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To Bit or not to Bit

To Bit or not to Bit

To Bit or not to Bit
septiembre 29
07:10 2013

En aquel siglo cibernético , el que no tuviera una identidad electrónica en alguno de los medios llamados sociales simplemente no existía. Los cientos de miles de computadores especializados y conocidos como servidores tenían sus discos duros llenos de información ociosa, fotos, vídeos, y frases banales, así como árboles genealógicos completos y un sin fin de detalles anodinos sobre familias enteras que podían ser colectados tanto por secuestradores como por agencias de mercadeo o por el propio gobierno. En la bolsa se cotizaban con cierto éxito las acciones de una empresa que realmente no producía nada, sino basura en forma de bits y bytes y cuyos accionistas se enriquecían cada vez que alguien hacía clic en una pantalla.

“La codicia es el lastre de la humanidad, la que siempre rompe el saco y quiebra las esperanzas”. José Luis Borja

Repentinamente nos llegaban invitaciones de desconocidos para que nos conectáramos  a sus redes y engrosáramos  las filas de sus amigos y conocidos. Lo que antiguamente se  llamaba amistad correspondía ahora a un concepto totalmente diferente ya que cualquier presencia binaria de una persona en la página personal de otra convertía a estas dos personas en amigas, aunque nunca hubiesen cruzado dos palabras y ni siquiera se conocieran de vista. Los llamados seguidores, entes digitales elusivos y furtivos, llenaban de orgullo a los que creían en el sistema y se jactaban de ser populares en los medios sociales. Las redes iban creciendo y las acciones subiendo para el beneplácito de los fundadores de la compañía, que también eran sus mayores accionistas y, en el papel, tenían fortunas valoradas en millones de dólares.

Un día, sin embargo, las cosas se les fueron de las manos. Los programas,  sigilosamente escritos parar crear más conexiones entre los afiliados enviando invitaciones a diestra y siniestra, tomaron vida propia, tal vez de la mano de algún programador codicioso, y obviaron la aprobación de los usuarios humanos para crear tales conexiones.  Además, sintetizando las informaciones de los perfiles ya recabados, otros programas comenzaron a crear nuevos usuarios, totalmente virtuales, con sus gustos, sus familias y sus álbumes de fotos. Pronto, estos nuevos usuarios fueron contactados por otros usuarios virtuales para formar nuevas conexiones y a su vez le enviaron invitaciones a todos los usuarios ya existentes. Las redes fueron creciendo de manera exponencial. Las acciones de la compañía subieron aceleradamente, rompiendo todos los récords anteriores; poseer algunas era lo máximo en este nuevo universo cibernético. Ya las fortunas se cifraban en números telefónicos con código de país y de área incluidos.

La codicia es el lastre de la humanidad, la que siempre rompe el saco y quiebra las esperanzas. Hubiéramos debido sospechar que una fortuna súbita muy a menudo esconde un oscuro proceder, que por cada invitación que recibíamos, sin saberlo, una invitación nuestra era enviada, con el fin de que cada uno de los destinatarios se sintiera bien. Ignorábamos que muchos usuarios eran virtuales y compartirían nuestros gustos sin ninguna objeción y que con cada clic contribuíamos a la felicidad y la riqueza de los accionistas de la compañía.

Un día, debido al crecimiento incontrolado de las redes y a la astronómica cantidad de invitaciones intercambiadas, el sistema colapsó y nos quedamos sin internet. Para muchos, fue como regresar a la edad de piedra. Las fortunas de papel se esfumaron, los amigos cibernéticos se evaporaron y los discos duros de los servidores fueron formateados para darles mejor uso. En cuanto a mí, seguí usando lápiz y papel, y sin identidad electrónica, esperando que algún día algún amigo de carne y hueso tocara a mi puerta.

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Sobre el autor

José Luis Borja

José Luis Borja

José Luis Borja nació en Francia de padres españoles refugiados de la guerra civil. Estudió ingeniería electrónica en Toulouse. Por el texto “Dulce Venecia” recibió el Segundo Premio del IIº Certamen Internacional de Cuentos “Jorge Luis Borges-2008”, de la revista SESAM (Buenos Aires, Argentina). Suya es la novela histórica “Aroma de caña fresca”. Reside en Miami.

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