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Sanctasanctórum: del olvido a la ansiedad de las influencias

Sanctasanctórum: del olvido a la ansiedad de las influencias

junio 19
16:53 2012

1-0_aaa_tinitoExisten dos dimensiones bajo las cuales el hombre yace dormido y contemplativo. Una primera es la del mundo “yo-ello”: el  mundo de cosas que rodea al hombre, la casa, las calles, la puerta, los muebles, los objetos inanimados. Segundo, la del “yo-tú”, cuya dimensión es más cercana y vital: yo y mi madre, yo y mi familia, yo y mi mujer; un mundo personal animado. Pero en fin, un mundo proyectado sobre cada dimensión. Una proyección de mi mundo sobre “ello” y “tú”.

El mundo no es la realidad. Formas, símbolos, signos advienen como formas de este mundo entre yo y el mundo. Lo sagrado, lo eterno, lo maravilloso viene cuando se pasa a una tercera dimensión: “Yo y aquello”. Aquello que existe pero no se puede nombrar; sólo se puede sentir y vivir. Es lo que nos llena verdaderamente de asombro y maravilla. No poderlo nombrar hace que constituya un misterio, que devenga una divinidad.

Pero Cernuda y Eliseo Diego no poseían una mirada profunda sobre lo pequeño, lo insignificante, lo cercano y lo familiar, para atestiguar el origen de la creación. Sus miradas eran más bien positivas, filosóficas, dadas a la analogía y la simbología descriptiva. Ellos se quedaban en la descripción del “yo-ello” y el “yo- tú” cuando se referían al “yo y aquello”.

Sus canciones estaban precedidas por su fe religiosa. El catolicismo, la identificación con la fe religiosa católica, impedía precisamente esa mirada directa y concreta sobre las cosas. Impedía un romance directo. De ahí que la necesidad de lo nombrado no fuera parte de una visión poética como tal, sino de la ansiedad de nombrar aquello que se consideraba separado de la creación. Decir que aquellas pequeñas cosas formaban parte de la creación, era un ardid teológico.

Y es esa es la aptitud que pudiera estar prevaleciendo en la mirada poética de Jesús (Tinito) Díaz, al sentir también la necesidad de comunicarse con la creación a través del nombramiento de ciertas cosas cercanas, insignificantes, pero mediadas por una aptitud filosófica y religiosa, la misma con que Eliseo proyectó su poética sobre el mundo de las cosas y las personas. A través de cuya filosofía el asombro no era real, auténtico, sino un sueño mágico real.  No existía una conciencia profunda del “yo”.

También puede que lo anterior explique un poco, desde esa posición de nombramiento,  el por qué de la introvertida personalidad  de “Tinito” y su proceder cuando proyecta la mirada sobre muchas cosas que considera sagradas, venerables, misteriosas, al punto de dudar de la penumbra cuando la relación “yo-ello-tú” pudiera haber quedado en el profundo olvido. Por eso en el libro Sanctasanctórum (Eriginal Books) se muestra  una necesidad de recapitulación, de vuelta al pasado, al origen. Pues el hogar de la infancia, los objetos que allí la habitan, los seres que convivieron en ella y los difuntos que aún rodean ese hogar constituyen el espacio secreto con que “Tinito” cuenta para hallar sentido a su vida. ¿Por qué? El hombre no puede vivir sin su pasado. El sentido está en su hogar, en su Sanctasanctórum. Santo, sagrado, lugar que en tanto filosofía le va permitiendo visualizar, desde la magia que contiene, el espacio considerado “sagrado”, en el que se hace palpable la relación “yo-ello”, “yo-tú”.

Por supuesto, se trata de un sentimiento de levedad, de ansiedad por ese olvido con mirada de poeta. La palabra habitada por el olvido hace de este poemario una suerte de salvación de aquello que se piensa habrá de entrar en la eternidad.  Salvar lo eterno es llegar al origen de las cosas. ¿Pero cómo habrán de entrar en la eternidad estos nombramientos si aún media entre ellos la visión filosófica, visión “yo-ello” y “yo-tú”?  Esta es una de las trampas de la ansiedad de las influencias que hay que superar.

Lo importante no es el factor tiempo. Un poco más de tiempo y se pierde lo eterno. Un poco más de tiempo y todo queda en un sueño absoluto, en la penumbra. Esa es la ansiedad de Eliseo por nombrar las cosas. Tiene miedo a perder su identidad, su cultura, todo lo que lo sustrae de darle sentido a su vida. Y es así como la ansiedad del olvido parafrasea y enmascara la ansiedad de las influencias.

El  poemario Sanctasanctórum  lleva ese tono de las influencias pasadas por olvido. El mismo miedo a perder el pasado, a perder la identidad, a perder lo único que se tiene como propio y auténtico. Es Eliseo Diego quien motiva a “Tinito” a fijar la mirada frágil ante el hecho primordial que es la eternidad y sobre lo innombrable. Una huida a través del intelecto para mitigar la carga de seguir viviendo bajo el peso de la Isla. Ese peso abrumador  e insostenible. Pero el hombre siempre busca y encuentra de qué sostenerse. Karl Jaspers dice: hay que hundirse en la resignación o dar el salto. Y el hundirse en la resignación ha permeado toda la obra poética cubana. De ahí que un motivo más, sutil pero un motivo más, ha llegado con el nombramiento de las cosas para introducirle a la vida una inyección de “significado”. Para vivir  una vida miserable e incorrecta.

No sé si “Tinito” estaría de acuerdo conmigo en estas apreciaciones: todo lo que no es mío ha de ser retirado. ¿Y qué no es mío? Aquello que “considero mío”, mi casa, mi hogar, mi origen, también ha de ser retirado. ¿Es mía esa relación con las cosas? ¿Qué es realmente mío? Nunca ha habido una respuesta satisfactoria de la filosofía y de la poética cubana. Jaspers dice: Sé tú mismo. De ahí que todo el dilema de la angustia por nombrar las cosas, por estar hechizado ante algo que confiere sentido a la vida, no sea lo mío. Será un sentido a medias, un sentido que a la postre provocará más angustia y más desesperación. Lo mío es mío en la medida en que haga crear una relación, una dependencia. Aquí radica  todo el problema respecto a la existencia y a la eternidad.

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