros de verborrea patriótica fácil –naif, les llaman– que no encuentran dificultades para entrar, salir y seguir entrando… Los otros, los ausentes, ni siquiera son nombrables todavía.

Ya Remedios no exhibe sempiternos naranjales, sus Centrales azucareros –salvo uno– no muelen otra cosa que el óxido acumulado. El marabú creció para hacer lo suyo donde antes había cultivo, y los poetas visibles son inventos, dóciles y engordados voceros del despropósito…

Con una de las mitología más abundante de nuestra joven historia, la ciudad urge se apuntale, no solamente el pedacito de casco histórico, y sea rescatada de lo que parece un viaje al escombro anunciado. La generosidad de los remedianos dispersos por el mundo es manifiesta, algo de esperanza todavía queda. Pero: ¿llegarán a tiempo?

http://www.eforyatocha.com/

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Sobre el autor

L. Santiago Méndez Alpízar/ Chago

L. Santiago Méndez Alpízar/ Chago

L Santiago Méndez Alpízar (Las Villas, 1970) es escritor y editor cubano. Ha publicado los poemarios “Plaza de Armas” (Letras Cubanas), “Rockason con Virgilio Piñera” (Editorial Betania), “Bagazo (poemas íberos)” (Efory Atocha Ediciones) y “¿Entonces, qué?”, antología de tres libros escritos entre 1994 y 2006 (Editorial Verbum). Reside en Madrid desde 1996, ciudad donde dirige Efory Atocha Ediciones y edita el sitio homónimo (http://www.eforyatocha.com/).

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