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Sobre El libro de los Cocozapatos

Sobre El libro de los Cocozapatos

julio 26
19:23 2011

1-cocozapatos_con_denisSiempre he estado persuadido de que la propia naturaleza de la vida, de la poética de su espacio,  escamotea y desvirtúa ferozmente todas nuestras estrategias matemáticas, nuestra lógica formal: sobre  eticidad y moralidad, sobre todo lo que concuerde con el viejo puritanismo y conservadurismo, pende  siempre “la espada de la vida”. Pero aun así, la humanidad prefiere seguir aferrada a los viejos cánones de una “moralidad” regida por el imperio de la razón. El “formalismo” es tan evidente en nuestra vida cotidiana, y  somos tan matemáticos para con él, que no dejamos de ver caer todos los días, en el rostro de la humanidad, el “diluvio del sufrimiento”.

En Denis Fortún debe estar encarnado no el “espíritu del choteo”,  la burla, la falsificación y la desfiguración que emergen de su escritura –aunque se apodere de ese recurso expositivo, de esa literatura pedestre popular que nos margina a una sobrevivencia cultural–, sino una fuerza  “desconstruccionista de ese choteo”, de ese sujeto empobrecido y vilmente  engañado por “la alta cultura” y las elites de poder pueblerinas y metropolitanas, con el fin de cultivar, en forma de actitud redentora,  una “poesía” ante todas las adversidades que la vida propone. Sólo son recursos del lenguaje. Es como la fuerza espiritual de un dragón, que al caminar zigzagueante esquiva la flecha de la fundamentación confuciana de la vida.  Se ríe del hacedor y su impostura. Lo impugna y lo manifiesta como una arrogante apuesta ensayística. Juega con su fascinación.

Por eso en el relato “Los cocozapatos” (Editorial Silueta, Miami, 2011) se tiene que llevar un ejercicio ensayístico exquisito, más que literario. ¿Cómo burlar la quintaesencia de un poeta y la impaciencia de un cuentero? No existen delimitaciones entre ellos: o bien somos “mordidos” por la trágica realidad de la confusión y el desorden de lo dionisiaco, ¡o bien una nos liberará de todas nuestras apologías! ¡Qué bueno que al final del cuento, del pretexto, de la morbosidad ensayística del ser atenuado por sortear las barreras poéticas y narrativas, los Cocozapatos fueran arrojados al río! En ese desprendimiento y soltura, la vida florece como es: natural y simple, sin ningún “formalismo” que la atestigüe.

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