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Ser cubano es un acto de fe

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Ser cubano es un acto de fe

Ser cubano es un acto de fe
septiembre 19
02:00 2016

 

Hace un tiempo posteaba en Facebook la frase del título y casi me comen. Y no era más que una boutade. Yo estaba simplemente bromeando. Jodiendo la pita y parafraseando a Jorge Luis Borges. O más exactamente, intertextualizando la frase de un personaje suyo, Javier Otálora, que aparece en el cuento ‘Ulrica’ y afirma que ser colombiano “es un acto de fe”.

Retomé la ironía borgiana y la recreé, o la intertextualicé o le ricé el rizo al croquinol, como tú quieras. “Ser cubano es un acto de fe”, posteé solemnemente, pero con un fondo de socarronería, sin más pretensiones que la de pinchar un globo triste. Pero eso causó malentendidos y hasta un absurdo rifirrafe, lo cual es lo normal en Facebook y en la vida misma. Hasta me acusaron de no ser un cubano de antes.

“La cubanidad es chanchullo”, acaba de sentenciar felizmente un amigo, como quien corrige de una vez la frase lapidaria del presidente Grau San Martín: “La cubanidad es amor”. Porque la cubanía puede ser lo mismo amor que desamor y odio, afán de protagonismo o afán de antagonismo, choteo y solemnidad al mismo tiempo. Ser cubano significa simplemente haber nacido y haber sido (mal)criado en Cuba. Y algo más, desde luego, que ahora paso por alto para no marear.

Quienes me conocen saben bien que yo ni me arropo con la bandera mi me atraco de nacionalismos, mucho menos de carácter seudorreligioso y apelando a la fe. No me va la demagogia ni el chovinismo. Ni la mentalidad teocrática de aquellos carcas que mezclan política con religión.

No soy tan barato, pero eso sí, soy cubano y a mucha sorna —cubano de antes y cubano de después, para que lleves carta—, aunque creo que con el fervor patriótico algo menguado en algunos momentos, cuando veo que el caimán se me pierde en el lodo (que es peor que perderse por entre el rudo manigual). Humano que soy, inevitablemente. Válgame Facebook como catarsis y punto de encuentro (a veces de reencuentro y desencuentro). Y válgame Dios.

Escena del cuento de Borges en que el colombiano Otálora conoce a la noruega Ulrica:

 

“Nos presentaron. Le dije que era profesor en la Universidad de los Andes en Bogotá. Aclaré que era colombiano. Me preguntó de un modo pensativo:

–¿Qué es ser colombiano?

–No sé –le respondí–. Es un acto de fe.

–Como ser noruega –asintió”.

Sobre el autor

Nicolás Águila

Nicolás Águila

Periodista cubano con residencia en Madrid, licenciado en Filología Inglesa, Nicolás Aguila ha sido colaborador de numerosos publicaciones en varios países, entre ellas Cubanet y la Revista Hispano Cubana. Ha trabajado como docente universitario, traductor y editor de revistas médicas. Residiendo en Brasil obtuvo por concurso una beca de ICI para curso de profesores de español en Madrid. Ha realizado numerosos cursos de posgrado en el área de Lingüística Aplicada y enseñanza de idiomas en Cuba, Brasil y Estados Unidos.

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