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Se vende un piano para matrimonios gays

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Se vende un piano para matrimonios gays

Se vende un piano para matrimonios gays
agosto 20
13:43 2018

En el frontal de una casa habanera situada muy cerca del túnel de Línea, viniendo de Miramar, exhibieron durante muchos años (quizás todavía lo exhiben) un letrero que anunciaba: “Se vende un piano”. Siempre pensé, y asimismo debieron pensarlo casi todos los que pasaban por allí, que era una tomadura de pelo, que el piano no existía, o si existía no tocaba, o si tocaba ya había sido vendido años atrás pero no retiraron el cartel.

El hecho es que aquel anuncio me ha venido a la mente en estos días a propósito de la inclusión del matrimonio entre homosexuales como tema llevado al “debate público” en Cuba.

Puede parecer gracioso a primera vista, pero es realmente triste, y hasta dramático. En las imágenes que nos llegan, mediante la televisión cubana, sobre esa farsa a la que llaman allá participación popular en el análisis de la nueva Constitución, hemos visto algún que otro “representante del pueblo” intentando exponer dudas en torno a la conveniencia de institucionalizar el matrimonio entre homosexuales. Supongo que por cada uno que manifieste sus reparos, habrá miles que los tienen y decidieron tragárselos. Sospecho además que ninguno (incluidos los que hablan), se toma en serio el asunto, con la excepción de los miembros de congregaciones cristianas, donde, al igual que en cualquier otro grupo social, abundan los gays reprimidos que ya quisieran poder casarse.

Es otro de los casos en que se ajusta como un guante lo dicho por el filósofo Jean Baudrillard en el sentido de que lo más escandaloso, en nuestros días, no consiste en atentar contra los valores morales establecidos desde antaño sino contra el principio de realidad.

Y este es un principio que en Cuba suele ser tratado como los tostones de plátano: a puñetazos.

Ya se escribió bastante sobre la previsión (o la evidencia) de que el nuevo activismo anti-homofóbico del régimen, “liderado” por la princesa heredera del trono, no responde sino a un plan de estrategia cosmética que se enfoca –como todos los planes del poder en Cuba- hacia la opinión internacional. Sin embargo, no se ha dicho que de cara al interior de la Isla, resulta en esencia contraproducente, incluso dañino desde el punto de vista cultural, puesto que en vez de empezar por la labor educativa, formativa y de sensibilización, sus impulsores lo lanzaron imponiendo medidas de efecto publicitario, las cuales cayeron sobre la gente como bombas. De modo que, al igual que todo lo que se les impone a la cañona –que es todo-, a los ciudadanos no les ha quedado sino cruzarse de brazos, vencidos pero no convencidos, acatando sin la opción de concientizar.

Claro que la tradición patriarcal, ranciamente machista, que domina nuestra idiosincrasia no cambiaría en lo más mínimo porque el matrimonio entre homosexuales sea aprobado por la Constitución. ¿Acaso es lo único que será aprobado en contra de la voluntad popular? Los caciques de la Isla lo saben bien, ya que ellos mismos rechazan las bodas gays, tanto como las cirugías para cambios de sexo y la homosexualidad en general, pero, a diferencia de la población, los caciques no han necesitado concientizar el asunto. Basta con que sea un buen negocio, otro producto estrella para el parque temático por el que tanta buena prensa y tanto dinero reciben de la progresía internacional.

Es una maniobra redonda. Les toman el pelo al mundo anunciándoles la venta de un piano que no toca. Por su lado, los que ven el anuncio desde el interior del país, saben que es falso, pero no se alarman porque a ellos no les interesa comprar el piano. Y al piano, que sería el matrimonio en cuestión, no le viene mal la operación, aunque sea falsa.

Siempre me pareció muy simple esa hipótesis según la cual Mariela Castro escogió el tema LGBT sólo en busca de un protagonismo fácil y muy mediático que le permitiese hacer currículum como futura líder. Algo de verdad habrá en ello, sin duda, pero mucho más ha debido pesar el interés propagandístico y económico del régimen. Tampoco me parece que haya sido examinado suficientemente el profundo desprecio, la pobre consideración y el nulo respeto que condujeron tanto a Mariela como al régimen a elegir a los miembros de la comunidad LGBT como curieles de experimento para su falsa jugada.

Abundan en Cuba las discriminaciones: políticas, económicas, raciales, de género… Y a mí por lo menos me parece particularmente sintomático que la hija de papá se haya puesto al frente de las víctimas de esta comunidad discriminada, que a la vez que alinea entre las más sufridas y las más reprimidas, resulta la más débil para enfrentar las manipulaciones del poder, por ser quizá la más dividida y digamos la más inofensiva. ¿Le permitirían a un auténtico antirracista organizar mítines callejeros y convocar en comparsa a sus defendidos para que exijan reivindicaciones? ¿Se lo permitirían a un auténtico defensor de los derechos de los trabajadores, tan acogotados y mal remunerados? ¿Expondrían al análisis y al debate público la mera posibilidad de permitirlo?

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Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Premio de Narrativa 'Reinaldo Arenas' 2017, tiene 17 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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