Neo Club Press Miami FL

Sobre un sueño contado a Baudelaire

 Lo último
  • Mi amiga Guillermina   Una idea fija también puede cambiar el destino de un fantasma. Pongamos el caso de mi amiga Guillermina. Ahora se le ha metido entre ceja y ceja que yo...
  • Primavera en París   No tiene que ser forzosamente un loco. Aunque lleva varias horas sentado en el parque de La Fraternidad, bajo el abrasante sol de julio. Más bien parece un hombre...
  • Sí, jefe   Al igual que yo, muchos de mis amigos odian a su jefe. Sin embargo, no creo que ninguno de ellos tenga un jefe como el mío. Trabajo hace 15...
  • Las deudas   Miró a su hermano menor con penetración, como miran los felinos, para decirle: —Te veo nervioso, suelta la botella que no va a pasar na. —Mira mi hermano, estoy...
  • ¿Genio o comemierda?   Después que Aristipo calificó como jugosa la muerte del comandante, la celebró con una caminata nocturna por el malecón, para disfrutar de tres cosas que no le había podido...

Sobre un sueño contado a Baudelaire

Armando Valdés Zamora

Sobre un sueño contado a Baudelaire
mayo 02
18:23 2016

 

Una tarde de verano, en el Jardín de las Tuileries, vi pasar un cortejo de soldados a caballo que conducían a un hombre a pie, encadenado, y vestido también con uniforme militar.

“Van a ejecutar e ese general”, se oía al pasar, como era mi caso, en medio de un multitud que, intimidada quizás por la procesión militar, prefería guardar silencio o murmurar entre sí.

Apenas llegada la comitiva al estante circular de donde provenían los graznidos de patos, el pelotón de soldados giró hacia la derecha al grito de una orden, y siguió rumbo al muro de la terraza que separa el jardín del Sena. Fue entonces que comenzó a oírse un canto fúnebre entonado por el propio general.

Sin embargo, en vez de seguir con la vista al cortejo, la atención de muchos de los curiosos se desvió en dirección a la Plaza Luis XIV, a un costado del Louvre, de donde se veía venir galopando la silueta de un caballo desbocado y sin jinete que cada vez se acercaba más a la muchedumbre.

Casi nadie recordaría haber visto el momento en que un soldado entregaba un fusil al general prisionero después de haberle liberado las manos. Acto seguido, y después de apuntar unos segundos hacia la sombra de la estatua de Luis XIV de donde venía el caballo, se oyó una detonación acompañada de unos relinchos que antecedieron la caída del animal, muerto, a escasos metros de la fuente de la que volaron espantados decenas de patos.

Una parte de la multitud, confundida, corría a refugiarse tras las alineadas ramas blancas de moreras, mientras que otra, estática, presenciaba con asombro la escena: el general levantando el fusil aún humeante saludaba a la concurrencia en señal de victoria.

El olor a pólvora pasó flotando entre los espectadores hacia el río, impulsado por una breve brisa que siguió a un momentáneo silencio.

—Como ordena la tradición —gritó el verdugo para que lo escucharan todos—, cuando un general es condenado a muerte y su caballo aparece en medio de la ejecución, y éste lo mata, el general salva su vida.

—Y entonces… —intentó preguntar el general al verdugo antes de ser decapitado de un certero golpe de hacha, y ver el público rodar su cabeza hasta a unos pasos de los ojos abiertos del caballo fusilado, y de mis zapatos salpicados de sangre.

Sobre el autor

Armando Valdés-Zamora

Armando Valdés-Zamora

Armando Valdés-Zamora (La Habana 1964). Doctor por la Universidad de la Sorbona y Profesor Titular de la Universidad Paris Este, donde es Director de un Master sobre América Latina. Ha publicado la novela “Las vacaciones de Hegel” (2000) y los poemarios “Libertad del silencio” (1996) e “Imaginarias de un velero sugerido” (2010). Es autor de numerosos artículos y ensayos sobre la literatura cubana publicados principalmente en Francia.

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Video destacado:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Orlando Fondevila

Permitidme

Orlando Fondevila

                Permitidme ser el poema del irrompible y tutelar secreto. Está en la estrella y no es la estrella. Está en la arboladura

0 comentario Leer más
  Denis Fortún

Fábula sumaria

Denis Fortún

                Una mujer que negocia brillos y artificios que se dice equilibrada que me sabe irresponsable melindrosamente redunda en titubeos conduce simulacros emigra

0 comentario Leer más
  Félix Rizo

Puertas

Félix Rizo

                Hay puertas que atropellan la noche otras que protestan por silencio y puertas que desgarran mil sonidos bajo las pesadillas de los

0 comentario Leer más

Festival Vista Miami