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Subdesarrollo Pérez y la doble moral de los cubanos

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Subdesarrollo Pérez y la doble moral de los cubanos

Armando López (izq.) y Aristide durante presentación del libro en el V Festival Vista de Miami

Subdesarrollo Pérez y la doble moral de los cubanos
diciembre 12
20:45 2016

 

Dicen que la primera caricatura cubana la dibujó Cirilo Villaverde, en 1848, para burlarse de los españoles, que ordeñaban la Isla: una vaca de leche y el relevo de sus ordeñadores. Cirilo estaba a buen recaudo en Nueva York, si no, no hubiera escrito Cecilia Valdés.

Con la república, nacerían personajes del humor gráfico: Liborio, el guajiro flaco con patillas peludas, sombrero de guano, tan ingenuo que su creador, Torriente, le consideró como el guanajo de siempre… El Bobo, de Abela, en cambio, era un gordito genial que se hacia pasar por bobo para criticar el régimen de Machado.

Crear un personaje humorístico es la ambición de todo caricaturista. De todo actor cómico. Pero todo humor es irreverente, crítico, peligroso.

A medidados de los años 60, Pototo y Filomeno y Mimi Cal –con suTremenda Corte—, Álvarez Guedez, Garrido y Piñero, Tito Hernández, Armando Roblán, Luis Echegoyen, Cachucha, Lita Romano, Mini Bujones, Lilia Lazo… Los mejores actores cómicos de Cuba había tenido que escapar de la Isla.

Fidel no tenía sentido del humor. Clausuró el teatro bufo. Le aterraba la sátira. Nunca permitió que lo caricaturizaran, ni a él ni a ningún comandante de la revolución.

Arístide creo a Subdesarrollo Pérez en 1968, en plena Ofensiva Revolucionaria. El Estado nacionalizó hasta los puestos de fritas. En la calle no habia ni donde amarrar la chiva. Subdesarrollo Pérez, cubanazo en camiseta, botas de miliciano, medallón al cuello, lager en la mano, vino a burlarse de la doble moral del cubano, del que aplaudía en la Plaza y despotricaba contra los abusos en su casa.

Para entender a Subdesarrollo bastaría a muchos cubanos con mirarnos al espejo. Pero no… estamos de Festival, hablemos de Arístide:

Arístides Pumariega Montes (que así se llama) nació en Madruga, pueblo musical y politiquero, en el hotel de su abuela, un caserón con un balcón desde donde veía llegar a los circos y a los políticos, y escuchaba los danzones que salían del Liceo. Imágenes de un mismo folklore que conformarían su universo.

Su madre era una católica que no iba a misa; su padre, masón; su nana, una negra que pedía a sus orishas por el niño blanco. De bombachos dibujaba historietas, aunque soñaba con ser músico, escritor, no sabía qué. Sólo quería que lo aplaudieran.

Con la moda de Pérez Prado formó Los Jóvenes del Mambo (un clarinete amarrado con alambre, un bajo con comején, un cantante gago), y supo que sería bongosero.

A sus diez años, lo encontramos en La Habana, en el barrio de Santo Suárez, en el colegio Maristas, en misa de domingo, arrodillado, las manos juntas pero sin rezar…

Cuando terminó el bachillerato, entró en la Escuela de Periodismo. Con Batista Cuba era un polvorín. Pero al joven Pumariega no le interesaba la revolución.

Había visto a Fidel llegar en su Chevrolet café con leche al caserón de Madruga. Lo había visto estrechar manos, politiquear como aspirante a representante por la ortodoxia. Para Arístide, los políticos eran como las rumberas del circo, folklore desde el balcón, y él no se iba a morir por quien no creía.

Cuando en la huelga de 1958 cerraron la Escuela de Periodismo, se encogió de hombros, agarró el bongó y se unió al combo de Senén Suárez.

Apenas dormía, una cerveza para la cruda, Glostora para el pelo lacio, con 21 años se vestía a la medida, disfrutaba cada noche habanera como si fuera la última. Era músico, noctámbulo, farandulero… Oh, La Habana de entonces… ¡Era mucha Habana!

Pero Batista huyó y (milagro inventado) Fidel se apareció con la paloma al hombro, y Arístide juntó las manos, pero sin aplaudirlo (como hacía en misa). Y volvió a la Escuela de Periodismo, justo cuando a los estudiantes de quinto año les entregaban el diario Alerta. Oportuno, dibujó un cocodrilo que se comía a los enemigos. ¡Nacía el caricaturista Arístide! (los cubanos no pronuncian la “s”).

Nunca había recibido clases de dibujo, pero lo nombraron caricaturista de Combate, el diario del Directorio Revolucionario. Era 1959, la revolución parecía “verde como las palmas”. Pero llegaron los CDR, cerraron los casinos, prohibieron la Navidad, recogieron vitrolas, putas y maricones, La Habana se fue apagando y el bongosero tuvo miedo, mientras su otro yo, el caricaturista, dibujaba una manzana de la que salía un gusanito.

Pero cerraron Combate. Todas las publicaciones quedaron bajo la orientación del COR (Comisión de Orientación Revolucionaria) y al caricaturista lo mandaron para un semanario que se llamaría Palante y Palante (1961), con René de la Nuez. El lobo tendría que vestir la capa roja de Caperucita.

Los inquisidores no le quitaban el ojo de encima, su personaje el Popiao, una sátira del Pop Art que publicaba en la revista Bohemia, les pareció extranjerizante. Más tarde, La Bobocracia (una crítica a la burocracia) también fue eliminada. ¿La causa? Comenzaron a reproducirla en el Pravda de Moscú, y ya estaba en marcha la Microfracción. Por roja que vistiera Caperucita, sospecharían del lobo.

Cuando a De la Nuez le dieron la dirección de Palante, y lo nombró su director artístico, se sintió seguro, creó Subdesarrollo Pérez, el personaje más auténtico, satírico, provocador de la revolución cubana.

¿Por qué Subdesarrollo Pérez?

“Buscaba un personaje que representara la doble moral de los cubanos –responde Arístide–. Y lo encontré en Santa Clara, en un tío mío. En la calle aplaudía a la revolución y en la casa hablaba horrores de Fidel y su pandilla”.

¿Tienes los mismos defectos del personaje?

Los mismos defectos y virtudes, y no sólo yo, la mayoría de los cubanos los tienen, aunque no lo reconozcan. Subdesarrollo ve a un negro con una blanca, y dice: “gracias a la revolución terminamos con la discriminación”, y cuando llega a su casa se encuentra a su hija jugando con un negrito, y le advierte: “cuando te vuelva a ver jugando con el negrito, te mato”. Denunciaba que había discriminación y la practicaba, ¿a quién se te parece?

¿Por qué mataste a Subdesarrollo Pérez?

No lo maté. Lo matarón. Cuando la zafra de “los 10 millones no fueron, el Comandante ligó la frasecita “Convertiremos el revés en victoria”… Y Subdesarrollo (jodedor como yo) convocó en la portada de Palante: “A bailar con Revé en Victoria de las Tunas” . Me tronaron. Pasé ocho años trabajando de madrugada en una imprenta.

¿Resucitaste en Opina?

Pero sin meterme con nadie. Lázaro no quería morirse de nuevo.

¿Justifica la obra del artista su conducta?

La obra de un artista no valida su conducta. ¿Pero hubiéramos conocido la obra de Francisco Goya sin Carlos III? Y aun así lo agarró la Inquisición. Pocos artistas tienen madera de héroe o mártir. Y yo soy un bongosero que dibuja caricaturas.

Presentación del libro ‘Subdesarrollo Pérez en La Tremenda Corte’, con caricaturas de Arístide y prólogo de Rebeca Ulloa, durante el V Festival Vista, en Miami, el 7 de diciembre de 2016

Sobre el autor

Armando López

Armando López

Escritor, periodista y productor de espectáculos donde ha mezclado actores, pintores y bailarines con las músicas culta y popular. Fue editor de cultura de la revista Opina, cerrada por el gobierno cubano en 1990, y guionista fundador del “Premio Girasol” a los artistas más populares de Cuba. En la televisión cubana escribió durante varios años el estelar del sábado Juntos a las 9.00 y el noticiero cultural Televista. Sus artículos, crónicas y entrevistas han sido publicados en varios países y ha impartido conferencias sobre música popular cubana en el Instituto Cervantes y Columbia University de New York, en University of Southern California (USC), Miami Dade College y la Fundación Hispano-Cubana de Madrid.

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