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Surrealismo y revolución en Cuba

Surrealismo y revolución en Cuba

mayo 02
16:18 2011

1-colaComparto con el post ¿Qué es la revolución cubana? ese fondo oscuro de dudas y de perplejidad sobre la denominada “revolución”. Se pone de manifiesto con cada vez más agudeza el escepticismo sobre la veracidad y la realidad de ese acontecimiento del año 1959.

El suelo ya no está tan firme como lo estaba, ya empiezan a moverse los subsuelos. Los terrenos de aquel acontecimiento, antes tan sólidos y seguros, tiemblan. Esto, en sí, es ya de una enorme importancia. Las grandes sacudidas telúricas comienzan antes por pequeños movimientos en la superficie.

La “revolución cubana” es una mentira. Esta afirmación es la grieta que producirá algún día la caída en el vuelco de todas esas falsas certidumbres. Y no porque lo diga yo, sino porque el paisaje histórico, intelectual, mental, el mundo exterior cubano y sobre todo el interior, están entrando en la realidad. Ese sustrato de irrealidad, de imaginación, de fantasías, ensueños e ilusiones, ya se va desvaneciendo: ya estamos entrando en la realidad. Los cubanos están saliendo de la tiniebla alucinante revolucionario-castrista.

Hago, y se debiera hacer, una diferencia abismal entre la revolución y la castro-revolución; entre la revolución y el golpe de Estado castrista; entre la revolución y la falsificación revolucionaria; entre la revolución y el revolucionarismo marxista-leninista, etcétera.

Pienso que Velázquez Callejas ha dado perfectamente en el clavo cuando cita a Bretón y alude al surrealismo a propósito de esta “revolución cubana”. Pero el surrealismo no es irrealidad ni hiperrealismo. Si el surrealismo se interesó tanto por el sueño no fue porque el sueño sea, según se cree vulgarmente, la negación de la realidad, sino porque es la “realización de un deseo”, según los propios términos de Freud. Esto significa que el surrealismo no es una evasión de la realidad, un refugio en la imaginación o un destierro en las nubes de la fantasía. Todo lo contrario. El surrealismo es la realidad aumentada; es subir más allá de la realidad, pero a partir de la realidad misma.

La metáfora es un más allá, pero se trata de volver con lo recogido del más allá para cambiar la vida, no para contemplar absortos lo recogido. Lo recuperado es utilizado aquí y ahora para cambiar la vida, de lo contrario el poema o el cuadro son puro esoterismo o divagación sin consecuencias, un pobre entretenimiento. El surrealismo extrae de la realidad, ya que “la surrealidad está contenida en la realidad misma”, y utiliza objetiva y concretamente eso surreal para cambiar la vida aquí abajo. Cambiar la vida. Y cambiar la vida es siempre lo que reclaman los auténticos revolucionarios, lo que hoy reclaman las multitudes arabo-musulmanas y ayer reclamaban otras, y mañana reclamarán nuevas multitudes. Cambiar la vida, es esto lo revolucionario, y esta revolución surrealista sólo puede desarrollarse dentro de una absoluta libertad.

Lo inverso de la revolución surrealista es el realismo socialista, impuesto por un sistema policiaco. La escritura cubana está ahogada en el realismo socialista, y muy poca se desarrolla dentro de ese “real maravilloso” bretoniano.

Lo que el dictador llamó “revolución” es una mentira. Así de simple y vulgar. Es aquí entonces donde estoy en desacuerdo con Callejas. Su alusión para meter a la isla y a la denominada (por Castro) “revolución cubana” en el mismo saco surrealista, me parece descompasado, desacertado. Me parece, a la vista de lo que significa el surrealismo, un contrasentido.

La isla no es surrealista, la isla es una realidad castrista. Es decir, un mundo exterior en ruinas, mísero, encarcelado, esclavizado. Un mundo exterior absurdo, insensato, demente. Un mundo castrista de miedo, terror y vigilancia constantes. Es todo lo inverso de lo “real maravilloso”, de la surrealidad que recogían Bretón y los surrealistas.

Por eso la “revolución cubana”, esa mentira impuesta por los hermanos Castro para acaparar el poder y fabricar una dictadura, no puede en absoluto compararse con el pensamiento surrealista. Cuando Callejas escribe que la isla es surrealista, sólo está indicando que es delirante, aberrante, aterradora, demencial, absurda. Pero el surrealismo es exactamente todo lo opuesto.

El vocablo “revolución” es un abuso del lenguaje de Castro, una mentira retórica, una falsificación de los hechos. La mentira castrista apodada “revolución cubana” no es una metáfora surrealista, una imagen romántico-emotiva o un mito fantaseado. La “revolución cubana” es una mentira del castrismo, bien real y aterradora. Hay que romper esa falsa imagen inventada por el castrismo. La “revolución cubana”, insisto, es un golpe de Estado vulgar y corriente, por mucho que le cueste al nacionalismo cubano y al narcisismo cubano asumirlo.

La “revolución cubana” es una invención castrista. Esto queda por pensar, sin tapujos surrealistas y demás romanticismos patrióticos y teleológicos. No hay, en definitiva, excepción cubana. La “teleología insular”, esa excepción imaginaria en su sentido estético, terminó ahogada en el fango de la realidad histórica.

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