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Sobre ‘Orgía de palabras’

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Sobre ‘Orgía de palabras’

Baltasar Martín junto a Maité Rodríguez mientras firma uno de los ejemplares del libro en el Festival Vista

Sobre ‘Orgía de palabras’
Agosto 05
14:07 2016

 

En el prólogo a Orgía de palabras (Eriginal Books, 2016), afirmo: “Lector, lo que tienes en tus manos es una confesión. La confesión de un poeta, quizá la más creíble de cuantas puedan haber”.

Y, luego de aproximadamente dos meses de haber expresado lo anterior, lo sostengo.

Confesión, testimonio de su paso por distintas facetas de la vida, algunas áridas, accidentadas, nos muestra Baltasar Santiago Martín, quien, asimismo, patentiza las noblezas que le son innatas en esta “orgía” que, si bien resulta de las palabras, también lo es de la imagen: las fotos e ilustraciones insertas —creo que es el término correcto— en este libro apoyan al poema y, como debe ser, viceversa. O sea, la pregunta es: ¿estarán los versos inspirados por las imágenes o resultan estas quienes espolean, catalizan a los versos?

Dejo la respuesta en el aire; que sean, ustedes, lectores quienes se la respondan.

De cualquier manera, lo realmente interesante resulta que la enjundia de poemas e ilustraciones muestran lo humanamente visible pero, sobre todo, el rescoldo, el agua que se esconde en el remanso del hombre, del poeta que en estos versos parece, más que desgarrarse, exponerse en público; digamos que con toda naturalidad, condición que se relaciona con lo afirmado antes: “confesión” y testimonio, pero testimonio de lo intangible, lo que se halla dentro del “ser”. De manera que si no sonara como algo soez, o al menos excesivamente coloquial, yo diría que Santiago Martín se saca las tripas y las entrega mediante no poco de los versos de Orgía de palabras.

Vean si no:

“Te conocí,

prohibido y público a la vez,

en un retrete al aire libre,

cual feria de posible placer a la intemperie,

pero el destino le puso techo al desenfreno

y la orgía fue entonces solo cosa de nosotros dos,

con la misma emoción con que hoy te aguardo”.

Volviendo a la condición testimonial, estoy de acuerdo con quienes afirman que entre los modos literarios el poema resulta el más “realista”, toda vez que puede exponer, sin límites formales, sin reglas más o menos preestablecidas, todo lo que un ser humano, un poeta desea, siente decir al mundo. Creo que así funciona aun cuando el hacedor de versos parece desdoblarse mediante una segunda persona que nos muestra al objeto lírico a partir de este y de la propia valoración del poeta.

De lo anterior hay varios ejemplos en Orgía de palabras. Cito:

Para Luis II, “El Rey loco” de Baviera

“Eterno incomprendido,

tus castillos penden de las nubes,

todavía inconclusos,

como tu propia vida,

truncada por la saña

de los destructores de sueños,

esos arquitectos del odio,

que hicieron de tu historia

la más terrible ópera de Wagner,

porque nunca podrán entender

que vivir plenamente

conlleva siempre

ciertas dosis de locura”.

Tomando en cuenta lo antes dicho no debe extrañarnos que en este poemario constatemos en una y otra de sus páginas la inocencia, ese candor de quien confiesa sin esperar nada a cambio, o quizás sería mejor decir: sin “temer” a nada a cambio.

Contradicción pareciera que a la par afirmemos que uno de los rasgos distintivos de Orgía de palabras sea la agresividad; esta, más en lo expuesto que en la manera de exponerlo. Es decir, aunque lo formal no viene a ser una lluvia de pétalos en la mayoría de los versos, el contenido resulta en muchos casos, diríamos, beligerante. Transgresor, protestante.

Por ejemplo: ¿Le corresponderá a esta ciudad donde ahora nos hallamos los siguientes versos: “Esta suerte de Babel hispana,/ llena de torres donde Jehová casi no habita,/ huye de la destrucción cada mañana/ por los laberintos de sus autopistas”.

Tremendo. Terrible. Cuánta sorpresa puede uno encontrar en esta especie de estallido; de esta llamada a la conciencia ante algo que, aun frente a nuestros ojos, no hemos sabido ver, o hemos mirado sin ver; o tal vez lo hemos visto —visto bien— pero solo el poeta logra sintetizar nuestra visión mediante cuatro versos, como es el caso.

Veo más en estos versos —amén de las consonantes candorosas, espontáneas, que aparecen en uno y otro poema del libro—: un ejemplo de lo que señalábamos antes: la transgresión, la subversión propia de toda o casi toda poesía de valer. ¿Acaso deberíamos resaltar “Babel hispana”, ¿por qué hispana? Creo que la gracia de la estrofa se halla justamente en la respuesta que encontremos para esta definición. Ahí se los dejo de tarea.

En cualquier diccionario Orgía se define como reunión, festín, banquete en donde se les da salida a unas y otras pasiones.

En esta Orgía de Baltasar Santiago Martín hallamos, también, derrames de pasiones, angustias, saudade, pero todo esto, además de con las características que habíamos citado antes, tamizado de manera tal que no asome el odio, el resquemor y sus adyacentes; y sí, en suma de “orgías”, el amor, la capacidad para perdonar… En fin, como avisa uno de los versos de este libro: “Un amor/ que el tiempo no derrota”.

Sobre el autor

Félix Luis Viera

Félix Luis Viera

Félix Luis Viera nació en Santa Clara en 1945. Ha publicado seis poemarios, tres libros de cuentos y cuatro novelas, más la noveleta “Inglaterra Hernández”. Su libro de cuentos “Las llamas en el cielo” es considerado por muchos un clásico del género en su país. En Cuba, recibió en dos ocasiones el Premio de la Crítica. Su novela “Un ciervo herido” —traducida al italiano en 2005— ha recibido una notable acogida de público y crítica. Su más reciente novela, “El corazón del rey”, incursiona en la década de 1960, cuando en Cuba se establecía la llamada revolución socialista. Su poemario “La patria es una naranja” fue merecedor en 2013, en Italia, de uno de los premios “Latina en Versos”. Comenzó su carrera literaria con el poemario “Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia”, Premio David de Poesía en 1976. Desde 1995 reside en la ciudad de México.

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